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El Periódico Extremadura

UNA crónica desde el santuario HASTA CONCEJO

La fe sí mueve montañas

Emoción y multitudes acompañan a la patrona de los cacereños en su bajada del santuario tras dos años sin poder hacerlo por la pandemia: «Queremos darle las gracias por habernos protegido»

Imagen de la salida de la Virgen de la Montaña del santuario tras dos años sin hacerlo por la pandemia. CarlaGraw

Quien diga que la fe no mueve montañas es porque nunca ha acudido a la bajada de la patrona. En una sola tarde consigue conjugarse el preludio de la primavera con una devoción que ya de por sí se mantiene durante todo el año pero que se hace especialmente visible durante unas horas. Desde ahí nace precisamente, de una montaña, de la suya, desde donde la Virgen arropa a la misma ciudad que un día al año la arropa a ella en su visita. 

La multitud que acompaña el paso entre la ventisca, el gentío que se congrega a su alrededor en todo momento, el bullicio que anuncia que se acerca pueden dar la impresión al que admira de lejos de que colina y comitiva bailan al compás de la Montaña. Y si no baila, al menos celebra. Porque para sus fieles siempre es motivo de celebración que baje una vez al año, pero en este caso el motivo se multiplica por dos. Por los dos años en los que la Virgen no pudo cumplir la tradición debido a la pandemia. 

Multitudinario recibimiento a la patrona, este miércoles. CarlaGraw

Tal carga de simbolismo protagonizó la procesión en esta ocasión que la capital peregrinó de forma multitudinaria al santuario para recorrer el camino de bajada junto a la imagen de la patrona. Minutos antes del anuncio de la salida, la subida a la ermita recontaba un reguero de cacereños que habían emprendido el camino desde Fuente Concejo para aguardar su salida en la explanada de la montaña. A la hora pactada y tras resonar la Salve en el santuario, la patrona abandonó el templo acompañada de pétalos de flores, aplausos y gritos de «¡Guapa!» y «¡Bonita!». 

En el cortejo, más de un centenar de hermanos de la cofradía, ataviados con la túnica azulada y la capelina blanca. Entre la multitud de cofrades, una de las más jóvenes, Celia, que a sus 18 meses, portaba ya similar indumentaria a la de su madre, Mar Rebollo y a la de su abuelo, Diego Rebollo, el impulsor de una tradición que encara ya su tercera generación. «A los tres días de nacer ya estaba inscrita», reconoce su madre, que no oculta su alegría porque su hija ejerza de relevo familiar. Tampoco oculta su satisfacción porque los tres puedan formar parte este miércoles de la comitiva tras una larga espera. «Estábamos deseando que llegara el día, tenemos mucha ilusión porque llevamos ya dos años sin verla salir», pone de relieve. 

Una cacereña con el traje regional con un ramo de flores para la Virgen de la Montaña. Al fondo, la patrona antes de enfilar el puente de la Ronda Sureste. CarlaGraw

Emprendió la marcha a buen ritmo tras abandonar el recinto del santuario al que no regresará hasta el mes de mayo acompañada también por autoridades entre las que se encontraban una representación de la Guardia Civil y la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx), María Félix Tena. Más tarde, en Fuente Concejo, tras recibir el bastón de mando al acompañamiento se unirían representantes locales, provinciales y regionales. De controlar las aglomeraciones y de posibles incidencias se encargaron la Policía Nacional, ARA, DYA y la Cruz Roja. 

Entre tonadas de «¡Viva la virgen, Viva la madre de dios!», la patrona atravesó el Calvario pasadas las 18.00 horas, un emplazamiento clave porque pasados unos metros el turno de hermanos de carga de la cofradía fue sustituido, como cada año, por varios turnos de carga populares. Del segundo formó parte Milagros Blázquez, que encabezó las andas la primera por la izquierda con una mascarilla confeccionada para la ocasión con la Virgen bordada. Tras protagonizar uno de los momentos por el que pugna la multitud, se reconoció aún «nerviosa», pero «emocionada». La cacereña confesó, además, que pidió el día libre en su trabajo para acompañar a la patrona y relató que hacía cuatro años que no acudía, los dos primeros por el luto por el fallecimiento de su madre y los dos segundos por la pandemia. Finalmente, este miércoles pudo resarcirse del periodo de silencio. 

Los cofrades más jóvenes, antes de que arrancara la procesión, en el santuario. CarlaGraw

Pasada la media hora, ya al hombro de los cofrades, la patrona dedicó una reverencia hacia los hospitales, San Pedro y el Universitario, en este caso para recordar a los enfermos de covid y enfiló su dirección al Amparo, donde recibió la tradicional ofrenda floral. Allí le aguardaban la pequeña Ainara (un año), en brazos de su madre Esther y su abuela Antonia, con el traje regional que en su día portó su tía Beatriz. «Después de tanto tiempo, venimos a agradecer a la Virgen que nos vaya protegido», pusieron de manifiesto. Encaró a partir de ahí su paso el puente de la Ronda Sureste, la principal novedad del año, ya en la ladera, dejando la montaña atrás pero con la fe intacta.

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