CUIDAMOS TU SALUD
El impacto del estrés y la ansiedad en el corazón: riesgos que no debes ignorar
El estrés es una respuesta ante una situación externa percibida como desafiante, mientras que la ansiedad es una reacción emocional más interna

¿Cómo afectan el estrés y la ansiedad a tu corazón? Esto dice la ciencia
El estrés es una respuesta fisiológica y psicológica del organismo ante situaciones que se perciben como amenazantes o desafiantes. Médicamente, tal como expresa la psicóloga Irene Larrousse Tintoré, “es la consecuencia de un estado de activación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA), que provoca la liberación de cortisol y otras hormonas del estrés”. La especialista señala que “es una respuesta adaptativa en situaciones puntuales, pero cuando se prolonga en el tiempo o es excesiva, puede tener efectos negativos sobre la salud física y mental”.
El estrés se manifiesta a través de una combinación de síntomas:
- Físicos, como dolor de cabeza, tensión muscular, fatiga o insomnio.
- Emocionales, como ansiedad, irritabilidad o tristeza.
- Cognitivos, con dificultad para concentrarse, pensamientos repetitivos o negativos
- Conductuales, que pueden mostrarse con aislamiento social y cambios en el apetito, entre otros.
A diferencia de otros trastornos psicológicos, expone la psicóloga, “el estrés suele tener un vínculo claro y directo con factores externos percibidos como amenazantes o desbordantes”. Su carácter transitorio en muchos casos, y la mejora, al desaparecer el factor estresante, lo distinguen. Sin embargo -precisa Larrousse- “cuando se vuelve crónico o sus efectos son intensos y persistentes, puede confundirse o incluso derivar en otros cuadros clínicos, como la ansiedad generalizada o la depresión, por lo que es importante evaluarlo adecuadamente”.
El estrés puede ser considerado tanto un síntoma como una entidad clínica autónoma, dependiendo del contexto y su duración. Como síntoma, aparece en múltiples trastornos mentales reconocidos en el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno depresivo mayor y el trastorno de pánico, por citar algunos.
Sin embargo, el estrés también existe como una entidad autónoma, con categorías diagnósticas propias en el DSM-5, tales como el trastorno por estrés agudo y el trastorno por estrés postraumático (TEPT). Estos diagnósticos reconocen que el estrés puede provocar una alteración significativa en el funcionamiento psicológico y fisiológico de una persona, incluso sin cumplir criterios de otros trastornos.
Alerta
El estrés debe ser comunicado a un profesional de la salud cuando sobrepasa los límites adaptativos del organismo. Esto ocurre -explica Irene Larrousse- “cuando se mantiene durante más de dos semanas, con síntomas persistentes que no disminuyen incluso después de haber cesado el estímulo estresante, y está interfiriendo significativamente en la vida diaria”.
Otros criterios incluyen la afectación del sueño, cambios en el apetito, dificultades para concentrarse, presencia de síntomas físicos sin causa aparente, aislamiento social o deterioro en el rendimiento laboral o académico. En estos casos, el tratamiento puede incluir psicoterapia, técnicas de manejo del estrés y, si es necesario, intervención farmacológica.
Diferencia entre estrés y ansiedad
El estrés es una respuesta ante una situación externa percibida como desafiante, mientras que la ansiedad es una reacción emocional más interna, que puede presentarse sin un estímulo claro. La ansiedad se define como una sensación de miedo o preocupación excesiva y persistente, acompañada de síntomas físicos como taquicardia, tensión muscular y dificultad para respirar. La ansiedad puede ser una respuesta al estrés, pero también puede existir como trastorno independiente.
Ambas afectaciones no siempre se presentan juntas. El estrés puede estar presente sin que haya ansiedad clínica, y viceversa. Sin embargo, es frecuente que el estrés crónico derive en ansiedad. La relación es bidireccional y pueden retroalimentarse, pero son fenómenos distintos.
