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Un nuevo cumpleaños

"Voy a volver a vivir": Mariví, de Plasencia, ya tiene fecha para un trasplante de médula

María Victoria Gómez Lacalle ingresará este miércoles en Salamanca para preparar la intervención, programada para el 27 de mayo, tras encontrar un donante 100% compatible, que le ayudará a acabar con su leucemia

Mariví, de Plasencia, ya tiene fecha para un trasplante de médula.

Mariví, de Plasencia, ya tiene fecha para un trasplante de médula. / CEDIDA

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Raquel Rodríguez Muñoz

Raquel Rodríguez Muñoz

Plasencia

María Victoria Gómez Lacalle, o mejor Mariví o Vicky, como la conoce casi todo el mundo en Plasencia, donde nació, y Alagón del río, donde vive, cumple este miércoles 48 años. Nunca hasta ahora un cumpleaños ha sido tan especial y es que este mismo día ingresará en Salamanca para iniciar lo que ella misma define como el camino "para empezar a acabar con esta pesadilla", una leucemia mieloide aguda que le diagnosticaron el pasado febrero.

Vicky dice que este miércoles será su "viejo cumpleaños" porque el nuevo llegará en una semana, el 27 de mayo, fecha en la que recibirá el trasplante de médula que le permitirá "volver a vivir". La compatibilidad ya está confirmada al 100% y ahora empieza el camino para curarse.

Un cansancio que no era normal

Echando la vista atrás, a las puertas de este nuevo e importante ingreso hospitalario, Mariví señala que ella sabía lo que era sentirse cansada porque siempre había tenido anemia y conocía esa sensación de falta de fuerzas que mejora al descansar. Pero en febrero notó algo distinto. Era un agotamiento más profundo, "me costaba levantarme de la cama", afirma. Por eso, y además, con los conocimientos de quien es enfermera de profesión, acudió al médico y pidió una analítica.

La prueba se la hicieron el 11 de febrero y, unas horas más tarde, a mediodía la llamaron por teléfono para repetirla porque "todos los valores estaban alterados". Después, le dijeron que la hematóloga quería hablar con ella y "ahí ya supe que algo malo pasaba", señala. Le adelantaron que podía tratarse de una leucemia, aunque necesitaban más pruebas para confirmarlo.

Mariví, en una imagen con compañeros enfermeros.

Mariví, en una imagen con compañeros enfermeros. / CEDIDA

Antes de irse, hablar con sus hijas

El hospital de referencia estaba en Salamanca, pero aquel día Mariví pidió volver primero a casa. Tenía que hablar con sus dos hijas, de 10 años. Quería explicarles que tendría que marcharse, que estaría un tiempo fuera y les dijo que era por la anemia, para no preocuparlas.

Al día siguiente, el 12 de febrero, ingresó en Salamanca. Allí permaneció "un mes y un día, como dicen mis hijas", con un tratamiento de quimioterapia duro, con sesiones varias veces por semana. Como enfermera, entendía mejor que otras personas lo que estaba ocurriendo, aunque reconoce que eso no siempre ayuda. "A veces es peor saber, porque siendo del gremio sabes lo que viene después".

Un mes ingresada y muchas revisiones

El 13 de marzo recibió el alta, pero no volvió a una vida normal. Tenía que acudir a revisiones varias veces por semana, según estuvieran sus defensas. Algunos días, podía salir a caminar con mascarilla FFP2, evitando lugares con mucha gente, "como después del covid". Otros, cuando las defensas estaban muy bajas, no podía salir de casa.

Además, cada 20 o 25 días recibía quimioterapia de mantenimiento y, mientras, esperaba un donante. En cada revisión, iba con la misma esperanza: "Que me dijeran que había aparecido una persona compatible". Sabía que no era fácil. Por eso insiste en la importancia de hacerse donante de médula.

La llamada que lo cambió todo

La noticia llegó la semana pasada. Le dijeron que había un donante. Lo primero que pensó fue: "Dios mío, menos mal, vamos a empezar a acabar con esta pesadilla". Hasta ese momento, explica, los tratamientos habían servido para frenar la enfermedad, pero el trasplante abre otra fase: la posibilidad de "intentar curarme".

No obstante, quedaban todavía pruebas por delante. Había que confirmar la compatibilidad y descartar infecciones o virus respiratorios tanto en ella como en su acompañante, que será su pareja, su marido a todos los efectos y padre de sus hijas. Este lunes, ha estado de nuevo en Salamanca y la hematóloga le ha confirmado que todo está correcto. Destaca además que la médula del donante es 100% compatible.

