Violencia de género

Casi 900 menores con seguimiento policial por violencia de género

El maltrato machista aparece cada vez a edades más tempranas y con gran virulencia

Desde 2003, doce chicas menores han asesinadas por sus parejas o exparejas.

Desde 2003, doce chicas menores han asesinadas por sus parejas o exparejas.

Violeta Molina Gallardo

La violencia de género también siega la vida de las chicas más jóvenes. En España, casi 900 adolescentes tienen seguimiento policial por ser víctimas de maltrato machista, una violencia que cada vez aparece a edades más tempranas y con gran crudeza.

Hace unos días trascendía la brutal paliza que una chica de 17 años había sufrido en Jerez de la Frontera (Cádiz). Su novio, de 20 años, la había agredido presuntamente durante dos horas y media: la adolescente tuvo que ser atendida en el hospital por mordeduras, hematomas, golpes y lesiones por todo el cuerpo. La familia de la chica denunció y el presunto agresor tiene una orden de alejamiento.

Claudia Abigaíl también tenía 17 años cuando su exnovio, de 19, la acuchilló hasta la muerte el pasado mes de febrero en Totana (Murcia). Desde 2003, 12 chicas menores han asesinadas por sus parejas o exparejas. La más joven tenía 13 años cuando su novio, de 40, la mató.

La violencia de género contra las niñas y adolescentes preocupa por su virulencia, su explosividad y por la especial vulnerabilidad de este colectivo, que apenas dispone de herramientas ni siquiera para reconocerse como víctimas. La infradenuncia es la tónica.

Un total de 886 chicas menores de edad estaban en Viogén, el sistema de seguimiento policial de víctimas de violencia de género, a fecha 31 de marzo de 2022, la última estadística disponible. Son niñas y adolescentes que han sufrido una agresión de sus parejas o exparejas y cuyas familias han denunciado los hechos.

Ni Cataluña ni el País Vasco están integradas en este sistema, por lo que las víctimas de maltrato machista menores de edad que han denunciado y son objeto de seguimiento policial es superior a 886 en el conjunto del país.

Según la evaluación de este sistema del Ministerio del Interior, de las 886 víctimas menores que figuran en Viogén, dos están expuestas a un riesgo extremo, 25 a riesgo grave, 186 a riesgo medio y 379 a riesgo bajo. La Policía, la Guardia Civil, la Policía Foral de Navarra y las policías locales son las encargadas de hacer seguimiento de estos casos.

Andalucía es la comunidad con más casos activos (248 chicas), seguida de la Comunitat Valenciana (146) y Madrid (103). Les siguen Canarias (62), Murcia (59), Castilla y León (48) y Castilla-La Mancha.

Adaptar la atención a las víctimas

La violencia machista que se ceba con las chicas más jóvenes tiene particularidades que la diferencian de la que impacta sobre mujeres adultas.

Andalucía cuenta desde 2012 con un programa específico de atención psicológica para estas menores, impulsado por el Instituto Andaluz de la Mujer. Su responsable, Juan Ignacio Paz, explica a El Periódico de España, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico, 

 que el ciclo de la violencia que atenaza a las niñas es mucho más acelerado (se llega mucho más rápido a la agresión física y las fases entre las denominadas explosión y la luna de miel son muy cortas), los maltratadores recurren más a la violencia física y se dan situaciones muy graves. Además, las jóvenes no asumen que son víctimas de maltrato machista y no suelen pedir ayuda hasta que la situación ya es de extrema gravedad.

El experto defiende que esta atención adaptada a las más jóvenes es "una necesidad en toda España" y reclama programas específicos en todas las comunidades autónomas para atender a estas chicas.

Sólo en 2021, el programa andaluz atendió a 302 chicas menores, un 15,7 % más que en el año anterior. Paz precisa que entre el 60 y el 65 % de ellas han sido agredidas físicamente. Otra particularidad es que los agresores suelen ser una media de 4 años mayores que ellas.

"No asumen que están sufriendo violencia. La psicológica no la ven y tampoco la física, salvo que sea fuerte y repetida, nos dicen que a su novio se le ha ido la pinza. Ellas no piden ayuda, tenemos que ser los que estamos alrededor los que lo detectemos. En estas edades, los indicadores de violencia se disfrazan con conflictos y cambios que se asocian a la adolescencia", asevera Paz.

