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LOS JUEVES LGTBI

Extremeños hablan sobre homosexualidad y deporte: «Si un futbolista sale del armario se le echan encima»

Tres extremeños abordan para este periódico los efectos de la falta de referentes del colectivo LGTBI en el deporte profesional

«La educación en igualdad es la clave para acabar con estereotipos», dice Selene Alegre

Selene Alegre Fragoso juega con el brazalete de la bandera LGTBI.

Selene Alegre Fragoso juega con el brazalete de la bandera LGTBI. / El Periódico

Cáceres

«Si un futbolista sale del armario se le echan encima. Los que lo han hecho pierden seguidores. En ellos es más difícil por su masculinidad». Estas son las palabras de Selene Alegre Fragoso (Cáceres, 1994) al ser preguntada sobre el tabú de la homosexualidad en el deporte. La joven cacereña considera que lo que sucede en el deporte masculino es fruto de la sociedad heteropatriarcal en la que vivimos. Del machismo. «Estoy segura de que si tuvieran un público diferente no tendrían miedo a hacer pública su orientación sexual», señala. 

«Para nosotras es diferente. Los estereotipos son al contrario, una chica que juegue al fútbol se da por hecho de que es lesbiana. De hecho siempre hemos escuchado comentarios como marimacho por jugar». Otro tipo de discriminación. Se incluye porque le da patadas al balón desde que tiene uso de razón. Hace 21 años que empezó en un equipo, con solo. Ahora pese a estar lesionada piensa retomarlo en cuanto pueda. Fue capitana del Femenino Cáceres, estuvo en la selección española de fútbol playa y en la selección extremeña entró con 16 años. 

Con toda una vida como futbolista a su espalda, reclama: «La educación es la clave. Las nuevas generaciones deben ser educadas en igualdad para romper estos estereotipos». Selene, que también forma parte del colectivo LGTBI, cuenta cómo algunas de sus compañeras se vieron obligadas a dejar este deporte por vincularlo de manera directa con la homosexualidad. «Al conocer su orientación sexual sus familias las quitaban del equipo. Pensaban que tenía que ver con jugar con otras chicas», confiesa. «Tampoco hemos tenido referentes. Ahora parece que la cosa empieza a cambiar», conluye.

Falta de referentes

Para evitar este tipo de segregación y crear «un espacio seguro» nació DiverCeres. Un club de voleibol del que ya forman parte 40 personas, hombres y mujeres, y que cumple dos años en Cáceres. Su propulsor y ahora director es Álvaro Peraita Rosario, de Hinojosa del Valle (Badajoz). Tiene 38 años y llevó a la capital cacereña una idea que había conocido en otros territorios. «La filosofía es crear un lugar en el que no sintamos seguros, sin discriminación, sin competitividad. Aquí no solo incluimos al colectivo, sino que también es libre de gordofobia, racismo...», señala Peraita.  

DiverCeres durante un partido de voleibol.

DiverCeres durante un partido de voleibol. / El Periódico

Se trata del primer club de Extremadura de deporte LGTBI. «Casi todas las personas que formamos parte de él hemos crecido sin ningún referente deportista homosexual», apunta. «Lo que se puede afirmar es que cada vez se practica más deporte de forma sana, no e tan excluyente», reflexiona. «Animo a todos aquellos que quieran practicar deporte en espacio seguro a que prueben en DiverCeres», apostilla.

El joven pacense Raúl Puga Chamizo, de 24 años, también hace alusión a que la falta de referentes puede suponer un problema para los más jóvenes. La relación entre Puga y el deporte comenzó con 14 años. «Jugaba en un equipo de voleibol, pero de chicas. Éramos cuatro chicos. Luego practiqué natación, karate y antes había practicado fút bol». 

Menos tabúes

Años más tarde, estudió un grado medio, donde se dio cuenta de que era gay. «Descubrí mi orientación sexual estudiando el grado medio. En mi entorno eran, por lo general, chicos heterosexuales y al principio no fue fácil. Me sentí apartado», relata. «Poca gente que se dedique al deporte de manera profesional sale del armario», explica.

Raúl Puga Chamizo durante una actuación en el Orgullo de Cáceres.

Raúl Puga Chamizo durante una actuación en el Orgullo de Cáceres. / El Periódico

Su situación cuando llegó al grado superior cambió. «Descubrí el baile y tuve a unas compañeras geniales», continúa. Sus profesores le impulsaron para estudiar la carrera universitaria de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. «Me motivaron y al final lo acabo de terminar», explica. 

La decisión de matricularse en la Universidad de Extremadura le cambió la vida. «La danza era una asignatura más. Me impliqué mucho pese a ser de las más difíciles del grado», acuña. 

Tiene claro su futuro. «Me voy a Madrid a una academia de danza. Voy a intentarlo ahora que siento que hay menos tabúes». 

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