GANADERÍA: 6 Toros de Hermanos García Jiménez, terciados salvo el sexto y justos de presentacion y pitones. Noble el primero; enclasado el segundo; con fijeza y profundidad en su embestida el tercero; rebrincado pero codicioso el cuarto; blando pero enclasado el quinto; rajado el sexto. Pesos: 462, 450, 465, 460, 455 y 500.

LOS DIESTROS: Antonio Ferrera, de grana y oro. Pinchazo, media estocada y dos descabellos (Palmas tras aviso); pinchazo y estocada andando y recibiendo (0reja con fuerte petición de la segunda). Morante de la Puebla, de caña y azabache. Espadazo defectuoso y estocada (Oreja); estocada (Oreja) José María Manzanares, de azul marino y oro. Estocada (Oreja tras aviso). Estocada (oreja).

PLAZA: Mérida, dos tercios de entrada sobre el setenta y cinco por ciento del aforo permitido. Sonó el himno de España al final del paseíllo. Saludaron tras parear al primero Pérez Valcarce y Fernando Sánchez, y Daniel Duarte y Luiz Blázquez en el tercero.

Primera y única corrida de lidia a pie de la Feria de Mérida y, con buena acogida de público, una corrida del empresario, de Hermanos García Jiménez, toros terciados y de muy cómodas defensas. Con ellos, tres toreros que aportaron cada uno lo suyo: Ferrera la conexión con los tendidos; Morante de la Puebla un toreo bellísimo; y Manzanares la arrogancia de su figura y, por momentos, también la comodidad.

Abrió plaza un toro que enseñaba las puntas y que embistió humillado al capote de un Antonio Ferrera que le ganó terreno hacia los medios con verónicas de buen trazo. Se dejó en el caballo, el quite fue por chicuelinas ajustadas. Buen tranco del animal en banderillas.

La chicuelina de Morante de la Puebla, distinta a todas. EL PERIÓDICO

Comienzo de faena de rodilla genuflexa. Ferrera llevaba al animal hacia delante. Pronto fuera de las rayas en redondo, tandas cortas al principio, inteligentemente le daba tiempos entre las series. Faena de acusada limpieza y bien ligada, mejor cuando toreó al natural con ajuste y verticalidad. Un toro noble en manso. Premioso al matar, escuchó palmas.

Galleo por chicuelinas

Terciado y muy cómodo de pitones el primero de Morante de la Puebla, un toro un punto desigual en los lances de recibo del sevillano, terminó por cuajarle verónicas de hondo sabor. Bello el galleo por chicuelinas para llevar al de García Jiménez al caballo.

Inicio de faena por ayudados por alto. Morante cimbreaba la cintura, sonaba Ópera flamenca y el torero aparecía majestuoso cuando se iba con un toro que se sentía aliviado por alto. Siguió ese comienzo de faena a media altura, el natural ajustado y el de pecho. Sinfonía morantiana, series en redondo de bella composición, ajuste con un animal aue tenía nobleza, soberbios los remates y los desplantes. Espadazo defectuoso antes de cobrar una gran estocada. Oreja.

Alegre de salida el tercero, primero de José María Manzanares, un burel de muy justa presencia que tomó bien el capote del alicantino. Apretó en el caballo y sacó un tranco magnífico en banderillas. 

Toro que tenía fijeza y a los acordes de ese hermoso pasodoble que es Dávila Miura fue Manzanares componiendo una faena que creció en intensidad a medida que las series eran de más muletazos, no siempre con ajuste. Faena larga por ambos pitones, con calado en los tendidos. Tardó en doblar el toro, sonó un aviso y el torero paseó un trofeo.

De rodillas para una larga junto a tablas se puso Antonio Farrera para recibir al cuarto, un toro terciado al que hizo un vibrante recibo capotero, con lances de distinto trazo. Le pidieron que banderilleara y cogió los palos. Dos pares al cuarteo y otro al quiebro muy aplaudidos. 

Muchos pases

Toro de embestida rebrincada en la muleta, no fácil de templar. Faena de muchos pases por ambos pitones en la que fue suavizando los defectos, ligada y con mucho eco en los tendidos. Montó la espada y se fue andando al burel para, a la segunda entrada, pararse y cobrar una gran estocada recibiendo. Oreja con fuerte petición de la segunda.

Castaño salpicado el quinto. Morante le soltó los brazos con el capote para enseñarlo a embestir, antes de erguirse y cuajarle verónicas que eran todo un paradigma. Blandito el animal, el quite por chicuelinas tuvo una historia diferente a lo que se ve a diario: Morante citaba y embarcaba al noble toro, y lo llevaba toreado hasta el remate. Allí no se recortaba al animal, sino que se le llevaba toreado con suavidad y belleza insuperable.

¡Comienzo de faena rodilla genuflexa para cuajar ayudados por bajo de hondo sabor. Primoroso ese toreo a dos manos. Morante se puso a torear en redondo, llevaba al animal, que se le coló una vez por el pitón derecho. Alternaba ambas manos y el toreo fluía bellísimo, sin toques, erguido pero flexible el torero, lo llevaba largo, al natural con los vuelos de la muleta. Toda una magna obra, al final con unos sevillanísimos naturales de frente a pies juntos. Gran estocada y oreja.

De más cuajo el toro que cerró la corrida, abrochado de pitones, que no permitió a Manzanares torearle con el capote. 

De embestidas desiguales en la muleta, a veces tomaba bien el engaño y a veces perdía las manos. Faena larga de Manzanares, otra vez sin ajuste, daba tiempos al animal, que lo agradecía, lo que no fue óbice para que terminara por rajarse. Estoconazo y oreja.