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El medio hospital

Hospital Universitario de Cáceres.

Hospital Universitario de Cáceres. / EL PERIÓDICO

Antonio Sánchez Buenadicha

Antonio Sánchez Buenadicha

Si las previsiones oficiales se cumplen, el hospital de Cáceres tardará más de veinte años en construirse. Pero ya que ese tipo de previsiones siempre se quedan cortas, es posible que tarde más de treinta años. Como es de suponer ante esta situación surge el Cáceres doliente: «Nos tienen olvidados. Somos los últimos para todo». Pues ahora resulta que esto es cosa nuestra, o sea, de la Junta, de manera que habrá que acogerse al otro mantra: «Todo para Badajoz».

Se lo comentaba yo a mi amigo, el ilustre investigador don Eutimio Andrés de Hurtado y Mendoza Pizarro. Según sus últimas investigaciones las muertes en Cáceres desde que se comenzó el hospital no han aumentado lo que demuestra que el tal hospital no es necesario. Ahí tienen Cánovas, que en sus tiempos se llenaba de niños, criadas y reclutas y hoy está repleto de ancianos dando vueltas al jardín.

Según unos legajos que ha encontrado en unos archivos en los que se han basado los distintos consejeros de Sanidad para no acelerar las obras, el Catovi tiene una característica especial en su ADN, probablemente heredada de una de las ramas de los almohades que vivieron en esta ciudad que le hace invulnerable a muchas enfermedades o las hace más livianas. Por ejemplo, los médicos exigen unidades de cirugía cardiovascular.

Pues no son necesarias porque gracias a esos genes los incidentes cardiovasculares del Catovi se resuelven eficazmente con una pastillita. Ahora bien, no se trata solamente de la genética, es que ahí está la protección de la Virgen de la Montaña, de cuya eficacia nadie duda y que lo mismo te aprueba unas oposiciones que te cura un cáncer y me ha dicho Rafa Mateos que a lo mejor hasta logra que la mina se abra y no contamine.

Pero como nuestra ciudad se ha vuelto multiétnica y multicultural en poco tiempo, el excelentísimo y reverendísimo ayuntamiento va a promover el culto a Buda que tampoco es manco a la hora de cuidar de la salud de sus adeptos. El Catovi es consciente de este privilegio y por eso nunca ha celebrado una manifestación multitudinaria para reivindicar el hospital.