Kiosco

El Periódico Extremadura

Baloncesto
Jesús Luis Blanco Insignia de oro de la Federación Española de Baloncesto, exsecretario técnico del Cáceres CB y expresidente de la Federación Extremeña

"A veces me tengo que pellizcar para saber si el ascenso a la ACB del Cáceres fue real o un sueño"

Jesús Luis Blanco, este jueves en su huerto en Valencia de Alcántara. EPE

Lo ha sido todo en el baloncesto extremeño. Su pasión también ha sido la enseñanza. Jesús Luis Blanco Morales (Cáceres, 1946) acaba de recibir, por sorpresa, la Insignia de Oro de la Federación Española de Baloncesto. Hombre especialmente respetado y querido en el contexto del deporte extremeño, se acerca el día del trigésimo aniversario del ascenso a la ACB del Cáceres, en el que él tuvo mucho que ver. Lejos del mundanal ruido, desde Valencia de Alcántara, en su particular retiro, aquí habla sobre todo ello.

Insignia de Oro de la Federación Española de Baloncesto después de estar más o menos retirado de sus décadas entregado a este deporte. ¿Se lo esperaba? ¿Considera que se lo merecía?

De ninguna manera, fue una auténtica sorpresa. En cuanto a merecerlo o no, soy subjetivo, pero me parece que hay muchísima gente que tiene tanto mérito como yo y no se lo han dado todavía. De todas formas, no he sido nunca alguien de ‘egos’, y eso me ha dado algunos problemas.

¿Qué le ha quedado por hacer o por vivir?

Yo he tocado todas las facetas posibles del baloncesto, menos la del arbitraje. El resto lo he hecho todo. Quizá me hubiera gustado conseguir para Extremadura alguna competición oficial, y no solamente partidos amistosos de la selección, como algún Europeo o Mundial o alguno con alguna selección de base. Eso hubiera sido la guinda de mi trayectoria en la selección, pero por lo demás no me ha quedado nada.  

¿Qué le ha gustado más, la enseñanza o el deporte?

Son dos cosas diferentes. Una es la profesión y la otra el hobby. A veces podía más el baloncesto que la propia profesión. De todas formas, soy maestro por vocación y la enseñanza me ha dado muchísimas satisfacciones, sobre todo con los alumnos. En los últimos años con los padres no tanto porque esa es la realidad, pero los alumnos han sido siempre muy importantes para mí. Lo difícil siempre ha sido compaginar las dos cosas porque eso me ha hecho quitar tiempo de otras actividades, sobre todo de la familia. Ese es un pequeño trauma que tengo: no le he dedicado el tiempo que hubiera querido a la familia.

El 10 de mayo se cumplen 30 años del ascenso a la ACB del Cáceres. Usted, con Martín Fariñas y Ñete Bohigas, hizo aquel equipo. ¿Se acuerda mucho de aquello? ¿Se lo cree ya?

A veces me tengo que pellizcar para ver si el ascenso fue real o un sueño. Era impensable encontrarse con un equipo en la ACB en tan poco tiempo, después jugando Copa Korac y llegando a la Copa del Rey en una ciudad como Cáceres, de poco más de 80.000 habitantes, que no había tenido élite de esa manera. Era para no creérselo, pero fue tan bonito e ilusionante que es imposible no recordarlo. Y cada 10 de mayo vemos el pabellón de la Ciudad Deportiva a tope, a Paco Mangut retransmitiendo el partido y diciendo que ya no había nada que hacer y yo decía que sí; y la gente saltando a la cancha, y la plaza Mayor abarrotada… imposible de borrar aquello.

¿Qué no sabemos de aquello? ¿Qué se ha quedado en el tintero?

Nada. Hemos sido bastante transparentes. Se ha contado que el fichaje de Jiri Okac se hizo tomando churros en la churrería El Castillo, pero fue en mi casa porque estaba al lado. Son anécdotas curiosas, con Ñete (Bohigas), Martín (Fariñas) y yo discutiendo con el video si interesaba o no. Y mira si interesó Jiri… Quizá no se ha dicho que en el fichaje de Freixanet (autor de la canasta del ascenso) me empeñé yo porque Martín tenía sus dudas por la lesión que había tenido, pero viendo que había sido internacional algo quedaría. A lo mejor la canasta la hubiera metido otro. Y también me considero responsable del fichaje de Felipe García, al que conocía cuando, siendo aún junior, ya jugaba en el Melilla cuando yo aún estaba en activo en el San Fernando. Fue otro fichaje del que me sentí orgulloso de propicia.

¿Volverá la ACB a Extremadura?

Ojalá. Me encantaría, aunque me va a coger ya bastante mayor para poderlo disfrutar y desde luego no como en la anterior ocasión. Se está haciendo un buen trabajo y en cuanto la gente despierte otra vez se puede conseguir.

¿Cuál es su diagnóstico sobre el deporte extremeño, ahora que lo ve desde una perspectiva más reflexiva, con menos presión?

Ha dado un cambiazo tremendo en positivo, para bien. Algunas modalidades deportivas que estaban agazapadas han explotado y ahora en deportes individuales tenemos a gente que está dando el callo y con grandes resultados. Y en equipos, como en el voleibol, tenemos un nivel buenísimo. Se han roto algunos tabúes y se están dando pasos muy importantes.

Diga un par de nombres de su deporte en Extremadura y por qué.

El primero sería el de Martín Fariñas por lo que significó como entrenador y ahora como presidente de la Federación Extremeña, que ha cogido el relevo de mi época. Es muy difícil que haya alguien que se le pueda comparar en muchos aspectos. Como jugador, evidentemente con José Manuel Calderón, una referencia que, gracias a él, el baloncesto extremeño también se ha puesto en el mapa. Tras la hazaña del Cáceres, hubo un tiempo en el que parecía que se había perdido todo. Por cierto, jugó en la selección infantil en un campeonato de España en Carmona, en Sevilla, y ahí ya lo vieron los del Tau, que eran muy listos. Yo sabía que era bueno. Me preguntaba antes algo que no se había contado: pues bien, hubo una reunión en Cáceres con los padres de Calderón para ver la posibilidad de quedarse aquí y no irse a Vitoria, pero hubo circunstancias que lo hicieron imposible al final. Estuvo a punto de quedarse. A lo mejor si hubiera sido así tampoco hubiera llegado donde llegó, pero en fin… hubiera sido una satisfacción que se quedara. Fuera del baloncesto, Carlos Sánchez Polo, que fue decisivo en lo del Cáceres.

¿Cuál ha sido su peor momento en el baloncesto?

Ha habido dos: uno, cuando le tuve que decir a Martín Fariñas que tenía que dejar el Cáceres en ese primer año en la ACB. Yo era entonces el secretario técnico y tenía que comunicar la decisión de la junta directiva.Yo era muy amigo suyo, y lo sigo siendo, y aquello fue durísimo. El otro, el fallecimiento de Quini Pulido, el expresidente de la federación extremeña antes de estar yo. Fue en el 1997. Fue un trago malísimo también. Y todavía nos acordamos de él en muchas ocasiones.

Compartir el artículo

stats