Irene Melón Pérez (Cáceres, 1989) es de esas mujeres que rompe techos de cristal. Barreras que durante décadas han estado vetadas a las mujeres. Siempre tuvo las ideas claras y sin pretenderlo servirá de inspiración para las nuevas generaciones de niñas que como ella crecieron con una aspiración pero sin referentes. A sus 31 años, la cacereña es ingeniera jefa de la zona tercera de explotación de la Confederación Hidrógrafica del Tajo (CHT). Es la primera mujer que ocupa el cargo en la historia de la institución. A su cargo se encuentran a medio centenar de personas y su cometido es gestionar nueve grandes presas de la zona que abastecen a cuatro zonas. Estudió Obras Públicas en Cáceres en la Universidad de Extremadura con el mejor expediente. Se marchó a Santander a estudiar la superior, se presentó a las dos oposiciones, Obras Públicas y Caminos y las aprobó las dos. Tras un proceso selectivo, se desplazó a Madrid para trabajar y finalmente desde hace un año y medio ocupa uno de los cargos de mayor responsabilidad en la confederación. 

-Es la primera mujer ingeniera que ocupa este cargo en la historia de la confederación, ¿cómo ha sido el camino?

-He conseguido un reto, estás rodeada de hombres en un mundo de hombres. De 59 personas que hay a mi cargo, hay 13 mujeres. La estadística ha cambiado, el porcentaje va subiendo, pero en mis tiempos muy pocas mujeres estudiaban ingeniería. Nadie te decía que no lo hicieras directamente pero es evidente que cuando escalas como mujer te enfrentas a un problema para conciliar. Una de las diferencias que veo es que antes todos los hombres se les llamaba Don y a nosotras afortunadamente no se nos llama Doñas. Yo no quiero que me llamen Doña. 

-Y en su caso a ser mujer se le une ser joven.

-Hay también un impacto generacional porque en las comunidades de regantes, al menos aquí en Extremadura, la población es más envejecida y no se acostumbran a ver a una mujer en un puesto de mando. Hay paternalismo en tu día a día y como mujer tienes la presión de demostrar el doble, de demostrar cada día el motivo de merecer tu puesto. 

-¿Por qué eligió quedarse en Extremadura? 

Aposté por la región porque me gusta la calidad de vida que hay aquí. He vivido en Madrid y Bilbao. Creo que hay mucho por hacer y muchas posibilidades en el ámbito de la ingeniería. En nuestro campo en Extremadura todavía dependemos de infraestructuras y planes antiquísimos, diseñados en los años 50, en el caso de la ingeniería sobre el AVE o en ingeniería civil, aquí existen todas las opciones posibles. En nuestro caso, hay mucho por mejorar en cuanto a la eficiencia energética y el consumo de agua. Es en lo que trabajamos cada día. 

-¿Qué cambios percibe en estos años en los que cada vez hay más porcentaje de mujeres en puestos de mando en su campo?

Creo que es importante normalizar que se pueden hacer las cosas de otra manera. Hay cambios en todos los sentidos, cambia el ambiente de trabajo, se abordan las situaciones de otra manera, la empatía, y más en puestos como este en el que asumes gran responsabilidad porque tus decisiones tienen consecuencias directas sobre la vida de la gente. La gente desde fuera piensa que venimos a hacer cuatro papeles y sin toda una red de personas que está ahí yo no podría trabajar, es importante valorar que las cosas parten desde abajo. 

-Asegura que usted no tuvo referentes a la hora de decantarse por el mundo de la ingeniería, ¿qué consejo daría a las nuevas generaciones de mujeres que quieren dedicarse a este mundo en un futuro? 

Yo les diría que den lo mejor, que hay que seguir, y les animaría a apostar por Extremadura. También que no hay límites, somos conscientes de la realidad pero está claro que si quieren hacerlo lo intenten, y se apoyen en su alrededor, en su familia, en quienes tengan, porque no estarán solas. El futuro ha llegado. Hay que seguir reivindicando pero ya no hay vuelta atrás. Lo importante es que cada una decida lo que quiera ser porque ya no vamos a dejar que nos digan lo que podemos o no podemos ser.