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Opinión. Finanzas

La curva braquistócrona o el dilema de amortizar la hipoteca o invertir

Pablo Lora (izquierda) y Jorge Martín-Javato (derecha),  Family Bankers de Banco Mediolanum.

Pablo Lora (izquierda) y Jorge Martín-Javato (derecha), Family Bankers de Banco Mediolanum. / Banco Mediolanum

Las creencias más populares no siempre son la mejor guía. Lo vemos en la teoría de la curva braquistócrona. Sí, has leído bien. El también conocido como principio de Fermat nos demuestra que el camino más corto no es necesariamente el más rápido. Y en las finanzas ocurre algo parecido: las decisiones que parecen más lógicas a primera vista no siempre son las más eficientes.

Un ejemplo es el clásico dilema de qué hacer con un dinero extra. ¿Amortizamos la hipoteca o invertimos? La respuesta no es tan lineal como puede parecer, y elegir el camino recto puede alejarnos de la mejor manera de hacer crecer nuestro ahorro.

En vísperas del Día de la Educación Financiera, que se celebrará el 6 de octubre, queremos poner de relieve esta dicotomía en la que muchos hipotecados no se detienen. De hecho, optan casi sin pensar por el primer impulso y no valoran otras alternativas que nosotros, como asesores financieros, ponemos sobre la mesa en función de las capacidades o las necesidades particulares.

Una de esas creencias proviene de la aversión al endeudamiento. La mayoría de los propietarios de una vivienda tiene que pedir una hipoteca para comprarla, la cual suele cubrir el 80 % del valor de tasación. El resto se abona con ahorros, a lo que hay que añadir un 10 % más para los gastos financieros. El préstamo se convierte en una pesada losa de hasta 30 años y por un importe elevado. De ahí que, cuando se recibe algún dinero extra, el cortoplacismo haga de venda en los ojos y se tienda a amortizar el crédito sin reparar en si es una decisión acertada para nuestra situación.

Existen otras soluciones, entre ellas, invertir ese dinero y destinar la rentabilidad obtenida a otras necesidades: comprar una segunda vivienda, financiar los estudios de los hijos, afrontar imprevistos o, también, amortizar parte de la hipoteca.

Conviene recordar que el interés de los préstamos para vivienda suele ser de los más bajos. De ahí que, en ciertos casos, resulte más interesante invertir que amortizar. Porque, en función de cómo vayan evolucionando nuestras inversiones, podríamos aprovecharnos del interés compuesto, por el cual se acumula la rentabilidad y hace que el capital inicial pueda crecer con el paso del tiempo. Así, no solo se conserva ese ingreso extraordinario, sino que se le da opciones a que pueda aumentar.

Sí, no siempre el camino recto lleva antes a la meta. Lo mismo que enseña la curva braquistócrona, en finanzas conviene analizar, planificar y elegir recorridos más eficientes, aunque a primera vista no parezcan los más obvios. Solo así podremos transformar el ahorro en oportunidades reales para el futuro.

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Pablo Lora y Jorge Martín-Javato. Family Bankers de Banco Mediolanum

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