Aplicación de frío extremo
Crioablación, así es la técnica mínimamente invasiva con resultados similares a la cirugía en pequeños tumores de riñón
Consiste en destruir el tejido tumoral mediante la aplicación de frío extremo y entre los pacientes que se pueden beneficiar están los de edad más avanzada o quienes no son candidatos a cirugía por diversas razones

Un sanitario entrando en un quirófano / ACN
Un reciente estudio danés, publicado en la revista Radiology, señala que la crioablación, una técnica mínimamente invasiva utilizada por los radiólogos vasculares e intervencionistas (RVI) como tratamiento para algunos tumores del riñón, especialmente los localizados y con pequeño tamaño, presenta resultados de eficacia similares a otros tratamientos habituales en el abordaje de este cáncer y favorece estancias hospitalarias más cortas
La técnica, explica la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), consiste en destruir el tejido tumoral mediante la aplicación de frío extremo. Guiados por imagen (tomografía computada o, en ocasiones, ecografía) los especialistas introducen una o varias criosondas (agujas) directamente en el tumor renal.
A continuación, aplican un protocolo, que suele ser de tres ciclos de diez minutos de congelación rápida (mediante el uso del gas argón) y descongelación para, finalmente, aplicar un último ciclo de congelación rápida que provoca el estallido de las células cancerosas, conservando al máximo posible el tejido renal sano circundante.
Menos invasivo
Según el mencionado estudio danés, realizado con casi 2.000 pacientes, en comparación con otros tratamientos como la resección quirúrgica -la extirpación total o parcial de un órgano, tumor o tejido enfermo del cuerpo- o la nefrectomía -extirpación quirúrgica, total o parcial, de un riñón-, la crioablación tiene resultados de eficacia parecidos.
"El objetivo no es reemplazar la cirugía, sino garantizar que los pacientes indicados reciban el tratamiento más adecuado para su enfermedad", señala Iben Lyskjær, autora principal del estudio
"Esperamos que el estudio pueda brindar a pacientes y médicos mayor confianza a la hora de elegir un tratamiento menos invasivo cuando sea apropiado. El objetivo no es reemplazar la cirugía, sino garantizar que los pacientes indicados reciban el tratamiento más adecuado para su enfermedad", señala Iben Lyskjær, profesora del Departamento de Medicina Clínica de la Universidad de Aarhus y autora principal del estudio que recoge la SERVEI.
Tumores pequeños
Entre los pacientes que se pueden beneficiar de esta técnica -siempre con tumores renales pequeños (menos de 4 centímetros) localizados y sin extensión a ganglios linfáticos ni metástasis a distancia- estarían los que presentan comorbilidades importantes o edad avanzada y mayor riesgo para cirugía mayor, aquellos con tumores en localizaciones complejas donde la cirugía es técnicamente difícil o presenta un riesgo alto y, en algunos casos, también, pacientes más jóvenes o de menor riesgo que pretenden evitar los riesgos quirúrgicos.
"Este estudio aporta evidencia de la efectividad y seguridad de la crioablación en tumores renales pequeños, apoyando su uso en la práctica clínica para ciertos grupos que cumplan las indicaciones. Con hasta diez años de diagnóstico y un seguimiento a largo plazo, ofrece una perspectiva sólida y realista", sostiene el doctor David Jiménez Restrepo, radiólogo intervencionista del Hospital General Universitario de Valencia.
Una técnica desconocida
Para el miembro de la SERVEI, los resultados del estudio son "representativos y comparables" a los que se observan en la práctica clínica y realzan los beneficios que los expertos llevan años observando, entre ellos menos complicaciones y estancias hospitalarias muy cortas (muchas veces, incluso, ambulatorias) y una mejor tolerabilidad por parte de pacientes mayores o con enfermedades concomitantes; pero también una mejor conservación de la función renal y la posibilidad de repetir el procedimiento". Señala que, en caso de recurrencia local, "la crioablación se puede repetir o combinar con cirugía, con resultados aceptables, siempre que se cumplan ciertas condiciones médicas y técnicas".
Pese a estos buenos resultados y a que la crioablación es un tratamiento que ya lleva alrededor de dos décadas realizándose, David Jiménez lamenta el desconocimiento que sigue existiendo alrededor del mismo, incluso entre los médicos. "Por suerte, cada vez más nuestros resultados en la práctica clínica convencen a los urólogos y oncólogos de que es una excelente alternativa, equiparable en resultados a la cirugía, si se cumplen las indicaciones", concluye.
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