Jóvenes EX+ | Inés Muñoz Karateca y estudiante de psicología
Inés Muñoz «Mi primer podio a nivel nacional con una medalla de bronce fue super emotivo y eso no se olvida en la vida»
Karateca y estudiante de psicología, 20 años
Pasarón de la Vera

Inés Muñoz / Cedida
Ainhoa Miguel
Empezó en el kárate con tan sólo 5 años y le gustó tanto que a día de hoy entrena y compite a nivel nacional. Compagina sus entrenamientos con sus estudios de Psicología en Madrid donde echa mucho de menos el aire de su pueblo, Pasarón de la Vera. Considera que el deporte le ha enseñado muchas lecciones de vida y a tomar sus propias decisiones.
¿Cuándo empezó a practicar kárate?
Mi padre de pequeño hizo karate y en aquella época tenía que ir al otro pueblo y tuvo que dejarlo. Se le quedó como una espinita clavada. Entonces, cuando era niña apuntaron a mi hermano a kárate y yo veía a mi hermano ir a kárate que venía súper contento de las clases. Y le dije a mi padre que yo también me quería apuntar. Y desde ahí, a los cinco años, empecé a hacer karate. La verdad es que empecé a competir bastante más de mayor. Iba a campeonatos por Plasencia, en Cáceres, pero nunca había salido de Extremadura y un día hablando con mi entrenadora, le dije, ‘yo quiero competir fuera de Extremadura’. Ella me apoyó y empecé a competir a nivel nacional y a ir a entrenamientos de la selección.
¿Cómo es el ambiente de las concentraciones y campeonatos?
Lo que más me gusta es la gente y el buen rollo, y hacer amigos de otras regiones. También superarse cada día a sí mismo y enfrentarte con otras personas de otras comunidades.
¿Qué le aporta el kárate en su vida personal?
El kárate me ha enseñado muchas lecciones de la vida en muchos aspectos. Y creo que el kárate me ha hecho tomar mis propias decisiones, pensar en mí misma, en saber qué hacer y qué no hacer.
¿Cuándo llegó esa primera medalla a nivel nacional?
Esa primera medalla llegó en 2021 y fue en una Liga Nacional que conseguí mi primer bronce y fue súper bonito porque no esperaba ganar. Fue súper emotivo porque el primer podio a nivel nacional y eso no se olvida en la vida. Mi padre saltaba de alegría, incluso saltaba más que yo. A raíz de ese campeonato, estuve en las tres rondas de la Liga Nacional y en todos esos tres campeonatos quedé también tercera. Luego en el Campeonato de España conseguí llegar subcampeona de España, que me quedé a 0,2 décimas de quedar campeona de España, súper poco. Y a raíz de ahí, he seguido por equipos y he ganado muchas medallas con el equipo de Extremadura, con el equipo de Madrid, porque entreno aquí en el club de Madrid.
¿Cómo compagina sus estudios con su entrenamiento?
Es bastante complicado. El primer año que entré en la carrera iba los viernes y los miércoles al gimnasio, los martes y los jueves iba a entrenar, y luego los fines de semana solía tener campeonatos. Los que no tenía competición, aprovechaba para estudiar o para descansar. Es difícil, te tienes que organizar muy bien para poder estudiar los días que tengas libre.
¿Qué le dicen sus compañeros de facultad sobre su faceta deportiva?
Mis amigos del pueblo lo ven normal porque han crecido viéndome así, entrenando y estudiando y no les sorprende. Luego a la gente que he conocido en la universidad me dicen que no saben cómo me da el tiempo para tanto. No saben cómo me da la vida y a veces, eso me digo yo también.
¿Qué referentes tiene en el kárate?
Pues Paola García Lozano es un gran ejemplo a seguir, con ese nivel de constancia y de sacrificio que tiene ella. La conozco y además es muy buena persona, muy buena compañera y amiga. Ella es un gran referente. Otros referentes que tengo son Nuria Escudero, y también mis entrenadores de aquí de Madrid, Sergio Galán y Lidia Rodríguez, que también han estado debutando a nivel nacional e internacional y han sido un ejemplo de mucha constancia y sacrificio.
¿Qué es lo que más echa de menos de su pueblo?
Lo que más es el aire, el aire de Pasarón. También su gente y estoy deseando que llegue el fin de semana para volverme al pueblo. Nunca antes había salido de Pasarón, y tampoco sabía cómo era salir fuera. Venir aquí a Madrid ha sido un mundo. En el pueblo solemos quedar las amigas a comprar unas chuches, unas pipas y sentarnos en un banco a ver a la gente pasar, o darnos un paseo por el pueblo, por comentar nuestras vidas. Así son todas las tardes. También echo de menos las noches de verano, de estar en el pueblo, que viene todos nuestros amigos de fuera, que nos sentamos todos en una plazoleta y traemos un juego y nos ponemos ahí a jugar todos, o a las cartas, y es muy bonito.
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