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Incendios en Galicia

El fuego no pudo con el sueño rural de Eliska: "Aquí seguiremos"

Las llamas arrasaron las viñas y el olivar recién plantado de Eliska, una ingeniera de paisaje checa que echó raíces en Galicia y emprendió su proyecto de vida y futuro en O Seixo, una aldea que sobrevive en el Ourense vaciado

Antón y Eliska en las viñas quemadas que cultivaban en O Seixo, O Bolo.

Antón y Eliska en las viñas quemadas que cultivaban en O Seixo, O Bolo. / Brais Lorenzo

Sandra De la Fuente

Ourense

El 16 de agosto es un día negro para O Seixo (O Bolo). En 1985 ardió en esa fecha, y cuatro décadas después, otra vez. El pasado 16 de agosto entraron las llamas descontroladas del fuego de Larouco llevándose por delante dos casas semiabandonadas y tierras de labranza trabajadas. "Es curioso que ocurriera el mismo día", lamenta Eliska Farkova mientras intenta proteger las parcelas de olivo y vid que malamente sobrevivieron al incendio. Queda por ver si el calor extremo, el humo y el aire caliente han afectado a las plantas y el fruto. Las llamas quemaron los pastores y teme que ahora, con todo el monte ardido, entre el jabalí buscando alimento y destroce lo poco queda.

El fuego de Larouco —el más devastador de una ola de incendios sin precedentes en Galicia—, se llevó por delante el sueño de Eliska, una ingeniera de paisaje de la República Checa que plantó sus raíces en este rincón del Ourense vaciado.

Llegó en 2008 a Galicia para cursar un año de la carrera en el campus de Lugo. Allí conoció a Antón, su marido, con el que inició el proyecto de vida y de futuro que las llamas han puesto a prueba. "Acabé los estudios en mi país y en 2011 vine para quedarme", relata. Se establecieron en Lugo, pero Eliska empezó a interesarse por el mundo del vino a través del viñedo que la familia de Antón tenía en Vilamartín de Valdeorras, con bodegas tradicionales soterradas en cuevas. "Gracias a sus padres me adentré en la cultura del vino y me encantó; soy ingeniera de paisaje, pero siempre me han gustado el campo y el monte". La pareja tenía claro que querían vivir "de otra manera", más en contacto con la naturaleza y fue la pandemia la que les dio el empujón: "Me replanteé la vida", dice, como otros muchos hicieron también en aquella época de confinamiento y restricciones.

Tenían una hija de dos años y otra en camino y apostaron por el rural. Así se instalaron en O Seixo a —20 minutos de Vilamartín—, donde compraron una casa y más viñas que les permitieron ampliar la explotación de los padres de Antón, ya fallecidos. Además, vieron la posibilidad de complementar el proyecto con una plantación de olivo, un cultivo en auge en Galicia. "Y este es nuestro proyecto de vida y de futuro", dice, pensando también en sus dos hijas pequeñas, que crecen felices en un entorno natural al que se niegan a renunciar.

Producción ecológica

"Nos gusta hacer vinos de manera ecológica, sin añadidos, pero de momento hacemos solo para la familia, no lo comercializamos. La intención es poner en marcha una bodega en las cuevas en las que mis suegros elaboraban el vino, que es un patrimonio increíble, y queremos continuar con la tradición, pero dando un paso más hacia la comercialización", detalla Eliska. Entre las viñas familiares, las que compraron en O Seixo y otras parcelas que tienen alquiladas, reunieron 2,5 hectáreas de viñedo a las que este año sumaron dos hectáreas más de olivo que plantaron en primavera. Ambas plantaciones son sostenibles y respetuosas con el medio ambiente y el olivar está suscrito al Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica de Galicia (CRAEGA) porque su filosofía es llevar a cabo una producción ecológica.

Eliska muestra los racimos de uvas que se perdieron en el incendio.

Eliska muestra los racimos de uvas que se perdieron en el incendio. / Brais Lorenzo

En esto estaban cuando llegó el fuego, el 16 de agosto, un "golpe muy grande" que les ha dejado paralizados. Porque el incendio no pudo ser más inoportuno. El sueño de Eliska se encontraba en pleno proceso de certificación para la obtención del segundo tramo de la ayuda que le concedieron para desarrollar la explotación de la que es titular. Ahora no sabe qué va a pasar porque gran parte de los terrenos de cultivo ardieron. "No consigo hablar con la oficina agraria, pero tengo la esperanza que estén preparados para este tipo de acontecimientos, y de que todo se pueda arreglar y no nos afecte", comenta.

Evacuar a los vecinos y proteger las viviendas fue primordial

Cuando llegaron las llamas, poco se pudo hacer por salvar los cultivos, ya que el fuego era tan voraz que la energía y esfuerzo de vecinos, voluntarios y medios de extinción se centraron en sacar a mayores y niños de sus casas y proteger las viviendas.

"Lo primero era ayudar a la gente a salir de O Seixo, eso era primordial. No había orden de evacuación como tal pero sí una recomendación que hizo el alcalde. Y después de eso había que ayudar en lo que se pudiera sin entorpecer el trabajo de los profesionales. Mi marido, que durante una época fue bombero forestal, sí que pudo ayudar más", relata. Así salvaron O Seixo, un pueblo como tantos en el rural gallego, lleno de vida en verano, pero prácticamente vacío en invierno. "Somos cinco casas abiertas y estamos rodeados de monte mal gestionado, hay muchísimas fincas privadas sin desbrozar desde hace años", lamenta. Perdieron una hectárea de olivar y gran parte del viñedo de O Seixo.

Un proyecto de vida

"Ahora mismo no sabemos con qué ritmo vamos a proceder", dice Eliska. Lo que sí tienen claro es que no se rinden; la aventura en la que se han embarcado no es un negocio para unos años, "es un proyecto de vida".

Admite que está triste pero con ánimo, porque este sueño les ha dado vida: "Creemos en él y nos sentimos muy felices y realizados. Galicia para mí es tierra de futuro, con toda la concentración de recursos que tiene, es maravillosa", se emociona. "Aquí seguiremos, simplemente que ahora con más empeño, sobre todo en la gestión de las fincas. Esto fue un aviso, pero se puede repetir en menos tiempo del que pensamos. No podemos relajarnos".

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