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El Periódico Extremadura

ANÁLISIS DE INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA: CENSOS EN DECLIVE

Cincuenta pueblos cacereños, sin un solo nacimiento en 2020

Los datos oficiales revelan que otros 60 municipios solo registraron 1 o 2 alumbramientos durante ese ejercicio. De las 223 localidades que forman la provincia, únicamente seis tuvieron más nacidos que fallecidos

Un parque en Santiago del Campo, un pueblo dotado de diversos servicios. Durante la última década han nacido trece niños, ninguno en 2020. SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Los columpios de Santiago del Campo tienen una ilustración grabada: «Disfruta de tus hijos porque lo que ahora vives, no volverá nunca más». Una frase dirigida a los padres pero tristemente premonitoria de la situación que atraviesan la gran mayoría de los municipios de la provincia. El último estudio detallado de nacimientos por poblaciones (Instituto Nacional de Estadística) revela que en 50 de las 223 localidades cacereñas (1 de cada 5) no hubo un solo nacimiento durante 2020. En otras 60 se produjeron 1 ó 2. Únicamente 39 superaron la cifra de 10. Y lo más alarmante: solo 6 municipios tuvieron crecimiento vegetativo, es decir, más nacimientos que muertes (Aldehuela del Jerte, Majadas, Saucedilla, Segura de Toro, Tiétar y Toril). Ni siquiera Cáceres o Plasencia.

La pandemia ese año aún no intervino en los nacimientos, sí en las muertes, pero los datos del INE corroboran que se trata de una tendencia progresiva que se ceba con los pueblos más pequeños. «Ya es media mañana y si acaso han entrado cuatro clientes. Así es difícil mantener un negocio», reconoce Margarita Martín, propietaria de una tienda de ultramarinos en Hinojal, municipio a 31 kilómetros de la capital cacereña que acaba de bajar de la barrera de los 400 habitantes. En la última década ha registrado 13 nacimientos (ninguno en 2010, 2017 y 2020) y no es de los que está ni mucho menos en situación crítica: tiene colegio, piscina municipal, centro médico, residencia y hogar de mayores.

«¿Dónde está el problema? En que los jóvenes se marchan porque no hay trabajo. Mi hija tiene dos títulos universitarios y se ha empleado en un banco en Toledo. Mi hijo se prepara para el Ejército. Se van, los pierdo... Y como yo, todos los padres», lamenta Margarita.

No puede haber dinamismo laboral cuando la población es mayoritariamente anciana. «He hecho de camarera, de pinche, de ayudante en la residencia... Aquí hay poco más. A mí me gusta el pueblo, pero entiendo que la juventud se vaya», comenta.

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«Aquí quedan pocos jóvenes, no hay empleo. Mi hija tiene doble carrera y trabaja en Toledo. Mi hijo se prepara para el Ejército. Los pierdo, como todos los padres»

MARGARITA MARTÍN - Comerciante de Hinojal

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Una lástima, porque entrar en Hinojal es desembarcar en el paraíso: las adelfas y las rosas compiten en colorido, hay un bullicio de trinos, los jardines están cuidados, todo luce limpio... Las primeras casas son amplias, diáfanas... Muchas parecen segundas residencias. Es lo que tiene estar cerca de núcleos como Plasencia y Cáceres. Aunque las ciudades ‘roban’ habitantes a los pueblos, las familias conservan sus hogares para los días libres. «Eso ayuda a mantener la vida aquí», apunta Francisco Rivera, operario temporal del ayuntamiento, mientras arregla los setos. «En verano recuperamos el ambiente de antes», comenta asomando una sonrisa. Le gusta, como a todos, ver Hinojal con actividad.

«No nacen niños porque las parejas no tienen empleo y dejan el pueblo. Aquí se vive del ganado, de los trabajos del ayuntamiento y algo de la construcción, poco más», analiza Francisco. «Cuando empiezan el instituto, los chavales se van cada día a la Laboral y ya se acostumbran a estar fuera», reconoce.

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«No nacen niños porque los jóvenes dejan el pueblo. Aquí se vive del ganado, de los trabajos del ayuntamiento y algo de la construcción, poco más...»

FRANCISCO RIVERA - Operario municipal de Hinojal

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En la misma calle circula con un vehículo de servicios Miguel Hurtado, que ha logrado un contrato por un año en el ayuntamiento. Está orgulloso de Hinojal, «un municipio de calles amplias, bien trazado, con calidad de vida. La desgracia es que en estos pueblos no hay trabajo». La mujer de Miguel regenta un bar y entre un ingreso y otro cubren sus gastos, aunque también han tenido que despedirse de sus hijos: «El chico se fue con pena a Madrid pero le va bien. La niña ha terminado Filología Clásica y ha volado. Vienen a vernos cuando pueden. Sé que no volverán a vivir aquí.... No hay nada, solo tierras que pasan de padres a hijos, y estos no siempre las quieren trabajar».

