Alí Agca, el hombre que intentó asesinar al papa Juan Pablo II en 1981, disfrutó ayer de su primer día de libertad tras más de 30 años entre rejas. Ayer expiraba la otra condena que le mantenía preso: el asesinato en 1979 del periodista turco Abdi Ipekçi, director del diario de centroizquierda Milliyet.

Su primera visita tuvo que ser al hospital militar, pues el Ejército turco lo había llamado a filas a sus 52 años, aunque los médicos corroboraron que el hombre sufre un "desorden antisocial de la personalidad" --no en vano se ha declarado el nuevo mesías-- y no es apto para el servicio militar.

Así, entre la alegría de sus allegados y la expectación del público, ponía el pie en la calle uno de los personajes más enigmáticos del país. Mientras, una cadena turca se preguntaba: "¿Es Agca un genio que pasando por loco ha engañado a todos o es un tonto útil al servicio de oscuros intereses?".

Largo periplo

Agca nació en 1958 en la provincia turca de Malatya, en el seno de una familia pobre, y desde pequeño se vio envuelto en el mundo del hampa. Según ha relatado, recibió entrenamiento militar por parte de grupos palestinos, aunque luego ingresó en la organización ultraderechista Lobos Grises, que durante la década de los 70 se enfrentaba a muerte contra la izquierda en las calles de Turquía con el apoyo de la CIA.

En 1979 asesinó al periodista Ipekçi, algo que precipitaría el golpe de Estado de 1980. Aunque fue detenido, logró escapar de la prisión militar de Maltepe (Estambul), una de las más seguras del país, y huir a Bulgaria gracias a la ayuda de Abdullah Çatli, un mafioso y ultranacionalista protegido por el Estado.

Entonces comenzó un periplo por varios países y ciudades --entre ellas Palma de Mallorca, donde recibió la visita de un agente del espionaje turco-- que culminaría el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro del Vaticano con el intento de asesinato de Juan Pablo II.

Pero a pesar de la presión de los fiscales italianos, nunca se ha sabido quién estaba detrás del atentado, ya que el pistolero ha cambiado en numerosas ocasiones su testimonio. Según las versiones, pudo ser el encargo de un mafioso turco con sede en Bulgaria; un golpe del KGB en colaboración con los servicios secretos búlgaros o un complot de Gladio --trama ultraderechista vinculada a la CIA-- destinado a presentar el asesinato como obra de los soviéticos.

Para calentar su encuentro con la vida en libertad, el mediático pistolero turco ha enviado al exterior varias cartas en los últimos días en las que se describe como el "mesías eterno", aunque puntualiza que él no es Dios ni el hijo de Dios, sino "su más alto y eterno sirviente". "Declaro que el fin del mundo está por llegar. Todos los seres humanos morirán antes de que termine este siglo", afirma Agca.