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La cultura que nos viene

Estas cosas de mujeres

Imagen de una manifestación celebrada en Cáceres a favor de la igualdad. Silvia Fernández

A veces pienso que últimamente solo escribo cartas. A veces siento que solo deberíamos escribirnos epístolas. Entre nosotras, para nosotras, para todas las otras: amigas, amantes, madres y abuelas, vivas y muertas. Así comienza Carolina Meloni (¿han leído a Carolina Meloni? Lean a Meloni, por favor) un artículo precioso titulado ‘Carta coliza. A Pedro Lemebel’. Yo, disculpen, hablaré poco de cultura hoy. O no, quién sabe. Tienen las agendas en los periódicos: saben que viene Pablo Sáinz Villegas con la Orquesta de Extremadura de Andrés Salado; que hay obras en La Nave del Duende, en la Sala Guirigai, que hay conciertos, presentaciones de libros, charlas y demás. Pero hoy es 25N.

Las mujeres somos la mayoría de la profesión, pero en las noticias de los medios estamos subrepresentadas. En las culturales también, porque la falta de tiempo y la búsqueda activa se llevan mal y siempre nos falta el tiempo. Nos falta el tiempo en el trabajo y, a muchas, les falta el tiempo en la vida diaria, pendientes de ascendientes y descendientes, fregar, poner lavadoras, tender ropas, doblar ropas, planchar ropas, pensar en qué pongo mañana (esa es la gran pregunta de la humanidad, qué comemos mañana), ir a comprar, guardar la compra, cocinar, fregar, recoger, los grupos de WhatsApp de madres (siempre son madres), las reuniones de tutoría, el activismo, la vida cultural a la que no se renuncia salvo que a todo no se llegue, el deporte, los cafés con las amigas, los a ver si nos vemos. 

En medio de todo eso hay quien crea, monta compañías, canta, esculpe, fotografía, interpreta y materna, además. Hemos visto fotos de Nuqui Fernández con Pedro, su bebé, en un capazo mientras ella estudiaba su papel en ‘Menina: soy una puta obra de Velázquez’. Rebeca Santiago, guitarrista, compositora, profesora de conservatorio, directora del grupo de música Lux Contemporánea, tiene tres hijos. Alice Munro escribe cuentos porque solo disponía de la hora de la siesta de sus hijos. Mariló Valsera canta y cría. Virginia Woolf se casó, se empotró con Vita Sackville-West, luchó contra sus problemas mentales, escribía. Lo de empotrarse, por cierto, antes de que les salten todas las alarmas, es un guiño a los libros de Cristina Domenech ‘Señoras que se empotraron hace mucho’ y ‘Más señoras que se empotraron hace mucho’. Pan Yuliang fue educada para convertirse en prostituta. Luego fue una de las pintoras más famosas de China. Angelica Ross intentó suicidarse porque su madre no la aceptaba.

Podríamos seguir nombrando a mujeres de acá y de allá. Mujeres a las que se les negó la entrada en las academias, mujeres a las que no exponen en las principales pinacotecas del país (aunque compren sus cuadros y los tengan en los almacenes), mujeres a las que desdeñan porque escriben novelas románticas que venden mucho, mujeres a las que no reseñan, mujeres a las que les cuesta más dirigir que ser vestuarista, mujeres a las que hay que rescatar del olvido, del canon y del sursum corda, mujeres a las que otras mujeres niegan su identidad. 

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La violencia contra la mujer no se ejerce únicamente cuando te aplastan la cara contra la pared: sucede en muchos otros ámbitos. Cuando ellos ocupan el centro del patio y ellas la periferia. Cuando el señor de turno te explica cosas. Cuando intentas debatir en la red y lo que una pretendía un intercambio acaba siendo un montón de machirulos atacando a una mujer, por más que la mujer aporte datos y mantenga un tono sosegado. El tener que mantener un tono sosegado a toda costa, porque en cualquier conversación una mujer se expone a que la llamen cualquier sinónimo de la palabra ‘loca’. El control de los cuerpos. La limitación de los movimientos. Usar falda limita los movimientos. Usar tacones limita los movimientos. No vayas a oscuras por la calle, no viajes por tu cuenta, ten cuidado en las discotecas porque te pinchan, porque te meten droga en la bebida, porque te violan, porque te matan. Cuidado, que se le acaba la orden de alejamiento. Métete en casa.

La perla

En su primer disco, de título con tintes vallejianos, ‘Los heraldos negros’, Rui Díaz (y su Banda Imposible) nos presentaron a Ray. Ray anda como pollo sin cabeza, permítanme, que es como anda todo el que no ha tenido una vida fácil, y piensa que puede redimirse con amor, la criaturita, pero tiene un padre jodido y una relación convulsa con él y desiertos y caminos que no se sabe a dónde llevan y al final se convirtió en una especie de viejo amigo al que a veces querrías zarandear. De esa relación se habla en el nuevo trabajo que acaba de salir, ‘La balada del leñador’, que nos gusta casi más que el primero, porque nos encantan los proyectos que quieren contar historias unitarias y los discos que exigen escucha ordenada en estos tiempos de Spotify. Así que bravo por contar.

En 2014 se hizo una encuesta a mujeres de la Unión Europea. Entre las conclusiones se decía: «una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual desde los 15 años; una de cada cinco mujeres ha sufrido acoso y una de cada dos mujeres se ha enfrentado a una o varias formas de acoso sexual». 

No abrió ningún telediario, no fue portada de ningún medio de comunicación, algunos ni se hicieron eco de la noticia. El personal que investigó pedía que la violencia contra las mujeres «se reconozca y se aborde como una vulneración de los derechos fundamentales». 

Cuando estamos doce amigas en un bar siempre hay quien pregunta: ¿Qué? ¿Venís solas? Y una piensa: No, aquí no. Es en el resto de las cosas donde estamos solas. Solas entre nosotras, creando redes, sobreviviendo.

Hablando de lo de siempre. De lo que no se nombra o no se ve o no se dice o no ocupa el centro. Contándonos, las unas a las otras, estas cosas de mujeres.

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