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ROMANCE, CIENCIA E INMORTALIDAD

El primer hombre resucitado

El director Mateo Gil reflexiona sobre la vida y sus límites en el drama futurista ‘Proyecto Lázaro’, protagonizado por Tom Hughes y Oona Chaplin

 

Fotograma 8 Tom Hughes, en ‘Proyecto Lázaro’, de Mateo Gil. -

BARCELONA
15/01/2017

En el 2008, Mateo Gil leyó un intrigante artículo acerca de un corazón de rata creado a partir de células madre. Tal avance, explicaba el texto, era el primer paso para fabricar en el futuro corazones humanos y otros órganos a partir de tejidos muertos. Sobrecogido, Gil decidió desempolvar una vieja idea que se le había ocurrido mientras escribía con Amenábar años atrás el guión de Abre los ojos: ¿qué sucedería si una persona muerta pudiera ser resucitada en el futuro? ¿Qué encaje tendría esa persona en un tiempo completamente ajeno al suyo? «No podía esperar más. Ese mismo verano tomé las primeras notas y al año siguiente me encerré en casa un mes y escribí el primer guión», recuerda Gil. El resultado final es su tercer largometraje como director, Proyecto Lázaro, estilizado drama futurista sobre un joven enfermo de cáncer terminal que decide criogenizarse (Tom Hughes) y, gracias a los avances científicos, vuelve a la vida en el futuro.

Rodada en inglés con reparto internacional, Proyecto Lázaro se inscribe en la cada vez más frondosa rama de la ciencia ficción dramática que indaga en la dimensión trascendental y espiritual de la existencia, representada por títulos como El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), La llegada (Denis Villeneuve, 2016) o la teleserie de Netflix The OA (Brit Marling y Zal Batmanglij, 2016). «Hay gente que me dice que Proyecto Lázaro tiene algo de la poética evanescencia de Malick, pero ya quisiera yo», bromea Gil cerca de su tercer largometraje, tras Nadie conoce a nadie y Blackthorn.

«Proyecto Lázaro no es una película sobre el futuro, la medicina o la tecnología. Es, por encima de todo, una historia de amor entre el protagonista en el futuro y su chica en el pasado [Oona Chaplin], y una reflexión sobre el hecho de estar vivo y, por supuesto, sobre la muerte. Porque la vida sin la muerte no tiene sentido», afirma Gil, declarado hombre de ciencia. «Los avances médicos nos prometen vivir más; incluso llegar a la inmortalidad, pero… ¿estamos preparados? Yo creo que no».

Las obsesiones de Gil

En este sentido, Proyecto Lázaro, proyectada en la sección oficial del último Festival de Sitges, se alimenta de viejas obsesiones de Gil, rastreables en sus trabajos como guionista de Amenábar. Por un lado, la criogenización y la resurrección, presente en la intrincada trama de Abre los ojos (1997) y los propios límites de la vida, hilo conductor del drama eutanásico Mar adentro (2004). «Hay muchas obsesiones mías ahí expuestas, es cierto», admite el director canario. «Por ejemplo, mi terror a la muerte, a la vida artificial; la rapidez con la que pasa la vida, el hecho de que tu experiencia acabe convertida en meros recuerdos. Cuando toda tu vida solo está en tu cabeza como un recuerdo, ¿existió realmente? ¿O es todo mentira y te lo has inventado? ¡Tiene algo de aterrador!», exclama con una sonora, y por fortuna, relajante carcajada.

No es de extrañar, pues, que el proceso creativo de Proyecto Lázaro dejara exhausto a Gil tras casi siete años de intenso trabajo. «Llegué a enfermar tras la redacción de la primera versión del guión. Ha sido un proceso absorbente, febril, un poco oscuro», reconoce el director, que acaba de rodar su cuarto largometraje, la comedia romántico-científica Las leyes de la termodinámica, protagonizada por Vito Sanz, Berta Vázquez, Chino Darín y Vicky Luengo. «Ha sido muy gratificante rodar esta comedia. Lo necesitaba. Es como un manual de física en clave de comedia para explicar dos historias de amor», afirma. «Es que a mí –ríe– me interesa mucho la ciencia».