Una sombrilla o parasol es la pieza del mes de agosto en el museo etnográfico Agustín Aparicio Cerrato de Don Benito.

La sombrilla que se exhibe en este museo como pieza de este mes de agosto es de forma semiesférica con ocho varillas metálicas lacadas en color negro, bastón de madera y tejido en tonos pastel con motivos florales. En su remate interior lleva una etiqueta de tela con el nombre de la empresa “Pedro Martín”, conocida fábrica de paraguas, sombrillas y bastones en la España de principios del siglo XX con sede en Barcelona y sucursales en Madrid. Fue donada por Cristina Sánchez García al museo.

En las fechas de pleno verano resulta muy útil protegerse del sol en muchas ocasiones. Una sombrilla o parasol es un utensilio portátil o una estructura fija o plegable para dar sombra.

Parece ser que el parasol se inventó en China allá por el siglo XI a. C., después lo impermeabilizaron cubriéndolo con cera y barniz y surgió el paraguas. Pero, eso sí, tanto la versión para protegerse del sol como la diseñada para la lluvia, sólo las podían utilizar gente de alta clase social, políticos o nobles. 

El uso de la sombrilla y del paraguas se fue extendiendo desde China a otros países como Egipto, donde se empleaba como un objeto de ritual cortesano, y Grecia, donde sólo podían utilizarlo las mujeres.

En la Edad Media casi no se utilizó y a finales del siglo XV resurgió en París como mero signo externo de prestigio. Era tenido como un objeto de lujo y nadie lo utilizaba para protegerse de la lluvia. Simplemente sustituyó al bastón y la espada, ya que el desuso de ambos elementos coincidió en el tiempo.

Los ingleses fueron los primeros en utilizar el paraguas para protegerse de la lluvia en el siglo XVIII, extendiéndose después esta costumbre a otros países, entre ellos España, donde llegó convertido en un objeto de deseo muy codiciado entre la nobleza y la Corte.

El pueblo llano no veía más uso en la sombrilla y en el paraguas que conservar la piel muy blanca y taparse con ellos para besarse, algo muy de moda en la época. En 1805, el francés Jean Marius inventó el paraguas plegable. Estaba compuesto por una cubierta de tafetán verde debidamente engomado para que fuera impermeable, dispuesta sobre una estructura metálica muy parecida a la de los paraguas actuales.