LOS JUEVES LGTBI
«¿Por qué no hacéis algo?»
Stormé Delarverie fue la mujer que arrancó los disturbios en Stonewall, génesis del colectivo. De protestas reprimidas a fiestas como Los Palomos, se han conseguido derechos pero hay contradicciones y rupturas

Stormé Delarverie

Nueva York, junio de 1969. «La vida del colectivo LGTB en los años 60 era especialmente dura y sólo podían reconocerse en determinados bares, en una serie de locales donde se reunían y en los que, en ese mundo de gente humillada, relegada a barrios marginales, se tejían redes de solidaridad. Allí la policía hacía redadas para controlar a la comunidad y marcar el terreno». «Todo comenzó en un bar asiduo de gays, lesbianas y muchos drag queens, el bar se llamaba Stonewall Inn, ubicado en el barrio Greenwich Village. Todas las noches, o casi todas las noches, la policía entraba y arrestaba a quien le daba la gana». El primero que habla es Víctor Casco, exdiputado de Izquierda Unida y activista por los derechos LGTBI. La segunda es Annxx, una activista feminista extremeña que prefiere mantener su nombre real en el anonimato. Ambos son de los pocos conocedores en la región de la figura de Stormé Delarverie, la mujer que prendió la mecha de los disturbios de Stonewall, que marcaron el inicio de la lucha por los derechos civiles del colectivo LGTBI en Estados Unidos y en todo el mundo.
«Era una mujer lesbiana, butch --que en español se traduciría como ‘marimacho’--, racializada, con una madre negra y que la había tenido con un señorito, criada en el sur de Estados Unidos. Delarverie tenía todo los elementos para ser abusada por la sociedad y encontró en el teatro y en todo lo relacionado con el drag una salida y un modo de vida. Ella hacía drag king, subvertía esa imagen de dualidad en nuestra sociedad, quería revertirlo», cuenta Casco. Sus orígenes los ratifica Annxx: «Su padre era blanco y su madre afroamericana. Nunca tuvo un certificado de nacimiento y en esa época el matrimonio interracial era ilegal. Desde pequeña se enfrentó al acoso por ser diferente y masculina, recibió ataques verbales y físicos». Pero esa noche del 28 de junio Delarverie se plantó: «La policía arresta a una mujer, que grita: ‘¿Por qué no hacéis algo?’ Era ella, aquella mujer ensangrentada era Delarverie. No fue un disturbio, sino una rebeldía por todo el sufrimiento que ella y la comunidad llevaban encima», describe Casco. «Todo comenzó después del funeral de la actriz e icono LGBT Judy Garland. Después de su entierro, muchos de sus fans fueron al Stonewall Inn para recordarla. Alrededor de las 1.20 horas, la Policía decidió entrar al bar para acosar a los clientes, pero esa noche nadie estaba dispuesto a soportar el abuso y la represión policial...Y saltó la chispa», confirma Annxx.
Esos disturbios, que se prolongaron durante días, dieron lugar, al año siguiente, al considerado como primer Orgullo en la misma ciudad. Una acción que se fue replicando y expandiendo con el paso del tiempo por todo el mundo.
«En los 60, aquí, en la cárcel de Badajoz, los homosexuales pobres, trabajadores y chaperos estaban encerrados por la ley de peligrosidad social del franquismo. Las primeras protestas en el país fueron en los 70 y en Extremadura la primera manifestación fue a mediados de los 90», rememora Casco. «La región fue una de las comunidades donde más tardó en arraigar el asociacionismo LGTBI pero, a pesar de que llegamos tarde, nos hemos puesto a la cabeza», añade.
Badajoz, junio de 2023. La fiesta de Los Palomos, considerada como el gran Orgullo extremeño, llega a su 12ª edición con éxito de público --más de 30.000 asistentes--. El cambio, de las protestas reprimidas en Nueva York a las celebraciones multitudinarias en ciudades como Badajoz evidencian el cambio social para con el colectivo 50 años después. Sin embargo, diferentes voces critican lo que creen que es una pérdida de espíritu reivindicativo y una sumisión al sistema. Las políticas de identidad de género, los vientres de alquiler o el abordaje de la prostitución también han generado en los últimos años un desgaste e incluso la ruptura y el abandono del colectivo por parte de feministas abolicionistas. Annxx es una de ellas. «Nos hemos visto solas, ni hombres, ni gays han apoyado a las mujeres...Tienen causas abiertas con las feministas, por supuesto la ruptura con el género y los vientres de alquiler. Todo esto unido a que según el movimiento trans existen mujeres con pene y hombres con vagina, algo que las lesbianas en gran mayoría feministas no lo admiten, al igual que yo», argumenta. «En Extremadura todas sabemos cómo nació Los Palomos, el día que el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, dijo públicamente que ‘en su ciudad no había palomos cojos porque los echaban de ahí’. Evidentemente se armó un revuelo, todos y todas vimos que fue un comentario totalmente fuera de lugar. El Intermedio fue a montar la fiesta el primer año y ya van por 12 ediciones. Pienso que es una fiesta en un 80% para el varón. Una fiesta que reivindica la diversidad pasándose por encima todos los derechos de las mujeres...Diversidad, esa bonita palabra que al principio me gustaba y ahora la oigo y en fin...», narra. «Quiero que se entiendan que mis palabras no vienen de una persona que no defiende los derechos, todo lo contrario. Me he criado en los 80 en un entorno en el que había parejas homosexuales y lesbianas, incluso he vivido entierros de amigos homosexuales de mi s padres que murieron por VIH. Soy principalmente feminista porque soy mujer y he sufrido mucha violencia por serlo. La situación que estamos viviendo desde hace años es surrealista, injusta y muy dolorosa. La censura en la que nos estamos viendo envueltas por defender el feminismo abolicionista está siendo terrible. Hasta el punto de no poder abrir la boca en mi entorno más cercano», explica. Es por esa razón por la que Annxx, al igual que otras de sus compañeras, prefiere mantenerse en el anonimato. Junto a ellas hace activismo, principalmente en redes. Para entender mejor su posición dejan la recomendación del libro Gender Hurts --en español se traduciría como 'El género daña'--, de Sheila Jeffreys, autora también de La herejía lesbiana, en el que expone que la lucha política de las lesbianas tiene más que ver con el movimiento contra la opresión de las mujeres, con el feminismo, que con la reivindicación de los homosexuales varones de sus derechos.
Delarverie murió en 2014 tras una vida entera dedicada al activismo. Y, a pesar de su papel, es un nombre casi desconocido, incluso dentro del propio colectivo: «Es cierto que hay un problema de invisibilización de las lesbianas», reconoce Casco. «Como bien sabemos las mujeres han sido silenciadas durante toda la vida, no salen en los libros de historia, se desconoce lo que muchísimas mujeres han hecho para que el mundo avance», denuncia por su parte Annxx.
Si los derechos civiles son una realidad en España, no es así en la mayoría de países del mundo. De hecho, hoy no ser heterosexual sigue estando penado en muchos lugares.
Enfrentar las evidentes y crecientes amenazas externas peor también resolver las contradicciones internas son los retos en el horizonte.

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