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ENTREVISTA | Javier Mendoza Reportero del programa 'Escúchame'

«Tengo la esperanza de una sociedad más inclusiva»

Javier Mendoza, presentando la gala de la revista Grada

Javier Mendoza, presentando la gala de la revista Grada / CEDIDA

Luis Rollano

Luis Rollano

Este joven montijano, que es estudiante del doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad de Extremadura, no quiere ponerse límites. En la actualidad trabaja como reportero en el programa “Escúchame!” de Canal Extremadura, en el que trata de dar visibilidad a las personas que, como él, tienen capacidades diferentes. Además, también es presentador de eventos y ya ha tenido la oportunidad de ejercer como maestro de ceremonias.

¿Cómo recuerda su infancia?

Mi infancia la recuerdo feliz y, sobre todo, con muchas terapias. Mi madre dice que las inicié con siete meses y medio, recibiendo fisioterapia en un gabinete de Badajoz. Yo lo que recuerdo es ir al cole por la mañana y, por la tarde, ir a terapias y ver mucho cine y televisión. Todas estas terapias me han permitido evolucionar como persona y, sobre todo, me han ayudado a superar muchos de mis miedos. Con Ana aprendí a aceptar mis limitaciones. Con Félix y, sobre todo, con Sergio, aprendí a controlar mi hipersensibilidad acústica, perdiendo el miedo a determinados ruidos y descubriendo la música, mi compañera de viaje durante mi infancia y adolescencia. Con Vicente estuve menos tiempo, de los seis a los diez años aproximadamente. Me enseñó a socializar y perder el miedo al contacto físico. Gracias a él, siempre digo que soy la persona que más abrazos doy en el mundo.

¿Cuándo comenzó a interesarse por la comunicación y, de manera más concreta, por el periodismo?

Desde pequeño he tenido un gran interés por todo lo que tiene que ver con lo audiovisual, sobre todo, el cine y la televisión. Tanto interés tenía que mis padres, por ejemplo, siempre me dicen que aprendí a leer viendo “Pasapalabra”. Estoy hablando de la época en la que Silvia Jato presentaba el programa y los concursantes se ponían cascos en “El Rosco”. Mi interés por el periodismo, como el de muchos jóvenes que nos dedicamos a esto, creo que empezó en plena pandemia. Yo estudiaba Comunicación Audiovisual y había visto que algunos compañeros de la asociación de estudiantes de Periodismo de mi facultad habían empezado a hacer entrevistas en Instagram a periodistas de distintos medios para que contasen cómo era su trabajo en esa etapa tan dura. Después del confinamiento, hice prácticas en la radio de mi pueblo, Montijo. Ahí me di cuenta de que esto es lo que quiero hacer con mi vida y de lo imprescindible que son los medios locales para el funcionamiento democrático de un municipio. Disfruté muchísimo entrevistando a Ramón García (sí, el del “Grand Prix”), persona por la que me dedico a la comunicación, pero también disfruté entrevistando al médico Benito Almirante y a compañeros como Sergio Parra o Marisa Rodríguez Palop. Fue una etapa muy gratificante, la verdad. 

Usted es una persona con Asperger. ¿Qué es el Asperger y cómo afecta a la vida de las personas que lo sufren?

Lo primero que me gustaría decir, y quiero que quede bien claro, es que estoy harto de escuchar que el Asperger es una enfermedad. No lo es. Es un trastorno neurobiológico que está englobado dentro de lo que se conoce como TEA (trastornos del espectro autista) y la principal dificultad que genera es la comunicación, establecer relaciones sociales. Nosotros no entendemos las normas sociales que tiene la gente para establecer conversación. Sin embargo, eso no quiere decir que seamos unos enfermos mentales. Las enfermedades se pueden curar, el Asperger no. La persona Asperger tiene que convivir con esto durante toda su vida y tanto la propia persona como su entorno más cercano tienen que adaptarse a las condiciones que le marque este trastorno. Al principio cuesta asumirlo, pero se aprende a vivir con ello. Cuesta asumir que la sociedad te acepta, pero no te integra. Que, con 23 años, no tengo todavía un grupo de amigos que cuenten conmigo, por ejemplo, para salir en Nochevieja, ir a un concierto, realizar un viaje o cualquier cosa que se haga con la amistad. Para que la gente se haga una idea, mi madre me tuvo que acompañar a la discoteca en Nochevieja porque no tenía a nadie con quien irme. Es así de duro. Sé que, igual que he aprendido otras cosas, también aprenderé, con el tiempo, a captar los dobles sentidos o a no ser tan monotemático. Tengo la esperanza de que la sociedad cada vez sea más inclusiva, se pierda el miedo a lo diferente y yo forme parte de ella. 

Todavía continúa formándose en la Universidad de Extremadura. ¿Cómo califica la experiencia?

Muy positiva. Actualmente estudio el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual. He tenido la suerte de que tanto el profesorado como el alumnado me aceptan como soy. A veces no es fácil, al tener que compaginar trabajo y estudio, pero la mayoría de cosas que me han pasado en la Universidad son positivas y me quedo con eso.

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