Las paredes blancas dan luminosidad a tu hogar, engañan al ojo aportando sensación de profundidad, son elegantes y combinan con cualquier tapicería y muebles, pero también son sucias y las rozaduras se destacan más. La mejor opción es repintar, pero no siempre es la deseada tanto por el coste como por lo engorroso que resulta poner patas arriba tu vivienda. Por eso, nuestra recomendación es limpiarlas.

En la droguerías o tiendas especializadas encontrarás productos que acaben con esa suciedad o rozaduras, pero corres el riesgo de dañar la pintura.

Ante todo, con tranquilidad, cuidado y paciencia alcanzarás resultados óptimos que contribuirán a que tus paredes recuperen el esplendor perdido.

Existen trucos sencillos que hasta Leroy Merlin facilita a sus clientes. Lo primero, aunque parezca una recomendación intranscendente, elige el día de limpieza. Cuanto más luminoso, mejor porque descubrirás las imperfecciones, los daños y el progreso con facilidad. También otra sugerencia antes de ponerte manos a la obra es probar las soluciones de limpieza en zonas de escasa visibilidad, antes de aplicarlas en toda la zona manchada.

Una advertencia importante: saber el tipo de pintura de tus paredes te facilitará la tarea. No es lo mismo una pintura norma, que plástica, lavable, acrílica…; no te preocupes, siempre hay una solución para cada tipo de pintura, con más o menos dificultad, pero conseguirás que tus paredes recobren el brillo.

Los trucos

Como primera propuesta, mezcla un litro de agua con una cucharada de amoniaco. Moja la esponja en la mezcla y comienza a limpiar la pared de abajo hacia arriba. Con otra esponja limpia, absorbe el líquido con amoniaco y, después, repasa nuevamente con un paño húmedo. Seca la pared con un paño limpio. Algunos expertos desaconsejan el uso del amoníaco, pero siempre dependerá del tipo de pintura.

Otro truco consiste en utilizar una goma de borrar para eliminar marcas de bolígrafo, lápiz o diversas rozaduras. En algunos supermercados, droguerías y establecimientos de bricolaje se venden esponjas limpiadoras, que sólo necesitan humedecerlas con agua.

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Como tercera opción, mezcla agua, jabón de lavavajillas, vinagre blanco y bicarbonato sódico, y con una esponja frota con movimientos circulares sobre la superficie sucia. Deja secar y listo.

Si no quedas satisfecho o las manchas son difíciles, repite la operación hasta eliminar el chafarrinón.