Boxeo

Gonzalo, Fran y Carlos, tres jóvenes extremeños y sus sueños olímpicos con el boxeo

Los boxeadores cuentan su experiencia en el día a día y afirman que aspiran a ser campeones en unos Juegos

Gonzalo y Fran, junto a su entrenador y seleccionador.

Gonzalo y Fran, junto a su entrenador y seleccionador. / CEDIDA

Gonzalo Galán Castro (Cáceres, 3 de diciembre de 2007) estudia Primero de Bachillerato en el IES Al-Qázeres. Tiene claro que «me gustaría ser bombero», dice este quinceañero de verbo fácil y trato muy maduro para su edad. «Tengo las ideas claras», acota este púgil junior de segundo año con categoría de menos de 57 kilos. «De chico tenía la idea de ser profesor de educación física, pero hace un par de años cambié al ver que estar encerrado en una clase no me iba a gustar», explica, para aclarar después que la actividad física la puede mantener siempre siendo bombero. Deporte. Esa es su palabra favorita, a tenor de sus explicaciones. 

«Empecé en verano del 2021. Acababa de dejar el fútbol. Me apunté, pero me salí pronto. En el verano del 2022 volví. Me federé a principios de este año», cuenta el joven deportista, que va a la Escuela Olímpica Aless Betancourt.

«El boxeo es un gran deporte, que requiere disciplina y mucho esfuerzo. Además, es fácil que te logre enganchar. En un gimnasio siempre hay buen ambiente», dice este joven que también ha jugado al fútbol, en la cantera del Cacereño, tras pasar por el San Francisco. «Jugaba de extremo derecho, corría mucho por la banda», comenta con desparpajo. «Lo dejé por los estudios, estuve medio año sin hacer deporte alguno. Bajó mi rendimiento académico, pero me di cuenta de que yo sin deporte no podía vivir y me metí en el boxeo».

Su sueño está claro. «Ganar los Juegos Olímpicos. También pasar a profesional y ganar dinero,». Evidentemente, esto no lo podría compatibilizar con la profesión de bombero. «Hablamos de un sueño. Si me surge una gran oportunidad y tengo que sacrificar lo de bombero, voy a elegir esa vía, aunque esto último también me guste».

¿Se cuida? «Sí, sobre todo cuando hay un aviso de combate. Normalmente no seguimos una dieta, pero te tienes que cuidar, sobre todo en el desayuno, y te tienes que quitar cosas. Me peso por la mañana y por la noche. En mi tiempo libre, como cualquier chaval de 15 años me divierte salir con mis amigos. Les gusta que me vaya bien y les cuento lo de mi deporte». Cuestionado por lo que se puede pensar de su deporte, comenta que «es difícil explicarlo. Lo primero que sale en Google de boxeo es una imagen de un tío sangrando. Para mí es uno de los deportes con más nobleza y se puede ver que, tras terminarse un combate, siempre hay ese respeto también con los árbitros. Como el rugby. En el fútbol hay mucha falta de respeto», compara.

Más felicidad

Francisco Peñas Yunus (24-6-2006) nació en Sevilla, se crió en Badajoz y los últimos nueve años los ha vivido en Cáceres. Estudia Segundo de Bachillerato en el IES Virgen de Guadalupe y, según él, le va bien, «aunque no sea de 10. Pienso seguir estudiando, aunque no tengo muy claro aún qué», dice con el mismo desparpajo con el que venció a su último rival en una velada en Madrid. A este joven no le gusta la noche y tiene pasado en el judo y el fútbol, deportes que practicó aparte del boxeo. «Jugué en el Benfica de Badajoz y también en la cantera del Cacereño. Era mediocentro», recalca. Su presencia física delata su fortaleza de 85 kilos.