Este programa de atención andaluz (con el que se puede contactar a través del teléfono 900 200 999) trabaja tanto con las adolescentes como con sus familias, a las que intentan implicar en el proceso de recuperación de sus hijas y orientar para afrontar esta problemática, que suele suponerles "altos niveles de angustia y una gran desorientación".

Señales de alerta

Paz insta a padres y madres de chicas adolescentes a que estén atentos a posibles señales de alarma en sus hijas y a que pidan ayuda a especialistas tanto si tienen la certeza de que es víctima como si sospechan o tienen dudas al respecto. "Puede ser violencia o no serlo, pero mejor que las señales nos alarmen y preguntemos", defiende.

Entre esas señales que pueden indicar que una menor está siendo maltratada por su pareja o expareja se encuentran cambios en el sueño (insomnio o dormir mucho y a deshora), en la forma de vestir, aislamiento de sus amistades, enfrentamientos y/o alejamiento de la familia, abandono de las actividades que solía hacer y pérdida de motivación, cambios de humor e interés exclusivo por su pareja.

"No pensemos que esto son peleas de novios. Las chicas están sufriendo mucho y los padres deben de estar pendientes", insiste el experto del Instituto Andaluz de la Mujer.

Las menores no suelen reconocerse como víctimas, piensan que la violencia de género es algo que sólo afecta a la generación de sus madres, por eso hay que empezar a trabajar con ellas desde su malestar, en lugar de hacerlo desde el reconocimiento de la violencia. Muchas acuden para pedir que las ayuden a que su relación funcione o a conseguir que su novio cambie.

"Hay que trabajar empatizando con su malestar, como les hables de violencia, las pierdes", reconoce el experto. La adherencia al programa, informa Paz, es de más del 80 %, un "porcentaje altísimo" para un trabajo con adolescentes.

Desde que se puso en marcha, este programa de atención a menores víctimas ha evolucionado para adaptarse a una realidad específica y cambiante: se han incluido módulos de gestión de recaídas, se ha puesto el foco en la relevancia de las redes sociales, se ha contratado a terapeutas sexuales por la incidencia de la violencia sexual...

Como complemento, el Instituto Andaluz de la Mujer ha elaborado una amplia guía para padres y madres con hijas adolescentes que sufren violencia de género para ayudar a estos progenitores a acompañar a sus hijas en su proceso de salida del maltrato y en su recuperación.

Lo primero que se advierte en el documento es que se trata de un "proceso complicado, largo en el tiempo". Se explica en qué consiste la violencia de género, que los agresores utilizan para someter y dominar, sus manifestaciones; también cómo es el ciclo de la violencia y el impacto que puede tener en las adolescentes.

"Los cambios que provoca la adolescencia pueden hacer que pasen desapercibidas situaciones y comportamientos que os pudieran hacer sospechar que vuestra hija está en una relación donde hay violencia de género", incide la guía, que destaca que la víctima es culpabilizada y queda en un estado de conmoción y bloqueo que la lleva a minimizar e incluso negar la violencia.

Es habitual que la chica maltratada no cuenten a nadie lo que está sufriendo por múltiples motivos: teme no ser creída, está convencida de que el maltratador va a cambiar, piensa que controla la situación porque está acostumbrada a ceder para evitar conflictos, le resulta difícil creer que su pareja le está haciendo daño, piensa que es un hecho aislado, le da vergüenza, cree que ella es la culpable, teme que la obliguen a dejar a la pareja si lo cuenta, le atemoriza la reacción de sus padres o de su novio...

Desde el Instituto Andaluz de la Mujer sostienen que cuando la chica da el paso de pedir ayuda, la situación de violencia suele ser ya avanzada, ante lo que es necesario buscar apoyo profesional y no juzgarla por no haber solicitado antes la ayuda.

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El 016 atiende a las víctimas de todas las violencias contra las mujeres. Es un teléfono gratuito y confidencial que presta servicio en 53 idiomas y no deja rastro en la factura. También se ofrece información a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y asesoramiento y atención psicosocial mediante el número de Whatsapp 600 000 016. Además, los menores pueden dirigirse al teléfono de ANAR 900202010Todos los recursos contra la violencia de género.