ENTREVISTA | Marisa Caldera Directora del Gran Teatro de Cáceres

Marisa Caldera: «Lo que venga al Gran Teatro tendrá su libertad. Yo no voy a vetar a nadie»

Marisa Caldera, en el Gran Teatro de Cáceres.

Marisa Caldera, en el Gran Teatro de Cáceres. / CARLOS GIL

Gema Guerra Benito

Gema Guerra Benito

No puede estrenarse de mejor manera una nueva directora del Gran Teatro que ante todas las compañías de la escena extremeña y nacional. Esa fortuna le ha correspondido a Marisa Caldera (Cáceres, 1964). La cacereña de «pura cepa» que ha compaginado su vida roles de actriz, política y sanitaria estará al frente del consorcio, para ella, un sueño cumplido. 

Antes de nada, lleva usted en el cargo una semana, ya cuenta con experiencia en la política local pero este puesto es diferente, ¿cómo han sido estos primeros días de toma de contacto? Y ¿cómo encara este nuevo mandato?

Estoy feliz. Es un orgullo tener la oportunidad de aportar mi granito de arena. Me ha cambiado la cara. Si hubiera sido más joven hubiera tenido vértigo y ahora creo que puedo aportar mi conocimiento desde mi propia experiencia y desde otras experiencias como la de juventud de mi hija. El primer día que entré aquí tuve una sensación de plenitud y de emoción. Estaba yo sola y estaban tocando dos músicos, yo vengo de familia de músicos, mi abuelo era compositor, y me saltó una lágrima. Vi el teatro, empecé a mirar el patio de butacas y di las gracias. Cuando lo pienso, me emociono. 

En sus primeras declaraciones a los medios hace días, dijo que vino a escuchar a la calle y a innovar, ¿en qué quiere innovar? ¿Qué cree que quiere el pueblo? 

Yo quiero sacar el teatro a la calle. Tengo muchas cosas en la cabeza. Quiero recibir a mucha gente en mi despacho. Quiero saber qué necesita el público, quiero llevar el teatro a todo tipo de personas. Es imprescindible saber qué necesidades tienen porque sin público no hay teatro. Y lo importante no es que vengan sino que quieran repetir. Además, estoy acompañada de un gran equipo humano. Ahora tengo que ver cómo todo lo que tenemos en mente se puede realizar. Me gustaría mantener la dinámica que hay porque hay calidad pero traer también cosas nuevas. Quiero sorprender. 

Su incorporación estuvo acompañada de una polémica relacionada con los fondos que aporta diputación porque el presidente denunció un desplante de la consejera y amenazó con retirar la asignación, ¿cómo valora este desencuentro? ¿confía en que los fondos se mantengan? 

Yo supongo que recapacitarán porque sería una decepción para los cacereños que diputación retirara su aportación. Confío en que den marcha atrás. Y si me tengo que reunir con el presidente, me reuniré. Tiene solución. 

Si no es así, teniendo en cuenta que gran parte del presupuesto del consorcio se destina a Womad, ¿pondría en riesgo su continuidad? 

Womad se tiene que hacer. Es uno de los referentes de la ciudad. 

De hecho, uno de los retos que afrontará a corto plazo es la renovación de Womad, con la singularidad de que este año también cambia de dirección, ¿garantiza que seguirá en la ciudad? ¿En algún momento se plantearía rebajarle el presupuesto y destinarlo a otras actividades culturales? 

Da la casualidad de que entro yo nueva, el equipo de gobierno es nuevo y la dirección del festival es nueva. También está bien porque podemos aportar cosas diferentes. Recuerdo cuando el festival llegó en los noventa con (Dania) Dévora, recuerdo que con Marce Solís fuimos a Canarias. Womad tiene que salir adelante. Este y el festival clásico son los sellos de Cáceres. Además, yo creo que en la cultura no debe haber color político, debemos ir todos de la mano. Nos tenemos que apoyar. Hasta ahora el consorcio ha sido un ejemplo.

Al hilo de Womad, desde hace años sigue sobre la mesa el asunto del botellón y también alusiones a la calidad del sonido y de las bandas, ¿plantea sugerir un cambio de formato teniendo en cuenta que en festivales con control sobre las bebidas como el de los 40 ha funcionado? 

No tiene que perder su esencia. Lo que pasa es que ha llegado a unas dimensiones difíciles de abarcar. A lo mejor hay que hacer algún estudio y ver cómo se puede hacer. Sobre todo en cuanto a la seguridad y lo que supone que entren botellas de vidrio o plástico. Lo más importante aparte de la música en Womad, es la seguridad. Hay que saber hacerlo bien. Y en cuanto a la ubicación, en el primer Womad, el escenario era la ciudad monumental. Había un escenario en la plaza y todo era a pie de calle, venían grupos y te sorprendían, había puestecitos, te sentabas en el suelo, comías, en el ferial no tenía sentido, tiene que estar en el casco antiguo. Cuando nos reunamos veremos a ver cómo lo planteamos. 

Marisa Caldera, en el Gran Teatro.

Marisa Caldera, en el Gran Teatro. / CARLOS GIL

Otro de los asuntos de mayor relevancia que lidera como directora del Gran Teatro es el festival Clásico, una de las citas más consolidadas, ¿cómo encara esta nueva edición? ¿Con las obras del museo se mantendrá solo un escenario como este año? ¿Cree que el formato actual es adecuado o plantea también darle un cambio?

