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Pasajeros al tren y dejen el miedo en el andén

Especialistas en Psicologia Clínica recomiendan mantener los viajes en tren, aunque el pasajero sienta miedo, porque una "conducta de evitación" puede derivar en una fobia al ferrocarril

Las expertas aconsejan técnicas de relajación y buscar formas de distracción durante el trayecto para vencer la ansiedad

Pasajeros suben a un tren Iryo este jueves en la Estación Joaquín Sorolla, de València.

Pasajeros suben a un tren Iryo este jueves en la Estación Joaquín Sorolla, de València. / Fernando Bustamante

Francesc Arabí

Valencia

Dudas, miedos y hasta sensación de ansiedad acompañan estos días a una parte de los pasajeros que circulan por las estaciones ferroviarias para subirse al tren o que tienen previsto viajar en breve en este medio de transporte. Es una de las consecuencias de los accidentes ferroviarios con víctimas mortales (el de Adamuz y el cercanías de Gelida, en Barcelona), de las medidas de seguridad de ida y vuelta adoptadas (como la reducción del límite de velocidad en líneas y tramos del AVE), y de la sobreexposición mediática de este debate. ¿Qué fundamentos tienen las prevenciones y los miedos y qué dice la psicología ante esta realidad? A tenor de las estadísticas de siniestralidad, hay que concluir que el tren es un medio bastante seguro. En los últimos 25 años, han fallecido 156 personas en accidentes ferroviarios. El más letal fue el del Alvia de Angrois en 2013, donde perdieron la vida 80 pasajeros. En las carreteras españolas perdieron la vida el año pasado 1.119 personas. Aquí un dato triste para ilustrar el riesgo: cada año fallecen un centenar de personas por arrollamientos por suicidio en las vías del tren (2,04 por millón de habitantes), según datos del INE. Tantas muertes en año y medio, como pasajeros del ferrocarril en un cuarto de siglo.

Siderodromofobia: Pánico al tren

Pero los pensamientos de cada cual no necesariamente emanan de realidades estadísticas. “Cualquier reacción que pueda haber en estos casos es normal; lo que no es normal es lo que ha ocurrido, el accidente”. El apunte es de la psicóloga especialista en Psicología Clínica Consuelo Tomás, quien afirma que tragedias como la de Adamuz producen efectos sobre las víctimas directas, los profesionales de las emergencias y la población en general.

De entrada, hay personas que llevan ya inoculado el miedo atroz a viajar en tren. Igual que existe un miedo exacerbado a volar, hay una fobia a subirse a un vagón y a todo lo que envuelve al mundo ferroviario. Se llama siderodromofobia. “No es de las más frecuentes, pero existe. En consulta no suele aparecer de forma aislada, sino ligada a la ansiedad y a la sensación de pérdida de control. Algo parecido ocurre con la aerofobia: más que al miedo al transporte en sí, el miedo suele estar asociado a lo imprevisible y a la vivencia de no poder hacer nada si algo falla”. Lo explica Silvia García Graullera, especialista en Psicología Clínica, directora de la clínica Psicia.

Comenta que accidentes como los ocurridos estos días, con gran cobertura mediática, “pueden actuar como detonantes”. “No porque aumente el riesgo real, sino porque refuerzan una idea de que ‘esto podría pasarme a mí’”. “Y cuando esa idea se instala, la ansiedad encuentra terreno fértil”, apostilla.

La mente vence a la lógica

Esta fobia, como cualquier otra, no tiene ninguna explicación lógica. “El miedo es un mecanismo de supervivencia que te prepara ante un peligro real; la fobia es un temor desproporcionado en relación al peligro real”, explica Consuelo Tomás. Las fobias presentan síntomas físicos: taquicardias, tensión muscular, sudoración, mareos...solamente con subir a un tren o pasar por una estación. Pero también tienen efectos de conducta: “Se está dispuesto a conducir 10 horas antes que coger un tren”, asegura la experta en Psicología Clínica. Las razones que anidan en el origen de una fobia no son, generalmente, evidentes. “Cada persona es un mundo y en psicología nunca hay una única causa-efecto”, aclara Tomás. El detonante puede ser una mala experiencia propia o contagiada por algún familiar; una película que viste de pequeño que te impactó o puede que no se localice ningún rastro explicativo. Por eso es una fobia.

Más allá de quienes llevan el miedo al tren en el cuerpo, están los efectos ambientales de este tipo de tragedias. Los siniestros reafirman los miedos entre la población en general y en los usuarios del tren en particular. Cunde un “sentimiento general de tristeza por efecto empatía”, apunta Consuelo Tomás. “Haya o no miedo, se está más sensibilizado”. “Y hay que trasladar el mensaje de que se entienda lo que es un accidente, algo que no se puede asegurar que no vuelva a pasar, pero que no es lo normal, hay una probabilidad muy, muy baja. La inmensa mayoría de las veces no ocurren estas situaciones. Y hay que entender que se toman medidas para que no se repitan”, argumenta la psicóloga. La experta explica que en todo caso hay que comprender un aspecto fundamental: “Hay que aprender a vivir y la vida es un riesgo, podemos desnucarnos en la calle. En cualquier cosa que hacemos hay un riesgo”, abunda.

Relajarse y distraer la atención

Consuelo Tomás aconseja “afrontar la situación, no evitarla porque la fobia o el miedo puede ir en aumento”. Si se tenía previsto tomar un tren, no conviene cambiar de planes. Con todo, Tomás recomienda para hacer más llevadera la experiencia, adoptar “estrategias de relajación y distraer la atención: ejercicios de respiración, hacer sudokus durante el viaje, pasatiempos, música relajante…”. “Pero en ningún caso hay que cambiar la rutina”, insiste la experta.

En el mismo sentido se pronuncia García Graullera. “Para muchas personas, el tren es sinónimo de rutina, previsibilidad y seguridad. Cuando esa confianza se resquebraja, aunque sea a raíz de un hecho excepcional, es habitual que aparezcan conductas de evitación: dejar de viajar, posponer desplazamientos o vivir el trayecto con una tensión constante”. Pero en ese contexto, “lo más importante es no ceder completamente a la evitación”. “Mantener las rutinas, exponerse de forma gradual y recordar que lo excepcional no es la norma, ayuda a reducir la ansiedad”, arguye.

Y añade: “Cuando el miedo empieza a condicionar la vida diaria, pedir ayuda psicológica no es un exceso, sino una forma de prevenir que ese miedo se cronifique”. Porque, “en algunos casos, si esta evitación se mantiene en el tiempo, puede acabar configurándose una fobia al tren”, concluye García Graullera.

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