Mariví, con amigas que la han apoyado desde el primer momento.

Mariví, con amigas que la han apoyado desde el primer momento. / CEDIDA

El trasplante del 27 de mayo

Mariví ingresará este miércoles para prepararse antes del trasplante. Primero, recibirá una quimioterapia de acondicionamiento, necesaria para dejar su médula preparada antes de recibir las células del donante. La intervención está programada para el 27 de mayo.

Según explica ella misma, el proceso consiste en que, una vez eliminadas con la quimioterapia sus células cancerígenas, las sanas del donante se injertan en su médula para que esta empiece a producir células, que empezarán a generar glóbulos rojos, blancos y plaquetas sanas.

Una vez terminada la operación, Mariví tendrá que permanecer entre 30 y 40 días ingresada y aislada -la acompañará su pareja- para comprobar cómo responde su cuerpo al trasplante y controlar un posible rechazo con la medicación adecuada.

Un cumpleaños y dos vidas

Mariví confiesa que, ante el próximo trasplante, tiene "sentimientos encontrados". Afirma que está muy nerviosa porque, "si todo va bien, espero a acabar con la leucemia", pero también tiene muy presente que tendrá que separarse de nuevo de sus hijas.

Ya lo vivió durante el primer ingreso y ahora tendrá que hacerlo otra vez. Ellas se quedarán con sus abuelos paternos en Alagón del río y seguirán en contacto por videollamadas, como ya hicieron en la anterior ocasión. Mariví destaca que está muy unida a sus hijas y esas llamadas y ese contar "un día más para eliminar la enfermedad", serán las que harán el proceso más llevadero.

De Plasencia a Alagón del Río

Aunque Mariví es de Plasencia y sus padres siguen viviendo en la ciudad, pero ella y su pareja residen con sus hijas en Alagón del Río, el pueblo de origen de su padre. Allí se fue durante la pandemia porque trabajaba en el hospital de Navalmoral y no quería arriesgarse a contagiar a nadie, pero destaca que sus hijas se han adaptado tan bien que "ya no quieren volver a Plasencia, ya veremos cuando empiecen el instituto".

Fue en el pueblo donde, en abril, amigas y vecinos organizaron un festival para dar visibilidad a la donación de médula a través de la asociación ADMO.

Acto en Alagón del río para dar visibilidad a la donación de médula.

Acto en Alagón del río para dar visibilidad a la donación de médula. / CEDIDA

Ese apoyo ha sido una forma de acompañarla en una enfermedad que, subraya, todavía se conoce poco. Mariví hace hincapié en que la leucemia es "uno de los cánceres más importantes que hay y más agresivos porque al estar en la sangre, puede afectar a todos los órganos". En su caso, se considera afortunada porque no tiene ninguno dañado.

Hacerse donante no es "quitar un hueso"

Por eso, en lo que insiste es en la importancia de hacerse donante de médula y advierte de que no es lo que mucha gente imagina. "No hay que quitar un hueso, como me han llegado a preguntar", sino algo "mucho más sencillo", afirma. Explica que el primer paso es registrarse en ADMO (Asociación para la Donación de Médula Ósea y Sangre de Cordón Umbilical). Después, llaman a la persona interesada para hacerse una analítica en el hospital más cercano.

A partir de ahí, el donante entra en una red nacional e internacional y, si algún día aparece compatibilidad con un paciente, "se repite la analítica y se hace un chequeo". Subraya que, en la mayoría de los casos, la donación se realiza mediante un procedimiento parecido a donar sangre, "con un pinchazo en el brazo y sin dolor y, en dos horas, estás en tu casa". Si fuera necesaria otra técnica, explica que se hace con anestesia local, con lo que "tampoco es doloroso".

Una carta para dar las gracias

Tan importante es ese simple gesto que, si no hubiera donantes, Mariví tendría que pasar el resto de su vida sometiéndose a tratamientos de quimioterapia dos veces al vez, a la espera de que llegara una cura. Hoy por hoy, en casos como el suyo, "sin donantes no hay curación".

Ella no sabe quién es su donante. No debe saberlo. Pero sí le han ofrecido la posibilidad de escribirle una carta, y eso es lo que está haciendo. Confiesa que, si pudiera tener a esa persona delante, "le daría dos besos, la abrazaría y le daría millones de gracias. Sería ya parte de mi familia para siempre".

Ese agradecimiento se lo transmitirá por carta, mientras espera la llegada de un nuevo día que le acerque más a la curación y a recuperar su vida. Este miércoles, con su ingreso, empieza la cuenta atrás para poder hacerlo.

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