El antiguo silo de Cáceres es un no parar. Florencio y Federico supervisan y digitalizan toda la mercancía que acaba de dejar un tráiler en el muelle de carga. Manuel prepara la primera ‘operación kilo’ presencial tras la pandemia. Ángel y Casi avanzan con la contabilidad y el papeleo. Ángel Tejero gestiona la próxima llegada de fruta desde distintos puntos del país. Aniceto calcula la nueva remesa de alimentos que enviará Europa. Otros voluntarios van y vienen entre inmensas estanterías llenas de productos que garantizarán el sustento básico de unos 8.500 cacereños. Son los más vulnerables, familias enteras sin recursos que comen gracias a la labor de estas personas. Ellas forman la esencia del Banco de Alimentos de Cáceres, que cumple su 25º aniversario.

Semejante cadena solidaria comenzó en 1996 con 12 voluntarios que conseguían distribuir unos 15.000 kilos de alimentos entre 1.350 personas. Durante los últimos años (salvo en la pandemia) se reúnen hasta 1.600 voluntarios en colectas como la ‘Gran_Recogida’, previa a la Navidad, y los resultados de su labor sorprenden: «En 2020 logramos repartir 1,6 millones de kilos de alimentos. El virus no redujo las ayudas, al contrario, recibimos más y pudimos atender a todas las personas que lo necesitaban», explica el presidente del Banco de Alimentos de Cáceres, Juan Carlos Fernández Rincón, muy agradecido a todos y en particular a quienes, hace 25 años, se lanzaron al difícil reto de que nadie pasara hambre en Cáceres.

Aquella primera acta de constitución fue suscrita el 15 de enero de 1996 por José González, Octavio Narros, Isidro Silos, Rafael Hergueta, Raimundo Gradillas, Manuel Sánchez-Herrero, Antonio Gallego, Ricardo Dantart, Julio González, Ezequiel de Pablos y Luis González Cascos, que resultó elegido coordinador. Se comprometían a una cuota mensual de mil pesetas y tuvieron su primer domicilio social en un inmueble particular de la calle Diego Mª Crehuet, hasta que el ayuntamiento les concedió un local en avenida de Alemania y un almacén en Aldea Moret, al que aún le sacan buen partido. Ya en 2006 la Junta les asignó el silo con sus oficinas anexas. Y en 2013, voluntarios placentinos crearon una delegación muy activa en su ciudad que facilita los repartos al norte cacereño.

Visita de Doña Sofía a las instalaciones del Banco de Alimentos de Cáceres, en la primavera de 2017. CEDIDA

El sustento llega puntual a todos los rincones de la provincia con dosis extras de voluntad y trabajo. El banco cacereño, perteneciente a la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), reparte su mercancía a 108 entidades de todo tipo: Red Madre, Asociación de Mujeres Separadas, ACISJF, Aldea Utopía, Cáritas, Casa de la Misericordia, Cottolengo, comedor de las Hermanas de la Caridad, Asociación de Musulmanes, Hermanos de la Cruz Blanca, iglesia evangélica Klesi, Comité Ciudadano Antisida, residencias de ancianos con plazas para personas vulnerables, conventos, otras ONGs...

Porque el banco no entrega los alimentos directamente a las personas, sino a los colectivos que las atienden, a los que envía remesas de alimentos aproximadamente cada mes y medio. En los peores meses de pandemia, la demanda se elevó un 20% pero ningún pedido quedó sin respuesta. Y ello porque las tres principales fuentes del banco no han fallado: un 35% procede de sus propios fondos a través de las ayudas que recibe y de las operaciones kilo que organiza en los supermercados; otro 30% de las frutas y hortalizas que donan empresas de distintos puntos del país; y un 30% lo aporta el FEGA.

Merece la pena analizarlo. «El FEGA (Fondo Español de Garantía Agraria) son excedentes de producción de Europa que se envían a través del Ministerio de Agricultura a los distintos bancos de alimentos. El nuestro recibe 400.000 kilogramos cada año repartidos en unos 15 artículos básicos: leche, que es el más demandado, galletas, aceite, caldos, atún, legumbres, cereales, alimentos infantiles...», desgrana el secretario de la organización, Aniceto Marcos. Los voluntarios insisten en la prioridad de los productos enlatados, porque suponen un importante ahorro energético: macedonia de frutas, judías, espinacas, sardinas...

Ahora, un reto más

El FEGA viene realizando tres envíos anuales, pero desde 2021 los reducirá a dos debido al mayor número de países europeos con necesidades. Esto supondrá una caída de un 25% que obligará a los voluntarios a conseguir los víveres por otros cauces. No obstante, el banco ha conseguido desarrollar una eficaz estructura mediante colectas de alimentos y fondos propios. Así lo explica el vicepresidente, Manuel Jiménez. De hecho, este fin de semana se ha celebrado la primera recogida ‘in situ’ de productos desde que comenzó la pandemia, en Mercadona y Carrefour, con una mínima presencia de voluntarios. Durante el pasado año se hicieron ‘on line’ (el público dejaba su donación en metálico al paso por caja) y los resultados fueron bastante satisfactorios (por encima de lo habitual), hasta tal punto que el banco cacereño apuesta por hacer colectas mixtas en los sucesivo (presenciales y ‘on line’).

