Ella es viuda y él, divorciado, de modo que en vez de pelearse deberían casarse. Ella es Carmen Cervera, más conocida como Tita Thyssen y él, José Luis de Vilallonga, marqués de Castellvell. Ella está forrada y él, seco, pero su título tiene más pedigrí pues tiene sus orígenes en el barón de Segur, una dignidad nobiliaria que data de la Edad Media.

El combate dialéctico que mantienen Villalonga y la viuda de Thyssen tiene su origen en las fallidas memorias del barón. El escritor estaba de moda por la biografía del Rey, Tita convenció a su marido para poder compartir biógrafo con Juan Carlos. La cosa acabó como el rosario de la aurora. Villalonga no cumplió el encargo alegando la afición a la bebida de Thyssen, pero por aquel entonces se aseguró que Tita echó de su casa a Villalonga y su entonces esposa, Sylliane, porque se creyeron que los baroneses eran ellos.

La cuestión es que José Luis de Villalonga ha rescatado aquel episodio de cara a promocionar la salida de La rosa y la corona , el último volumen de sus memorias, como hizo el año pasado al utilizar la polémica relación del Príncipe con Eva Sannum para llamar la atención sobre el tercer volumen.

Está claro que en Tita no es oro todo lo que reluce, pero Villalonga anda mal de memoria ya que acusa a la viuda de Thyssen de haber olvidado que el fallecido Antonio Parés, durante años director del Ritz, le pagó el viaje que le permitió intimar con Thyssen. Es verdad que Parés ayudó a Tita, pero ésta no le olvidó cuando fue rica. Durante años, Heini y Tita se alojaron en el Ritz y además el barón, junto a Bibis Samaranch, apadrinó al hijo varón de Parés.