Yo voy a mantener la calidad y el prestigio del festival. Es un privilegio estar al frente, y además por la particularidad de que la temporada de festivales arranca en Cáceres, somos el faro a seguir. Hay compañías que vienen cada año y muchas compañías extremeñas con las que contar. La idea es abrir también el teatro clásico a espacios de la ciudad monumental. Tengo que mantener la calidad con coherencia. Y si está en obras el museo, habrá que adaptar los espacios.  

En cuanto a la programación, ya está diseñada hasta primavera. A partir de ahí, ¿en qué quiere hacer hincapié?. A su parecer, ¿cree que está equilibrada? ¿O qué le falta? ¿Más espectáculos infantiles, más opciones para mayores o más teatro nacional? 

A partir de mayo será una programación nueva. Quiero que esté abierta a todo el mundo. Me encantaría traer musicales. Ahora quiero reunirme con directores y programadores y traer cosas que merezcan la pena. Hay proyectos sobre la mesa que ahora no se pueden mencionar. 

En el caso del Lope de Ayala una de las propuestas nuevas fue abrir la terraza para organizar conciertos, aquí su homólogo fue La sala 2, ¿volverá a usarse? 

Aquí la terraza no puede usarse. Ya lo miramos pero no hay espacio. Quiero abrir el ambigú, mi intención es abrir el todos los espacios del teatro que sean posibles, no solo la sala principal. 

Hasta ahora había ya funciones con escolares ¿plantea implicar más a los colegios?

Tenemos que ir de la mano con los profesores de literatura y con los directores de los colegios. Sin ellos y sin los escolares y los universitarios, que son el futuro del teatro, nuestro trabajo no tiene sentido. Las actividades paralelas como los talleres infantiles no se tienen que quedar solo en el Clásico y en Womad, tienen que formar parte de la programación habitual. 

En relación al teatro y teniendo en cuenta su vinculación con la escena hace décadas, ¿cree que el teatro extremeño vive un buen momento? ¿Ha habido muchos cambios desde que usted formaba parte del panorama o no?

Extremadura tiene muy buenas compañías y nosotros tenemos que ayudarles con la distribución. Estos días me he reunido aquí con varias compañías y la realidad es que y hay gente con muchas ganas. Nosotros dentro de nuestras posibilidades como institución, tenemos que dar respuesta a esas ganas. 

En su época con La Botika, vivió la gran explosión cultural de Cáceres, ¿se mantiene esa esencia en la ciudad? ¿Se ha perdido creatividad? ¿Y libertad?

En La botika hacíamos lo que nos daba la gana, decíamos lo que queríamos. Yo creo que no debe cortarse la libertad de expresión a ningún actor. Aquí lo que traiga también va a tener su libertad. Yo no voy a vetar a nadie. 

¿La Botika podría existir hoy? 

Por supuesto. Si en aquella época mi madre me decía cómo haces esto, ahora que somos más avanzados sí tendría cabida. Sobre un escenario debe haber libertad.

¿Cuántas veces ha ido al teatro en el último año?

Desde Faemino y Cansado hasta el espectáculo de Antonio Luis Suárez. Lo último que he visto han sido las obras de la muestra de artes escénicas. He visto todos los montajes, tenía ganas. 

Si no hubiera seguido en la sanidad o en la política, ¿habría sido actriz?

No me hubiera importado. Si no hubiese trabajado en el hospital, seguro que sí. De hecho, algún cásting hice antes de entrar en la política. Luego ganamos las elecciones y ya fui concejala. La vida luego da muchas vueltas. Cuando eres joven te comes el mundo, luego a veces el mundo te come a ti. Yo estudié música y luego empecé con La Botika y luego lo corté porque fui madre. También coincidía que estaba ya en el hospital. Luego durante cinco años estuve dando clases de teatro en el colegio de mi hija. 

¿Es más difícil estar sobre un escenario o en un acto como concejala?

Ser concejala. En un escenario puedes improvisar y hacer lo que te de la gana, no hace falta que lo que digas sea verdad, ahí puedes reaccionar como puedas. En la política, tú tienes que decir la verdad. 

¿Ser político al fin y al cabo no requiere también interpretar un papel?

No. Cuando entré en política, me hicieron una entrevista y me dijeron no sería tan difícil para mí porque yo antes había sido actriz. Y no tiene nada que ver. La política es real, el teatro, no. Sobre un escenario tú haces un personaje y puedes hacer lo que quieras pero aquí yo tengo que ser Marisa Caldera. 

Siempre se ha vinculado la cultura a la izquierda, ¿defiende usted que se puede ser de derechas y amar la cultura? 

La cultura no debería tener ideología. La cultura no es exclusiva de la izquierda, la cultura pertenece a la gente. Forma parte del pueblo. El arte no es de izquierdas ni de derechas.

Y ya por último, aprovechando tu presencia en el Gran Teatro, ¿habrá reencuentro de La Botika? 

Ya lo hubo hace tres o cuatro años pero yo no pude ir. Lo cierto es que me encantaría. Y a lo mejor salgo al escenario. Merece una fiesta de aniversario porque es un grupo de referencia para la historia de Cáceres.