Florencio Morán. SILVIA S.F.

FLORENCIO, 85 AÑOS: "SIENTO QUE DEBO AYUDAR"

Florencio Morán fue durante 42 años maquinista de Renfe. Cubría el trayecto Madrid-Portugal, pero también estuvo destacado en Miranda de Ebro, Cuenca, Madrid, Valladolid, Salamanca... «Cuando acabé mi actividad laboral, lo primero que pensé es que mi tiempo lo tenía que dedicar como cristiano a algo provechoso: a la familia y a los demás, de modo que empecé a colaborar con el Banco de Alimentos en 2006», relata. Hoy es el voluntario de mayor edad, pero en realidad es mucho más: se ha convertido en el encargado del almacén, ninguna de las miles de cajas entra ni sale del mismo sin su supervisión, y nada se firma sin su control. «Emplear el tiempo en las personas que lo necesitan es el mayor servicio que se puede hacer», subraya.

«En la Gran Recogida, que cada año llevamos a cabo antes de Navidad, el Banco de Cáceres mueve entre 1.500 y 1.600 voluntarios. Pero además, algunas de estas personas están todo el año dedicadas a otros menesteres, como el traslado de las colectas que realizan colegios, institutos, ayuntamientos y distintas instituciones y organizaciones», precisa Manuel Jiménez.

A estas donaciones de particulares se suman otras realmente importantes, que son decisivas para el Banco de Alimentos: las entregas en especie que realizan las empresas, «por ejemplo las grandes fábricas de tomate de Miajadas, arroces extremeños, patés, cantidades muy generosas que nos envían empresas cárnicas, embotelladoras de agua mineral, quesos de primera calidad del Casar, aceitunas cacereñas, tráilers cargados de leche que llegan desde Portugal...», detalla el presidente.

Un apartado fundamental son las frutas y verduras, tan necesarias y tan difíciles de manejar por su rápida caducidad. Ángel Tejero, voluntario, se encarga de esta cuestión tan delicada, que le obliga a un trabajo y a una supervisión continua: «Cada año repartimos unos 350.000 kilos que llegan procedentes de operaciones de retirada con destino a la distribución gratuita, pero de muy buena calidad. Nosotros contactamos con los proveedores pero la operación la realiza la Junta de Extremadura», puntualiza. Llegan ajos, albaricoques, berenjenas, calabacines, ciruelas, mandarinas, melocotones, naranjas, paraguayas, pepinos, peras, sandías o melones «de Almería, Murcia, Valencia, Lérida, Badajoz, Valle del Jerte... Cada quincena recibimos un camión frigorífico de unos 20.000 kilos que se reparten rápidamente», detalla. Por cierto que la gran cámara frigorífica que donó Amancio Ortega al Banco de Alimentos de Cáceres, de 20 m², es una solución excepcional para los perecederos.

La gran factura

Aun así, las donaciones no siempre están equilibradas. Resulta muy difícil que haya la misma cantidad y tipo de alimentos para todas las personas que los necesitan. Por ello, el banco cacereño compra los artículos que faltan (por ejemplo productos infantiles o pañales que en Cáceres los farmacéuticos les facilitan a buen precio). ¿Y cómo se paga esta gran cesta de la compra? Con otro de sus principales recursos: las donaciones de dinero de particulares (comenzando por sus socios); grandes empresas constructoras, eléctricas o anónimas; e instituciones como la Junta, la Diputación de Cáceres, y los ayuntamientos de Cáceres y Plasencia. La Subdelegación del Gobierno es hoy la titular del silo y de las oficinas anexas cedidas al banco.

Un control férreo

Y todo ello (las remesas de alimentos que entran y salen, su calidad, las organizaciones que necesitan ayuda, la certificación de que esos usuarios tienen necesidades reales), absolutamente todo está controlado de principio a fin mediante informes, revisiones y auditorías que realizan desde los Servicios Sociales hasta Hacienda. Ángel Bernal lleva 18 años encargado de tener a punto toda la contabilidad del banco cacereño. Se jubiló y se dedicó a esta tarea, sin remuneración, como el reto, y hoy ya es el voluntario activo más antiguo. Trabaja a diario en la oficina y a veces necesita llevarse trabajo a casa. Junto a él, Casi González, también jubilada de banca, se encarga de tener a punto toda la documentación que exige el FEGA para que Cáceres pueda recibir los excedentes de Europa, que son decisivos. Además controla su llegada, su contenido, los albaranes...

En definitiva, un trabajo en cadena que le ha valido al Banco de Alimentos de Cáceres numerosos reconocimientos como la Medalla de Extremadura o la Medalla de Cáceres, y que ahora cumple 25 años. La pandemia obligará a limitar las celebraciones, pero no faltará un concierto con la Banda Sinfónica de la Diputación, la entrega a los socios de un compendio de los boletines periódicos con fotos y contenidos nostálgicos, homenajes, alguna comida si es posible, y la publicación de un libro sobre la historia de la plaza Mayor a beneficio del banco, que ya ultiman Fernando Jiménez Berrocal, Pilar Bacas, Mercedes Pulido, Enrique Cerrillo y el propio Juan Carlos Fernández Rincón.