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La curiosa impertinente

Vendehúmos

 

Se han puesto de moda en estos tiempos que parecen terminales pero que solo son de eterno retorno según la imperecedera costumbre humana, las palabras del año, que para algunos son un invento, por ejemplo, Fofisano, ya hundida en el lago del olvido, para otros neologismo falaz ni siquiera nuevo, como Posverdad y para otros, un término ya en uso pero que alcanza notoriedad. La última en aparecer en los medios ha sido Populismo, seleccionado por la fundación que en 2015 eligió refugiado, en 2014, Selfi y en 2013, Escrache. (Repare el amable lector que las pongo con mayúscula, diga lo que diga la norma, por dotarlas de singularidad).

El lenguaje no solo nos permite comunicarnos, sino que además configura nuestro pensamiento, de manera que el que un término sea considerado palabra del año por la celebridad que alcanza, permite hacer una radiografía del sentir de la época en que se pone de moda. Así como en el 2013 se podría haber alzado también con el título de la palabra más significativa, si es que eso significa algo, el vocablo Indignados, en 2014 la mucho más expresiva Postureo y en 2015 la muy definitiva Inequidad, una ya ha decidido cuál es su palabra del año 2016. En realidad le hubiera gustado una mágica de esas que, con solo pronunciarlas, conjuran los demonios interiores y proporcionan unos segundos de placidez, como Paz, Libertad o Amor, pero son términos tan perfectos que sin duda de tanto repetirlos nos han hecho olvidar la grandeza que hay en ellos. Así que, rebajando la exigencia, hubiera elegido Ternura o Serenidad. E incluso, pese a ser un término de connotaciones administrativas, el honor hubiera podido ser para Conciliación.

Eso, si le hubiera podido el deseo. Pero haciendo honor a la verdad, y para elegir la voz que mejor define el momento actual, la elección es clara. Se le presentan los rostros protagonistas del año. El que asalta el cielo, al que molesta Europa, el que hará de nuevo grande a América, el del cambio porque no es no sin más y... Vendehúmos resulta la palabra definitiva.

¿No está de acuerdo conmigo, amigo lector?

* Profesora