+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario de El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

NO SON SEXIS, SON NIÑAS

¿Y si las dejamos en paz?

 

¿Y si las dejamos en paz? -

POR MARÍA G. SAN NARCISO
19/11/2017

Eres guapa?», le pregunta una reportera a una de las pequeñas participantes en el programa televisivo estadounidense Toddlers and tiaras. La niña tiene unos 5 años. Rubia, mantiene el pelo recogido en un moño salvo dos mechones que le caen por delante de la diadema. Es de abalorios, en tonos rosas y verdes, a juego con el vestido y el maquillaje. Frunce los labios, perfectamente delineados por un perfilador. No le gusta la pregunta. Le dice a la reportera que siente que se la hace porque cree que no lo es. Al final, la pequeña se va llorando hacia su madre.

Esta escena se enmarca dentro del reality sobre concursos de belleza en el que menores de muy corta edad compiten con sus vestidos, maquillaje y peluquería para ver quién es la más guapa de todas. Fue un programa que –entre el año 2009 y el 2016– ejemplificó perfectamente en qué consiste la hipersexualización de la infancia, menores que aparecen como si fueran mayores de lo que realmente son mientras muestran atributos que, en el mundo adulto, serían sexualmente atractivos para otras personas. Pero los ejemplos, pese al debate permanente en torno al tema, se suceden. El último caso polémico sobre hipersexualización infantil lo ha protagonizado la revista W, que hace unos días incluyó a la actriz de la serie Stranger things Millie Bobby Brown en una lista entre los personajes más sexis de la televisión. La intérprete tiene solo 13 años.

La representación estereotipada de las mujeres lleva décadas extendiéndose a niñas. En el mundo del cine y el espectáculo hemos visto a menores interpretando a prostitutas, como a Brooke Shields en La pequeña o a Jodie Foster en Taxi driver; a modelos adolescentes retratadas de forma erótica, como el toples de Kate Moss en The Face en su primera sesión de fotos; o a niñas como las participantes en concursos o en el mencionado Toddlers and tiaras expuestas a un jurado que les mida su belleza.

Pose de ‘femme fatale’

Aunque las críticas cada vez sean mayores, muchas publicaciones continúan retratando a niñas tras haber pasado por maquillaje, calzando tacones y posando en actitudes propias de una femme fatale. Imágenes que se repiten en anuncios de televisión y que son cada vez más comunes en redes sociales como Instagram, donde hay padres que llevan cuentas con el nombre de sus hijas o utilizan las suyas propias para retratar a las menores con ropa idéntica a la suya.

«De todas las imágenes que por ahora vamos estudiando, las más fuertes están en las redes sociales», asegura Mónica Díaz-Bustamante-Ventisca, doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid. Ella, junto con Carmen Llovet-Rodríguez, profesora asociada del College of Arts and Sciences en el campus de Pekín del New York Intitute of Technology, llevan tiempo analizando todo tipo de imágenes. Díaz-Bustamante dispone de una carpeta con algunas de esas fotografías sacadas de cuentas de Instagram que, en la mayoría de los casos, especialmente de las niñas más pequeñas, llevan sus madres. No parecen superar los 8 años y su ropa y sus gestos están lejos de ser considerados infantiles.

El Parlamento Europeo define la sexualización de las pequeñas como un enfoque instrumental de la persona mediante su percepción como objeto de uso sexual al margen de su dignidad, siendo su calidad personal valorada en función de su atractivo. Añade que se impone una sexualidad adulta a las niñas, que no están ni emocional, ni psicológica ni físicamente preparadas para ella.

La moda ‘mini-me’

Los expertos continúan señalando a la moda y a la publicidad como dos de los grandes culpables del problema. La moda mini-me, el vestir igual a la madre que a la niña, ayuda. Las grandes cadena de ropa y marcas de moda de lujo comenzaron a sacar líneas infantiles en los últimos años con prendas de estilo y de tendencia para mujeres adultas, en lugar de estar pensadas para que las pequeñas estuviesen cómodas y pudiesen jugar libremente en casa, en el patio del colegio o en el parque.

Díaz-Bustamante y Llovet-Rodríguez, junto con la profesora de la Universidad Complutense Beatriz Patiño-Alves, analizaron 19 catálogos disponibles en internet de algunas de estas marcas de ropa. En este trabajo, publicado en la Revista Mediterránea, había un total de 

605 imágenes de niños. Casi la mitad mostraban atributos que los sexualizaban –el 49% de las niñas frente al 38% de los niños–. Para saber identificar qué imágenes estaban erotizadas y cuáles no, utilizaron una escala internacional que recoge características de la indumentaria, el calzado, el cabello y el peinado de las niñas.

Sociedad civil

Este sexismo ha sido denunciado por plataformas de consumidores y usuarios. Porque, de momento, es la sociedad civil la que está tumbando este tipo de campañas y la que ha conseguido que cadenas como Primark retirasen su línea de sujetadores para niñas de siete a 13 años –el representante de la cadena en Inglaterra, en vez de defender el producto, hizo declaraciones al Daily Mail disculpándose y asegurando que los beneficios de su venta irían a organizaciones para la protección del menor–.

«La sociedad patriarcal en la que vivimos y el capitalismo van de la mano. Se trata de vender, vender y vender. Y a la niña se la educa para que compre, porque como no estás a gusto contigo misma debes gastar para embellecerte. Es el consumismo salvaje. La denuncia es que cada vez más ese mensaje se hace con niñas más pequeñas», explica Pilar Pascual, coordinadora de la Asociación de Mujeres para la Salud (AMS).