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«En estos municipios tenemos calidad de vida, pero no hay industria, no hay nada, solo campo y no todo el mundo quiere trabajarlo. Sé que mis hijos no volverán a vivir al pueblo»

MIGUEL HURTADO - Hostelero / operario municipal de Hinojal

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Muy cerca de Hinojal está Santiago del Campo. Buenos pavimentos de hormigón impreso, calles impolutas, casas reformadas. Tiene 234 habitantes, la mitad que en los años 80. Durante la última década han nacido trece niños (ninguno en 2013, 2015, 2018 y 2020). En 2022 esperan dos. Una de las madres se puso de parto casualmente cuando este diario visitaba el pueblo. La noticia era comentario general tras dos años sin bebés.

«En Santiago tenemos todo tipo de servicios: tres parques, piscina, casa de cultura con monitor, residencia de ancianos, pista polideportiva, colegio, consultorio médico, farmacia, cuartel de la Guardia Civil, fibra óptica para teletrabajar, viviendas asequibles (en buen estado por 30.000 €), cheque bebé de 1.000 € que algo ayuda, y una distancia de 22 kilómetros a Cáceres», detalla el alcalde, Samuel Fernández Macarro.

 ¿Qué urbanización de 230 habitantes dispone de esas dotaciones? Ninguna. Existe por tanto un problema evidente que resta población a estos municipios. «La falta del trabajo», reconoce el alcalde, cuyo ayuntamiento ha sido capaz de atraer dos grandes industrias (Herma e Imedexsa). «Aún así hay que seguir luchando contra la despoblación, se ponen medidas desde todas las administraciones, existe mucha implicación, pero nadie conoce qué soluciones serán las acertadas», reflexiona. Él mismo, como ganadero, sabe que la tierra tiene poco relevo.

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«El tema del despoblamiento es muy serio, desde todas las administraciones se toman medidas, pero nadie conoce cuáles serán las acertadas»

SAMUEL FERNÁNDEZ MACARRO - Alcalde de Santiago del Campo

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Santiago del Campo conserva uno de los servicios más preciados para cualquier pueblo: una farmacia. Al frente se encuentra Belén Guervós, consciente de que su establecimiento es un servicio básico para mantener el arraigo de los habitantes al municipio, especialmente para los mayores. «La despoblación se produce no solo porque se haya ido mucha gente, también porque las parejas que permanecen ya no tienen tantos hijos». De momento, continúa, «en Santiago hay una buena parte de la población de mediana edad que se mantiene, pero los fallecimientos no se equilibran con los nacimientos».

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«La farmacia ayuda a conservar el arraigo. También hay médico todos los días y aquí se mantiene buena parte de la población de mediana edad, pero las parejas tienen ahora menos hijos»

BELÉN GUERVÓS - Farmacéutica de Santiago del Campo

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José María Plaza es testigo directo de la evolución de este municipio como ganadero y como titular de la única tienda de ultramarinos. «En el campo no hay relevo generacional porque es ruinoso. Una factura media de pienso de 1.200 € ahora me cuesta 1.800 €. He abonado 800 € por esquilar las ovejas y la venta de esa lana me ha dejado 700 €. No llueve, y nos pagan igual que hace años por nuestros productos», explica.

En cuanto a la tienda, es la única que resiste de las 5 que había hace una década. Eso tampoco asegura las ganancias, mientras los costes suben. «En verano llegamos a pagar 1.000 euros de luz en un mes». En definitiva, revela, «mi hija está en Canarias, mi hijo en Bulgaria, y me temo que a los pueblos nos dejan morir».

FOTO: SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

«En el campo no puede haber relevo generacional porque es un negocio ruinoso, no llueve lo suficiente, suben los costes pero no los productos desde hace años»

JOSÉ MARÍA PLAZA - Ganadero / comerciante de Santiago del Campo

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El Periódico Extremadura ha contactado con otros alcaldes de municipios cacereños que en el último año analizado (INE (2020) no tuvieron nacimientos. Desde Cabezabellosa, Mª Ángeles Talaván explica que la proximidad de Plasencia hace que las parejas se marchen a vivir en busca de más servicios para la crianza, «aunque muchas mantiene aquí su segunda residencia», y además han llegado algunos jóvenes que se han empadronado, «pero la natalidad es hoy muy baja». Por ello, el pueblo se ha volcado en atraer turismo y los resultados le avalan, al estar situado entre el Jerte, el Ambroz y Tierras de Granadilla. «Tenemos el nuevo mirador, el pico Pitolero, la carretera paisajística…», detalla.

En Benquerencia, el propio alcalde, Alberto Buj, dejó Bilbao para residir en Extremadura, y desde aquí ha seguido dirigiendo una multinacional. En el pueblo están de enhorabuena porque ha nacido la primera niña tras dos décadas. El edil recuerda que los municipios ya tienen buenas dotaciones, por eso «su supervivencia pasa por cambiar el modelo y adaptarlo a nuevas variables», afirma. En concreto, «es posible atraer población flotante a las casas rurales y a espacios como nuestro camping naturista». Ahora quiere crear una comunidad energética local. «Hay que buscar otras vías, si no hay niños propios, los traeremos a disfrutar del municipio», concluye. 

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