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Ocio y entretenimiento

¿Por qué seguimos yendo al cine en Plasencia?

El histórico cine placentino, fundado en 1997 en la mítica calle de la Cañada Real tras su traslado del teatro Alkázar, resiste al auge de Netflix, Prime Video y otras plataformas gracias a la experiencia colectiva, los nuevos estrenos y a un público que sigue llenando sus salas y apostando por esta clase de entretenimiento.

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Plasencia

Al llegar a la entrada de las instalaciones, se puede observar su mítico letrero azul neón. “Multicines Alkázar” es el nombre que lo ilumina y que ya deja entrever algunos resquicios de la edad del edificio.

No es un cine nuevo, ni mucho menos nació al calor de los centros comerciales en los que hoy se concentran buena parte de estos edificios. Se inauguró en 1997, y para muchos placentinos, cruzar sus puertas suponía un entretenimiento habitual: elegir película, pasar por taquilla, comprar unas palomitas y esperar, con cierta expectación, a que las luces se apagasen para ver esa película que llevabas tanto tiempo esperando.

Pero los tiempos cambian, y con ello la forma de ver cine. Lo que durante años exigía salir de casa, consultar los horarios y desplazarse hasta una sala, ahora puede hacerse con unos pocos clics. Netflix, Prime Video, Disney+ o Max han convertido el sofá en una alternativa cada vez más accesible, sin horarios, desplazamientos ni esperas. Una película que antes solo podía disfrutarse frente a una gran pantalla termina llegando, tarde o temprano, al salón de casa.

El cine ya no compite solo

Ahora, el desafío no consiste únicamente en conseguir más o menos espectadores durante sus primeras semanas, sino que la competencia se ha trasladado a los propios hogares. Es el espectador quien decide si pagar una entrada y desplazarse hasta el centro de Plasencia, hacer de ello un momento más personal, o esperar unas semanas para ver esa misma película desde casa, con la posibilidad de pausarla, elegir el horario y compartirla con quien quiera.

Precisamente eso es lo que ofrece el cine y que no puede ninguna de las plataformas anteriormente mencionadas: la experiencia colectiva. El sonido que envuelve la sala, una pantalla que ocupa todo el campo de visión, el silencio compartido cuando comienza una película o la reacción de decenas de personas ante una misma escena. También está todo lo que ocurre antes y después: quedar con amigos, acudir en pareja, llevar a los niños, comprar palomitas o simplemente convertir dos horas de una tarde cualquiera en un plan distinto.

Un público que sigue apostando por la gran pantalla

Y, al menos de momento, esa experiencia sigue teniendo público. Javier Muñoz, encargado de los Multicines Alkázar, asegura que durante este verano están “bastante contentos” con la afluencia de espectadores. De hecho, ha señalado que solo el día anterior habían acudido “casi 900 personas” y que en otra de las jornadas recientes “la cola daba la vuelta al cine”. Aunque reconoce que existen épocas más fuertes, como el verano o la Navidad, y otras más flojas, destaca que el establecimiento cuenta con clientes asiduos que “siempre van a apostar por esta alternativa”.

Para Muñoz, parte de esa resistencia frente al auge de las plataformas se explica por todo lo que ofrece una sala y que resulta difícil reproducir desde el salón de casa: “Todo aquí se vive diferente, las imágenes y el sonido”, ha indicado. A ello se suma, además, la llegada de espectadores procedentes de los pueblos de la comarca, atraídos por la posibilidad de ver en Plasencia los últimos estrenos al mismo tiempo que en grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Veintinueve años después de su inauguración, el mítico letrero azul de los Multicines Alkázar sigue iluminándose y las luces de sus salas continúan apagándose. La forma de consumir cine ha cambiado, pero todavía hay quienes prefieren vivirlo fuera de casa.

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