«Nosotras, lo primero que vemos cuando nos enfrentamos con esto es que no hay una regulación que prohíba este tema o que lo modere. La ley de la publicidad ilícita dice que todo lo que denigre a la persona es ilícito, sobre todo niños y mujeres. El problema es que la regulación y legislación es demasiado general. No puede regular cada caso específico», afirma Díaz-Bustamante.

Todas estas imágenes calan en las más pequeñas. Los expertos hacen hincapié en los problemas físicos y psicológicos que acarrea la sexualización de la infancia, como los trastornos de la conducta alimentaria, la disminución de las habilidades cognitivas, la violencia sexual y la falta de autoestima.

Violencia

«Son mensajes que llevan a enfermar a las niñas. La relación que existe entre todas estas presiones que sufrimos las mujeres con nuestro cuerpo y los trastornos de alimentación es altísimo. Es un problema de salud pública y como tal debería de solucionarlo el Gobierno. Debería prohibir este tipo de anuncios», señala Pascual. «Para nosotras –dice en nombre de la AMS–, la hipersexualización de las niñas es una forma de violencia contra ellas».

Probemos a ver uno de esos canales de televisión donde emiten videoclips. ¿Qué imagen proyectan las mujeres? ¿Cómo son las protagonistas de los videojuegos? ¿Cómo son los personajes de las series que les gustan a las niñas? Volviendo a Instagram, veremos que muchas adolescentes –en edades en las que sus madres ya no llevan sus cuentas en redes sociales– cuelgan fotografías imitando a todos esos referentes.

«Es importante reflexionar acerca de por qué hay niñas que quieren mostrarse sexualizadas en Instagram o en otras redes sociales. Están imitando la forma de vestir, comportarse y posar que personas adultas, en este caso en Instagram, utilizan para atraer sexualmente. Realmente, las niñas solo buscan agradar, cumplir con las reglas y expectativas que se crean en una red social que premia por encima de cualquier cosa la apariencia física –explica Urko Fernandez, director de proyectos de PantallasAmigas–. Sin embargo, en la infancia, esas niñas no suelen ser conscientes de ello, ni tampoco de cómo les va a afectar en el futuro. Ellas quieren ir a la moda e Instagram premia (a través de likes, comentarios y su capacidad de viralizar y recompensar contenidos) el cumplimiento de esas modas». Y prosigue: «Si la sociedad enseña a las niñas que estar guapas es vestir como visten las influencers de Instagram, y si la red social es capaz de activar nuestros mecanismos de recompensa cada vez que recibimos likes (con la correspondiente dosis de dopamina, responsable de nuestro placer y satisfacción), tenemos una combinación mortífera que ejerce una presión excesiva sobre las niñas y, en menor grado, sobre los niños».

Díaz-Bustamante comenta que otro de los estudios que realizó el equipo de investigadoras, publicado en la revista Prisma Social, dejaba claro que esta sexualización hace que los adultos tengan unas percepciones negativas sobre las capacidades intelectuales, sociales y morales de las pequeñas: «La niña sexualizada se percibe no solo significativamente menos competente, inteligente, sociable y decorosa que la no sexualizada, sino que su ropa se considera muy inadecuada para su edad y su look disgusta bastante».

«Como putas»

En uno de los tantos debates sobre la influencia de las redes sociales en los jóvenes, las declaraciones del juez de menores Emilio Calatayud durante una entrevista en el programa La mañana de La 1 hicieron saltar la alarma. «Las niñas actualmente se hacen fotos como putas», dijo. «Está generalizando cuando habla de los adolescentes mientras utiliza una palabra con una connotación machista. Si el juez, siendo una persona instruida, dice eso, ¿qué esperamos del resto de la población?», se pregunta Kepa Paul Larrañaga, presidente del Grupo de Sociologia de la Adolescencia y de la Infancia (GSAI).

«El debate de fondo es por qué se perpetúan los estereotipos de género», recalca Larrañaga, que considera que también habría que escuchar a los adolescentes, como sujetos sociales que son, para conocer su opinión. Para el presidente de la GSAI, desde los años 90 existe un márketing que tiende a erotizar la proyección del cuerpo de la mujer.

Absurdo

Así que, mientras que por un lado las menores ven por todos los medios esa proyección de mujeres estereotipadas, por el otro se las castiga cuando se muestran así. «Se les pide, por una parte, que imiten eso constantemente, porque el único referente de mujer que hay en los medios es la de cuerpo sexual, no hay otras dimensiones de lo que es una mujer. Pero si, como único referente, lo copian se las castiga. Es absurdo. Es la sociedad la que está primando que las niñas solo se desarrollen en esa faceta», afirma Yolanda Domínguez, artista visual y experta en comunicación y genero.

«Que no tiene nada malo en sí mismo ser un cuerpo sexual –matiza Domínguez–. Lo grave es que no se desarrollen otras dimensiones de lo que es ser una mujer. Si toda tu seguridad se basa en ser un cuerpo sexual, mal te va a ir. Me parece preocupante que nuestro cuerpo femenino se construya para ser deseable, para seducir a los hombres, pero no deseante. Tenemos que seducir pero el sexo cuando es placentero para nosotras está mal visto. Y eso es un gran conflicto. Hay una sexualidad muy contradictoria».

Según todos los expertos, acabar con los estereotipos de género en los medios y regular la publicidad y la moda ayudaría a terminar con esa hipersexualización. Porque las niñas no tienen que ser ni sexis ni mini-adultas, sino sencillamente niñas.