Tanto el estrés como la ansiedad pueden presentarse en cualquier etapa de la vida. En la infancia, pueden estar vinculados al entorno escolar o familiar. En la adolescencia, se relacionan con los cambios hormonales, la presión académica y la búsqueda de identidad. En la edad adulta, los factores estresantes suelen estar ligados al trabajo, las relaciones personales y la economía. En la vejez, aparecen vinculados a la pérdida de seres queridos, enfermedades crónicas o soledad. Cada etapa tiene sus propios estresores característicos.
Tratamiento
El tratamiento del estrés y la ansiedad pueden estar a cargo de varios profesionales de la salud. Los psicólogos clínicos son los encargados del diagnóstico y la realización de terapias psicológicas. Los psiquiatras, por su parte, pueden intervenir en los casos en que se requiera tratamiento farmacológico o coexista con alguna enfermedad psiquiátrica. Además, los médicos de atención primaria pueden realizar una primera evaluación y derivar a los especialistas adecuados si es preciso. En ciertos contextos, también pueden intervenir terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales, especialmente cuando los factores estresantes están relacionados con el entorno laboral o social.
Cuando el estrés y la ansiedad no se tratan adecuadamente, pueden cronificarse y evolucionar hacia trastornos más graves como la depresión mayor, el trastorno de pánico o las fobias. Además, pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos y problemas inmunológicos. También deterioran la calidad de vida, interfieren en el funcionamiento cotidiano y pueden inducir a conductas de riesgo como el abuso de sustancias, el aislamiento social o incluso el suicidio.
Impacto en el corazón
Existen pruebas tanto psicológicas como médicas para diagnosticar el impacto del estrés y la ansiedad en el corazón. El Dr. Eduardo Larrousse Morellón, jefe de Cardiología de Clínica Corachan, detalla que, “a nivel médico, una historia clínica exhaustiva es la principal herramienta para el diagnóstico. A nivel psicológico, se pueden utilizar cuestionarios estandarizados como el DASS-21 (Depression Anxiety Stress Scales) y el STAI (State-Trait Anxiety Inventory), entre otros, que permiten evaluar los niveles de estrés y ansiedad. El especialista en cardiología añade que el efecto del estrés y la ansiedad “también se pueden medir en un análisis el cortisol para medir la activación del eje del estrés y estudios de la variabilidad de la frecuencia cardíaca que pueden indicar un desequilibrio entre el sistema simpático (el del estrés) y el parasimpático”.
De hecho, tal como puntualiza el Dr. Larrousse, “el estrés crónico tiene efectos significativos en el cerebro. Estructuralmente, reduce el volumen del hipocampo, una región clave para la memoria y el aprendizaje. También hiperactiva la amígdala, encargada del procesamiento emocional, lo que aumenta la reactividad ante estímulos amenazantes. Además, disminuye la actividad de la corteza prefrontal, relacionada con la toma de decisiones y el control emocional”. A nivel neuroquímico, el estrés eleva los niveles de cortisol, y provoca disfunciones en la producción y regulación de dopamina y serotonina, neurotransmisores fundamentales para el estado de ánimo, la motivación y el placer. Estas alteraciones explican síntomas como la fatiga mental, la irritabilidad, la tristeza persistente y la dificultad para concentrarse.
Desde la perspectiva psicológica y humanista, apunta la psicóloga Irene Larrousse, “el estrés y la ansiedad constituyen formas de sufrimiento psíquico que afectan profundamente la calidad de vida. Este sufrimiento no solo se manifiesta a nivel mental, sino también físico, y puede interferir en las relaciones, el trabajo y el bienestar en general”. Y añade que, “en muchos casos, quienes lo padecen sienten una carga emocional intensa, incapacidad para disfrutar y una constante sensación de amenaza o malestar”.
Prevalencia
La prevalencia de los trastornos relacionados con el estrés y la ansiedad es alta y está bien documentada. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de ansiedad afectan a más del 3,6% de la población mundial, siendo uno de los trastornos mentales más comunes. En Europa, más del 40% de los trabajadores manifiestan síntomas relacionados con el estrés laboral. Los datos muestran un aumento sostenido en las últimas décadas, en parte debido al ritmo de vida moderno y a la presión social y laboral.
