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Cumbre del clima (COP30)

Las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles repuntan un 1,1% en 2025 y redoblan la presión de los planes climáticos globales

Estados Unidos registra un repunte de casi el 2%, mientras Europa y China suben un 0,4% respecto al año anterior y Japón se luce con una reducción del 2,2%

Los expertos afirman que si seguimos emitiendo como hasta ahora en solo cuatro año agotaremos el presupuesto global de carbono y superaremos de forma inevitable el umbral de los 1,5 grados

Un grupo de activistas se manifiesta a las puertas de la cumbre del clima de Brasil (COP30).

Un grupo de activistas se manifiesta a las puertas de la cumbre del clima de Brasil (COP30). / Andre Borges / EFE

Valentina Raffio

Barcelona

La quema de petróleo, gas y carbón, los tres combustibles fósiles que más emisiones generan y que más están acelerando el avance de la crisis climática, ha vuelto a registrar un repunte. Según apunta el último informe de la plataforma 'Global Carbon Project', las emisiones globales de dióxido de carbono derivadas de las actividades humanas han aumentado un 1,1% en 2025. El análisis, publicado durante el arranque de la cumbre del clima de Brasil (COP30), indica que países como China y la India están empezando a frenar su curva de emisiones mientras que Estados Unidos y Europa vuelven a aumentar su balance. En un caso, los expertos afirman que es el resultado directo de las políticas fósiles de Trump. Y en el otro, parece que parte del incremento de las emisiones europeas se debe a que el consumo energético ha aumentado tras un verano de calor extremo y un infierno más frío que la media.

Estas cifras no solo se sumarán a la gigantesca lista de evidencias científicas que señalan los mecanismos que están impulsando el avance de la crisis climática sino que, además, todo apunta a que podrían volverse una herramienta clave en las negociaciones de Belém. Porque, en la práctica, muestran cuánto se ha esforzado hasta ahora cada país para reducir sus emisiones y, al menos en teoría, también debería indicar cómo y cuánto cada gobierno debería acelerar sus planes nacionales para frenar el calentamiento global extremo. "Han transcurrido diez años desde la firma del Acuerdo de París y, a pesar de los avances en muchos frentes, las emisiones de CO2 procedentes de combustibles fósiles siguen aumentando sin cesar. Es evidente que los países deben intensificar sus esfuerzos", afirma Glen Peters, investigador principal del Centro CICERO para la Investigación Climática Internacional.

Aumento generalizado de las emisiones

El análisis indica que, de media, las emisiones globales derivadas de los combustibles fósiles han aumentado un 1,1% respecto al año anterior. Los países que más han aumentado su balance son Estados Unidos, que desde la entrada de Trump a la Casa Blanca ha emitido casi un 2% más respecto al balance que dejó Biden, así como la India, que ha aumentado sus emisiones un 1,4% en el último año. Europa y China han aumentado sus emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles un 0,4% cada una, con la diferencia que en el caso de China todo apunta a que el país podría haber alcanzado ya su pico de emisiones y que ya estaría iniciando el descenso mientras que en Europa, en cambio, está registrando un repunte respecto a años anteriores. El único balance positivo es el de Japón, que ha logrado reducir sus emisiones un 2,2% en 2025.

Los datos apuntan a que el combustible fósil que más ha crecido a lo largo del 2025 es el gas, cuyas emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera se han incrementado un 1,3%. Le sigue de cerca el petróleo, que según este último balance contamina ahora un 1% más respecto al balance anterior. El consumo global de carbón, por su parte, ha generado un 0,8% más de emisiones respecto a un año atrás. Y el de cemento ha incrementado su impacto ambiental un 0,5%. El análisis calcula que, con todo ello, el 2025 se consolida como quinto año de incremento sostenido de las emisiones a escala global y que demuestra, una vez más, que la reducción del 5,6% registrada durante el año de la pandemia fue solo un espejismo.

El informe también recoge datos de España pero, a diferencia del análisis global, se refieren al año 2024. Según el análisis, el año pasado las emisiones anuales españolas de dióxido de carbono alcanzaron las 220,3 millones de toneladas, lo que supone un aumento del 2% respecto al 2023. Este incremento se debe, en su mayoría, al consumo de petróleo, que ha repuntado hasta un 6% respecto a un año atrás, y del cemento, cuyas emisiones han subido un 4,5%. Donde sí se registran mejoras es en el impacto del gas, cuyas emisiones han bajado casi un 5%, y del carbón español, que ha reducido hasta un 10% sus emisiones. La imagen global muestra que España, tras el bajón de emisiones de la pandemia, ha incrementado sus emisiones durante varios años seguidos y solo ha registrado una bajada interanual significativa.

El presupuesto de carbono se agota

Los datos indican que la curva de emisiones antropogénicas ha ralentizado su crecimiento respecto a décadas atrás. Ahora, según indican los registros, las emisiones aumentan una media de 0,3% al año frente al incremento de casi el 2% registrado en décadas anteriores. La mala noticia es que, pese a todo, los datos indican que el presupuesto global de carbono (es decir, la cantidad máxima de carbono que podemos emitir antes de provocar un aumento de la temperatura media de 1,5 grados) se está agotando. "Si seguimos emitiendo al mismo ritmo que en 2025, en solo cuatro años habremos agotado el presupuesto global de carbono", concluye el análisis, publicado este jueves, en el que también se calcula que la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzará las 425,7 partes por millón en 2025.

Los registros indican que las emisiones aumentan ahora una media de 0,3% al año frente al incremento de casi el 2% registrado en décadas anteriores

 Las únicas buenas noticias que arroja el informe son dos datos. El primero el análisis de los datos de 35 países, entre los que se incluye España, en los que se ha observado que en la última década se ha logrado reducir emisiones mientras sus economías siguen creciendo. Este bloque, en el que también destacan Francia y Alemania, suma casi el 30% de las emisiones globales derivadas de los combustibles fósiles y, según los expertos, demuestra que el cambio es posible. Y la segunda brecha de esperanza es la que muestra que las emisiones derivadas del uso de tierra se han reducido, en gran parte, gracias a la reducción de la deforestación. "Esto demuestra el éxito de las políticas ambientales. Las tasas de deforestación en la Amazonía se encuentran en su nivel más bajo desde 2014", afirma Julia Pongratz, del Departamento de Geografía de la Universidad de Múnich.

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