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¡A correr!

¿Música y running? María Lietor, 'coach': “La música modifica la percepción del esfuerzo; cuando ocupa parte de la atención, el cansancio llega con menos volumen”

El sistema nervioso se activa ante señales de amenaza, explicando por qué algunos días el esfuerzo físico parece imposible y otros es manejable

La música y el movimiento, combinados con la intención consciente, multiplican sus efectos para regular el sistema nervioso y transformar el estado interno

María Lietor es especialista en regular el sistema nervioso.

Tamara Morillo

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Tamara Morillo

Tamara Morillo

Madrid

Es especialista en regulación del sistema nervioso. Su trabajo se centra en ayudar a las personas a comprender cómo el estrés, las emociones y las experiencias vitales afectan al cuerpo y en desarrollar herramientas para recuperar el equilibrio fisiológico.

Para quien todavía no sepa de usted, ¿cómo explicaría en un minuto a qué se dedica?

Trabajo con personas que a simple vista todo lo tienen en orden: trabajo, familia, vida. Pero por dentro están agotadas. Viven con una tensión constante, un run run que no se va, un cansancio que no mejora con descanso. Muchas han probado de todo. Y quizás algo ha mejorado, por un tiempo. Pero ese run run, como ese tic en el ojo, vuelve. Porque tanto el run run como el off corresponden a un sistema nervioso desregulado. Y eso tiene solución.

Hacemos ejercicio, comemos saludable… pero apenas pensamos en el sistema nervioso. ¿Es el gran olvidado?

Totalmente. El sistema nervioso es esa parte de nosotros que lo regula absolutamente todo: cómo dormimos, respondemos al estrés, nos relacionamos, cómo nos sentimos. Es el director de orquesta. Pero como no lo vemos no lo tenemos presente. Es ese cansancio que no se va. Esa irritabilidad. Esa sensación de estar siempre al límite. Muchas personas viven así sin conectarlo con el sistema nervioso, porque nadie les ha explicado que eso también se puede cuidar.

¿Por qué hay días en los que el cuerpo responde y otros en los que todo parece costar el doble?

Porque el sistema nervioso está leyendo señales constantemente: cuánto has dormido, qué has comido, si tienes algo pendiente… Y cuando detecta demasiadas señales de amenaza activa el modo supervivencia. Por eso hay días en que correr cinco kilómetros parece fácil y otros en que ya levantarse de la cama, imposible.

Deporte y música siempre han sido aliados. Juntarlos… ¿lo convierte en el combo perfecto?

Cuando juntas movimiento y música, los efectos no se suman, se multiplican. Movimiento, no solo deporte. La música puede favorecer la regulación del sistema nervioso: ayuda a sincronizar la respiración, la frecuencia cardíaca… El movimiento completa el ciclo del estrés que el cuerpo necesita cerrar, genera las moléculas que el cerebro necesita, activa circuitos cerebrales muy amplios. Cuando los dos van de la mano, el sistema nervioso recibe señales de regulación por varias vías a la vez. Y eso cambia el estado interno mucho más rápido.

Hay una tercera pieza que para mí lo convierte en algo transformador: la intención. Moverse siendo consciente de lo que está pasando dentro mientras te mueves. Sin eso, puedes hacer una hora de movimiento con música y salir exactamente igual de dentro. Con eso, diez minutos conscientes con la canción adecuada pueden cambiar completamente tu estado.

La música… ¿activa?

Activa. Y desactiva. La música es un catalizador emocional. Puede llevarte arriba o hundirte. Hay música que te hace querer darlo todo y la hay que te invita a ir hacia dentro, a sentir. Y es que la música no solo entra por el oído. Las vibraciones del sonido atraviesan físicamente el cuerpo. Todos los órganos resuenan con ellas, incluido el cerebro. Lo que el oído recibe viaja hasta activar el sistema límbico -la parte del cerebro que procesa las emociones y los recuerdos- sin pasar por el filtro racional. Por eso llega tan rápido y tan profundo.

Hay personas que dicen que con música "se olvidan" del cansancio. ¿Es aliada, por ejemplo, para correr?

Cuando hablamos de movimiento y esfuerzo la música influye en varias cosas. La primera es la sincronización. El cuerpo tiende a ajustar su movimiento al ritmo de la música: la cadencia de la zancada, el compás de la respiración. Cuando te mueves sincronizado con la música, el gesto tiende a volverse más eficiente.

La segunda es la distracción cognitiva. Cuando la música ocupa parte de tu atención, el cerebro tiene menos recursos para procesar las señales de fatiga del cuerpo. No es que el cansancio desaparezca, es que llega con menos volumen.

La tercera es la activación emocional. Una canción que te mueve libera dopamina y eso mejora el estado de ánimo durante el esfuerzo y puede marcar la diferencia para aguantar ese último tramo. La música modifica la percepción del esfuerzo, cuando la música ocupa parte de la atención, el cansancio llega con menos volumen. No desaparece. Se filtra.

¿Puede ayudarnos a mantener la motivación cuando aparecen las ganas de abandonar?

Mucho. Porque en ese momento -el del kilómetro difícil, la serie que no quieres acabar- lo que está pasando no es solo físico. Es que el cerebro está haciendo un cálculo de coste-beneficio y está considerando parar. La música puede cambiar ese cálculo. No elimina el esfuerzo pero cambian el estado desde el que le haces frente.

¿Existe una explicación fisiológica para ese "último empujón" que nos da una canción?

Sí, por un lado tenemos que el sistema nervioso se activa: sube la adrenalina, el corazón va más rápido, el cuerpo se prepara. Por otro, la dopamina que no solo aparece cuando algo nos gusta, si no también cuando lo anticipamos. Ese combo -cuerpo activado más cerebro anticipando algo bueno- es el que provoca ese chute real. En ese momento, el esfuerzo se hace más llevadero. Y eso, en la práctica, es lo que te hace dar ese último empujón.

Si pudiera dar un único consejo para cuidar nuestro sistema nervioso, ¿cuál sería?

Cierra los ciclos. El sistema nervioso necesita completar lo que empieza. El estrés pide movimiento: dáselo. El esfuerzo pide descanso: dáselo. El día activo pide una transición hacia la calma: dásela. La mayoría de los problemas que veo realmente no son de exceso de estrés sino de ciclos que nunca se cierran. Y eso se acumula.

Fuente: El Periódico

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