Científica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC)

Avance contra la hipertensión pulmonar de un equipo liderado por la extremeña Guadalupe Sabio

Ha descubierto una posible diana terapéutica para abordar esta patología

Esta afección produce síntomas que afectan significativamente a la calidad de vida y puede ser letal

Su incidencia se ha visto aumentada por las secuelas producidas por el coronavirus

Equipo que ha desarrollado la investigación con la extremeña Guadalupe Sabio (centro de la imagen ) y Ayelén Santamans en primer término.

Equipo que ha desarrollado la investigación con la extremeña Guadalupe Sabio (centro de la imagen ) y Ayelén Santamans en primer término. / El Periódico

Un equipo liderado por la extremeña Guadalupe Sabio, científica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), ha hallado una posible diana terapéutica que protege el corazón de pacientes que padecen hipertensión pulmonar, una «rara pero letal enfermedad para la que no hay tratamiento curativo».

Este descubrimiento se recoge en un trabajo publicado recientemente en la revista ‘Science Advances’. En él se identifica la primera diana capaz de salvar la función cardíaca de estas personas, lo que supone «una esperanza» en la lucha contra esta patología, se explica a través de una nota desde el CNIC, centro dependiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), organismo adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

La hipertensión pulmonar se caracteriza por una elevada presión en las arterias que van a los pulmones, lo que provoca que el corazón esté sometido a un continuo sobreesfuerzo. Afecta a entre 15 y 50 personas por millón de habitantes. En España se calcula una prevalencia de 1,6 casos y una incidencia (casos nuevos diagnosticados por año) de 0,3 por cada 100.000 habitantes.

A pesar de que no es una dolencia habitual, puntualiza Sabio, se trata de una patología que «aparece, por ejemplo, en los enfermos de pulmón», una problemática que es «ahora cada vez más frecuente por las secuelas del covid».

Pérdida de calidad de vida

Asimismo, las personas que la padecen suelen enfrentarse a síntomas que afectan significativamente a su calidad de vida. Estos van desde dificultad respiratoria a mareos y desmayos, pudiendo incluso llegar a ser necesario un trasplante para evitar la muerte del paciente.

Los síntomas van desde dificultad respiratoria, a mareos y desmayos. Incluso, puede llegar a ser necesario un trasplante

El tabaquismo, el sobrepeso, la existencia de enfermedades previas, predisposición genética o estar expuestos a bajos niveles de oxígeno en zonas de gran altitud son algunos de los factores de riesgo que están detrás de esta afección. Hasta el momento, las terapias existentes se dirigen al pulmón, buscando disminuir la presión arterial. Sin embargo, estas estrategias no parecen mejorar la función cardíaca con lo que el fallo cardíaco es la principal causa de muerte de estos pacientes, se precisa.

Estudiando modelos animales, las investigadoras del CNIC descubrieron que los pacientes con EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) tenían mayores niveles de la proteína mitocondrial denominada MCJ. 

Diagrama incluido en el estudio.

Diagrama incluido en el estudio. / El Periódico

La investigadora Ayelén Santamans, primera autora del artículo, observó que lo mismo ocurría en ratones expuestos a bajos niveles de oxígeno y en cerdos con algún tipo de daño cardíaco. Por este motivo, asegura Santamans, «estos resultados sugerían que la proteína MCJ podría estar involucrada en la hipertensión pulmonar. La falta de terapias cardio-específicas nos motivaron a seguir adelante en esa dirección», agrega. Sus investigaciones demuestran que modulando los niveles de la proteína mitocondrial MCJ en el corazón se puede preservar la función cardíaca a pesar del daño pulmonar.

El tabaquismo, el sobrepeso o la predisposición genética, entre los factores de riesgo

Dicha protección, explican las investigadoras, está causada por la activación de una vía de señalización esencial para la adaptación a bajos niveles de oxígeno, que prepara al corazón para que pueda funcionar correctamente frente a la falta del mismo.

Las autoras concluyen que estos hallazgos podrían abrir nuevas puertas para posibles intervenciones terapéuticas contra la hipertensión pulmonar.