Incendios en Galicia
Diez horas incesantes junto al fuego
Abraham Rosendo es bombero forestal y también fotógrafo
Cuenta su experiencia trabajando junto al fuego mientras, de vez en cuando, lo enfoca en sus imágenes

Una imagen de la madrugada del martes, en Mondariz. / ABRAHAM BREIKUS
Patricia Casteleiro
Era medianoche cuando saltaron las alarmas en la base de incendios de Pazos de Borbén. La 'brigada Vigo', el grupo de bomberos de la Xunta de Galicia que cubre toda la comarca hasta el Baixo Miño, estaba prevenido por lo que pudiera pasar. Los días anteriores ya no auguraban nada bueno, con una ola de calor y varios incendios sin extinguir. Ardía Mondariz, concretamente la parroquia de Santa María de Gargamala. Las llamas engullían poco a poco las copas de los árboles, contagiándose y extendiéndose peligrosamente cerca de las casas.
Tras recibir el aviso a través de la emisora, los bomberos cogieron sus equipos y arrancaron: llegaron poco después de las 00,00 horas, pero el fuego ya campaba a sus anchas. Abraham Rosendo es uno de los bomberos de la brigada. Y el mismo que firma la fotografía de este reportaje, sacada en plena acción. El joven, de 36 años, compagina ambas profesiones desde que tiene 18 años. "Comencé haciendo campañas de verano en las Cíes como bombero y acabé trabajando para la Xunta. Mientras, ejercí de videógrafo y llegué a ganar premios de National Geographic", cuenta.
Rosendo es un apasionado de la naturaleza, algo que se observa en su fotografía y en el empeño que pone en la extinción de incendios. El primer premio que ganó con la famosa revista fue por una perspectiva aérea de las Islas Alvedosas, en Arcade, de donde es él. También tuvo otro por sacar mariscadores trabajando.
El fuego, pese a ser su enemigo a batir, le sirve de vez en cuando de modelo. Tiene cientos de imágenes de incendios destruyendo el pasto gallego. Pero también es versátil y atiende otros servicios: desde campañas de Adolfo Domínguez a videoclips de las Tanxugueiras.
Ayer, aún sin haber dormido y tras una noche toledana, en la que pasó diez horas frente a las llamas, cuenta como funciona su equipo. Desde que les avisan tienen que estar listos y haber comido antes en la base. Puede que en acción solo les de tiempo a beber. Suelen estar a las órdenes de un agente forestal. "Los incendios cambiaron con el cambio climático, el abandono de los montes y el monocultivo del eucalipto. Ahora nos enfrentamos a fuegos de cuarta generación, mucho más virulentos y fuertes", explica Rosendo. "Solemos ir acompañados de una motobomba y lo habitual es combatirlos con agua. Nos están formando mucho en meteorología y en viento. Trabajamos bastante con contrafuegos (prender uno para que vaya contra otro), para aquellos más grandes", dice.
Rosendo explica que hay circunstancias que complican su trabajo habitualmente: "Desde 2006 se sacaron leyes en relación a las franjas de seguridad. Alrededor de los pueblos debe haber un espacio desde el arbolado del monte al pueblo. No se cumple. Habitualmente vemos casas corriendo peligro", lamenta.
Ayer lograron disipar las llamas de las viviendas rápidamente y después trabajaron a destajo, toda la madrugada del martes, para extinguir lo que afectaba sobre todo a la superficie arbolada. Estuvieron diez horas sin parar, el máximo permitido por cada turno. "Salvamos la situación porque no había viento, pero si hubiese ocurrido la semana pasada no estaríamos hablando ahora", señala.
Ese tiempo se vive a altas temperaturas. Llegan incluso a estar a 45 grados, provocando un gran desgaste de energía y del agua que tienen los bomberos en el cuerpo. Deben beber cada poco para recuperarse.
El incendio quedó finalmente extinguido ayer a mediodía, tras horas de trabajo nocturno. Afectó a 21 hectáreas.
Combatir los incendios también a través de las cámaras
Abraham Rosendo tiene un proyecto junto a otro bombero forestal, Iván Pérez. En 2017, tras una larga campaña de virulentos incendios, decidieron que debían hacer algo. Contactaron con una productora y comenzaron a hacer vídeos explicativos de la situación del monte y entrevistas a expertos. "Teníamos claro que habían un problema gravísimo con la gestión forestal. Nunca cambiaba nada. Queríamos tratar el tema de la pérdida de la biodiversidad y visibilizar nuestra profesión", indica. Se hacen llamar Savia Nova en redes sociales, donde publican su contenido.Pero, ¿cuál es la fórmula para que se aminoren los incendios cada verano? "Habría que empezar por transformar el territorio, recuperar el bosque autóctono y poner la política forestal al servicio de la vida, no del negocio", dice Rosendo.
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