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Incendios forestales

Años de reclusión, amistad y oraciones: así es Cenáculo, la comunidad de la que pudo surgir el incendio de Alicante que alcanzó el Parque Nacional de la Font Roja

El espacio religioso, presente en una veintena de países, tiene una sede en el municipio de Ibi para rehabilitar a personas con adicciones y otros problemas y, a pesar de su carácter hermético, cuenta con el respeto de otras entidades

El drama de la Font Roja pudo ser peor: así ha quedado la zona del incendio

El drama de la Font Roja pudo ser peor: así ha quedado la zona del incendio / Rafa Arjones

Manuel Lillo

El origen del incendio que se propagó en el municipio de Ibi, en Alicante, el pasado viernes (que fue controlado el domingo, sobre el cual aún trabajan los equipos de extinción y que ha arrasado 185 hectáreas, la mayoría en el Parque Natural de la Font Roja) se encontraría, según señaló la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, en la comunidad religiosa del Cenáculo.

Este espacio, generalmente desconocido, se dedica a la acogida de jóvenes con adicciones y otros problemas que les impiden llevar una vida deseable y que desde la comunidad intentan resolver a través de prácticas religiosas y de un aislamiento que no suele ser inferior a los tres años.

En Ibi, concretamente en el paraje de San Pascual, se encuentra una de las sedes de esta organización, desplegada en 19 países de Europa, América y África. La comunidad llegó a la provincia de Alicante hace ahora dos años, en mayo de 2023, cuando contó con la presencia inaugural nada más y nada menos que del obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, que fue acogido por los jóvenes con “una simpática canción de bienvenida”.

Así se lee en la web de la “fraternidad”, tal como la comunidad se autodefine, que también incorpora un vídeo de la homilía del obispo. Pese a esta relación amistosa, desde el Obispado niegan vínculos oficiales con el Cenáculo. “Amistad cristiana, trabajo y fe” son los principios, según definió Munilla en su intervención, de esta comunidad fundada en 1983 con el impulso de Elvira Petrozzi, que en el noroeste de Italia fundó la primera de estas comunidades.

Funcionamiento

Caracterizada por su hermetismo, esta comunidad acoge personas con problemas de manera gratuita, según expresan en su entorno. En Ibi hay alrededor de 25 y todas deben ingresar de manera voluntaria. Una de las curiosidades es la ausencia de medicación, de médicos o de psicólogos. La compañía constante entre los residentes sin especialistas, sino a través de los propios compañeros, es crucial en este espacio.

La comunidad se encarga de que los internos se mantengan ocupados durante todo el día para evitar distracciones o añoranzas de la vida anterior de la que pretenden escapar. Distinguido también como “la escuela de la vida” según sus propios impulsores, el Cenáculo promueve constantemente la oración, la paz interna y la autoestima a través del autoconocimiento interno para “dar con las heridas que no se han sabido gestionar y que pueden haber conducido a modos de vida poco recomendables”.

Tras aprender las normas internas durante un periodo de adaptación que suele alargarse durante un mes junto a un acompañante particular, los internos son introducidos progresivamente con el resto del grupo para convivir. El horario es estricto: a las 6 de la mañana se levantan y a las 9 de la noche se acuestan. El día a día se desarrolla trabajando en el huerto o realizando labores de carpintería, cuidado de animales, tareas del hogar, cocina o lavandería.

Con el fin de “evitar que la mente dé vueltas” y de erradicar la sensación de soledad, los jóvenes suman a la compañía constante otro elemento central: la orientación religiosa para “recobrar el camino”. El tiempo de estancia es voluntario, y son los mismos internos quienes deben decidir si alargarlo o no. Tres años es un periodo normal en este espacio en el que el contacto con el exterior se limita a la correspondencia postal y a tres visitas anuales de la familia en fechas señaladas por la comunidad, que coinciden con sus festividades propias.

Esta experiencia de aislamiento no es vista con recelo desde otras comunidades religiosas. El Obispado muestra su respeto a la comunidad, así como también entidades como Cáritas, que ha colaborado abiertamente con el Cenáculo. Desde el Ayuntamiento de Ibi tampoco expresan rechazo y aseguran que la “fraternidad” nunca ha generado problema alguno. Con el incendio de la Font Roja, contra el cual este martes trabajaron tres unidades de bomberos forestales y cuatro dotaciones y un mando de bomberos del Consorcio Provincial de Alicante, la comunidad religiosa se ha visto, por primera vez, observada por un exterior que le es ajeno, dada su reclusión tan intrínseca.

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