«En el fútbol no encontré la motivación. Me apunté en la Escuela Olímpica de Aless Betancourt, probé junto a un amigo y me gustó mucho. Mi amigo lo dejé y yo seguí», cuenta Francisco Peñas, ‘Fran’ para su gente. «Hay un ambiente estupendo entre los compañeros, competidores y no competidores, es un deporte muy noble», agrega, antes de abundar en el alegato. «Hay gente que piensa que son dos personas que van a pegar encima de un ring, pero no saben lo que hay detrás: un montón de entrenamientos, sacrificios y preparación».

«Hacemos mucho físico, circuitos de musculación, días de sparring, técnica, saco… muchas cosas». Y abunda. «Somos muy sanos. Ninguno de mis amigos hace boxeo, están hartos de escucharme, jajaja; pero también están muy contentos de que esté logrando sus objetivos. Saben que no puedo salir o ir a comer con ellos porque he de entrenar», afirma distendido.

«Tengo que mantenerme en un peso y me tengo que cuidar. Mi categoría es joven de menos de 86 kilos. Siempre estoy en 85’5 y 86, en ese margen. No tengo que pasarme. Tengo que controlarme», comenta antes de decir que en su casa están con él. «Al principio mi padre podía pensar: ‘mi hijo se va a quedar tonto con tanto golpe’, pero ya se alegran de verme en los combates y que logre lo que me proponga. Sufren, normal, pero me animan».

«Mi objetivo es ser campeón olímpico», asegura por pura convicción. «¿Por qué no?», dice, en el 2028. Rafa Lozano consiguió la gloria y él también lo quiere. Su ídolo es el mito Mike Tyson y, en España, el propio Lozano o Kiko Martínez. «Ojalá esté con 30 años boxeando, aunque me tenga que privar de muchas cosas; hay que comprometerse 100 por 100», insiste alguien que se define como «muy tranquilo. Voy a lo mío; ni me molestan ni molesto».

De su preparador dice: «No se pone pesado, se pone constante. Cuando los entrenadores ven que tenemos un potencial y que cuando no lo sacamos tiene que intentar sacarlo. Siempre que puedo lo hago lo mejor posible. Una crítica siempre es buena».

Mirando al futuro

Carlos Díaz (2005, Benidorm) está afincado en Badajoz desde casi recién nacido, se apuntó con 7 años al kick boxing y cuando cumplió los 13 se pasó al boxeo. «Vi un poquito más de futuro en el boxeo. La gente habla más de él. Y yo me siento más identificado con los valores de este deporte», declara. Sus ídolos son Lomachenko, Shakur Stevenson o el uzbeko Khalokov y define como «muy buena» su afinidad con Borja Pinna. «Es la relación entrenador-púgil perfecta», dice. Actualmente compite en 48 kilos y ya ha logrado ser medalla de oro -doble medalla con kick boxing- en campeonatos de España y en torneos internacionales. 

Carlos Díaz.

Carlos Díaz. / CEDIDA

Es una de las grandes esperanzas que tiene la delegación extremeña en Cantabria. Según su entrenador, Borja Pinna, tiene garantizada la medalla. El propio Díaz, por su parte, mantiene otras preocupaciones. «La única dificultad que tengo ahora mismo es el peso. Todo lo demás, perfecto», señala.

Sobre su futuro más inmediato, tras aprobar el bachillerato, espera poder seguir formándose y prosperar como boxeador, con todo lo que ello supone. «Por supuesto que me gustaría estar en los Juegos Olímpicos, pero también veo mi futuro en el boxeo profesional, que ahora está empezando a subir en España», asevera.

Más allá de una pulida técnica que requiere este deporte o la gran capacidad física que se le exige a los púgiles, el joven boxeador tiene claro que la mentalidad es clave en el progreso individual. «Nadie te enseña a tener la cabeza en su sitio. A día de hoy me cuesta. Es cuestión de experiencia», admite. Lo que sí que tiene claro es su mensaje hacia nuevas generaciones que quieran probar esta disciplina. «Hay que incitar a la gente joven a practicar este deporte. Muchos tienen una idea equivocada», concluye el deportista.