Reducir estrés y ansiedad
Tanto el estrés como la ansiedad pueden tratarse con éxito mediante enfoques respaldados científicamente. “La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la más estudiada y efectiva, pero también existen otras opciones eficaces como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la terapia basada en mindfulness y el EMDR, especialmente útil en traumas”, expone la especialista en psicología.
Además -añade-, “enfoques como la psicoterapia psicodinámica breve, útil para explorar conflictos emocionales subyacentes, o la terapia interpersonal, centrada en mejorar las relaciones y el apoyo social, también han mostrado buenos resultados en ciertos casos”.
Técnicas complementarias como el ejercicio físico, la meditación, una buena higiene del sueño y el manejo del tiempo contribuyen significativamente a la recuperación. En situaciones más complejas, puede precisar medicación, siempre bajo supervisión médica. Aunque pueden presentarse recaídas, un tratamiento adecuado y personalizado permite recuperar el bienestar y prevenir la cronificación.
Factores implicados
Se han identificado numerosos factores que causan estrés y ansiedad, diferenciados por ámbitos. En el ámbito laboral, las principales causas son la sobrecarga de trabajo, la falta de control sobre las tareas, la inseguridad laboral y el acoso. En el ámbito familiar, los conflictos, las rupturas sentimentales y la sobrecarga de cuidados son factores estresantes comunes. La situación económica también influye considerablemente, especialmente en casos de desempleo o endeudamiento. Asimismo, se ha comprobado que ciertas profesiones como la medicina, la docencia, las fuerzas de seguridad y el transporte presentan mayores niveles de estrés.
Repercusión negativa en el corazón
El estrés y la ansiedad activan el sistema nervioso simpático, lo que provoca una serie de reacciones fisiológicas en el sistema cardiovascular. Entre los efectos más comunes se encuentran la taquicardia, las palpitaciones, la aparición de arritmias, la hipertensión arterial y la sensación de opresión en el pecho. Además, se puede producir vasoconstricción de las arterias coronarias, lo que puede reducir el flujo sanguíneo al corazón. En algunos casos extremos, como, por ejemplo, ante la muerte de la pareja de forma inesperada, el estrés agudo puede desencadenar el síndrome de Tako-Tsubo, una miocardiopatía en la que la parte de la punta del corazón queda inmóvil y puede simular un infarto. El cardiólogo puede identificar y tratar las consecuencias físicas del estrés y la ansiedad sobre el corazón, como controlar la presión arterial, tratar arritmias o realizar seguimiento en pacientes con antecedentes cardíacos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el especialista en cardiología deriva al paciente a otro profesional de la salud mental, como un psicólogo o psiquiatra, para que se aborden las causas subyacentes del malestar emocional. El tratamiento más eficaz suele ser interdisciplinar, combinando el enfoque médico con el psicológico.
Por último, el Dr. Larrousse expresa que “el estrés puede complicar notablemente la situación de pacientes con enfermedades cardiovasculares. Aumenta el riesgo de eventos agudos como angina o infarto de miocardio, y puede dificultar la recuperación tras intervenciones como bypass o angioplastia. En estos casos, se procede con una intervención multidisciplinar que incluye control farmacológico, educación para la salud, psicoterapia y técnicas de manejo del estrés”. La psicóloga Irene Larrousse Tintoré añade, para concluir, que “el apoyo emocional, el acompañamiento psicológico y las estrategias de prevención se convierten en pilares fundamentales para mejorar la evolución, el pronóstico y la calidad de vida”.
- Muere Robe Iniesta a los 63 años, voz y alma de Extremoduro
- La importancia de la educación: una profesora jubilada cacereña destaca el refugio que encontró una alumna en el instituto
- Extremadura concederá ayudas de hasta 14.000 euros para la rehabilitación de viviendas
- El centro de Cáceres se transforma: avanza la promoción de 17 nuevas viviendas al lado de Cánovas
- Carlos Boticario, dueño de Offipapel en Cáceres, emocionado con las muestras de cariño recibidas: 'Han venido entre 400 y 500 personas a desearme una buena jubilación
- Robe y Plasencia: de nacer en casa a tocar en la tuna y vender 'vales' para sacar su primer disco
- He llorado tanto’, Robe
- El bar-restaurante con más morro de Mérida abre su segundo local junto al Templo de Diana