“Dicen que nunca se rinde”, coreaba el Sánchez Pizjuán mientras salían los jugadores del Sevilla, ante la mirada de un Diego Alonso que sabía que tenía por delante un partido que podía desembocar en su salida, por no saber revertir la situación desértica de resultados y juego en la que anda hundida el sevillismo. Pero sí que acabó rindiéndose y sufrió una remontada del PSV que aprovechó la expulsión de Ocampos para revertir el 2-0 inicial y acabar ganando 2-3. Una trágica muerte que elimina al Sevilla de esta Champions.

El ambiente era tenso, como si los sevillistas se olieran que se venían cosas grandes. Y es que la realidad es que se vio al mejor Sevilla desde que el uruguayo llegó al banquillo en la primera parte. La rocosidad defensiva y las transiciones rápidas lideradas por Lukebakio Rakitic hicieron que el conjunto de Nervión fuera superior. Justo era que se llevase su premio con un primer gol de un experimentado Sergio Ramos, que remataba En-Nesyri con el 2-0 al inicio de la segunda parte. Acuña no solo anuló a Bakayoko, sino que se permitió el lujo de ponerle el segundo al marroquí.

Pero el partido se daba la vuelta con la expulsión de Ocampos por una doble amarilla. El argentino metía en un lío tremendo al Sevilla, que le iba a costar la clasificación. El conjunto de Diego Alonso se dedicaba a resistir agónicamente en la mitad de la segunda parte tras un golazo de Saibar, que culminaron Vertessen en el minuto 82 y Pepi en el descuento. Adiós a la Champions.

Y como no supo resistir, el Sevilla acabó el partido tocado y hundido, con los aficionados esta vez pidiendo dimisiones y saliendo del estadio antes de que acabara el partido. Se van a casa los rojiblancos siendo colistas de la tabla con 3 puntos y sin opciones en la competición europea. Diego Alonso, por su parte, se marcha muy cuestionado. Ni la destitución de Mendilibar, ni las charlas de los ultras reviven al conjunto de Nervión

El Sevilla sale enchufado

Acuña, Ramos, Gudelj y Navas. Con ese veteranísimo eje defensivo había saltado al campo el conjunto hispalense. Pocas sorpresas en el centro del campo con Rakitic, Fernando y Sow. Arriba, el de siempre: En-Nesyri, acompañado de Ocampos y Lukebakio, que estaba vez jugaba por la izquierda.

El Sevilla salía al partido sabiendo que estaban ante una final, manteniendo una presión alta ante la posesión del equipo de Peter Bosz, que intentaba buscar la profundidad ante la rocosidad de la zaga rojiblanca.

La tensión se notaba en el ambiente, en la afición y en los jugadores en una primera parte sin ritmo que se vio perturbada por varias faltas que mantuvieron el juego parado. Necesitaba el equipo de Diego Alonso electricidad, que el PSV quería apagar, sorprendiendo en alguna contra que no obtuvo sus frutos. Bakoyoko, por el carril derecho, volvía loco a Acuña, que veía como el PSV lo intentaba una y otra vez por su banda.

Desde esa seguridad defensiva, el Sevilla se acercaba poco a poco a la portería neerlandesa. Era Ramos, bien conocedor de estas grandes citas, quien tenía la primera oportunidad de cabeza en el minuto 10. Después, ni Navas, ni Acuña, ni Ocampos, pero sobre todo En-Nesyri, eran capaces de encontrar la finura necesaria para lanzar un buen último pase y rematar para poner en aprietos a Benítez, el guardameta argentino del PSV.

Sergio Ramos y la Champions, una historia de amor

El conjunto neerlandés se tomaba con calma el partido. Claro que a ellos el empate le valía. Esfuerzo importante de los de Nervión, que estaban siendo mejores y que se llevaron su justo premio en el minuto 24 con un gol del jugador que hoy cumplía su partido número 141 en la Champions League, el central con más experiencia en estas citas tan agónicas como eléctricas: Sergio Ramos. Un centro de Rakitic tras una falta rozaba en el pie del camero, que celebraba con rabia el 1-0.

Pero el partido no perdía fuelle y el PSV encontraba espacios ante las transiciones atrevidas del Sevilla, lideradas por Rakitic Lukebakio. Parece que el Sevilla no se libra de las rojas y también iban a caer en este partido, esta vez para uno de los ayudantes de Diego Alonso, roja directa.

Se venía arriba el equipo hispalense con un tanto que Sow que fue anulado por una mano en el arranque de la jugada. No dejaban de pasar cosas, ni parpadear podían los aficionados en Nervión. De un remate al palo de En-Nesyri a un paradón de Dimitrovic ante Lozano.

En-Nesyri desata la locura

Ni dos minutos habían pasado de la segunda parte cuando caía el segundo gol en la capital hispalense. Tras un pase de un providencial Acuña, definía En-Nesyri ante una defensa holandesa adormecida. Diego Alonso, que ya estaba haciendo las maletas, se volvía loco en la banda. Estaban saliendo las cosas.

Pero enfrente tenían a un PSV que había salido con su once de gala dispuesto a demostrar por qué camina impoluto por el campeonato de Países Bajos.

Jesús Navas, muy a su pesar, tenía que salir del campo en el 58, debido a un golpe que recibió en la primera parte y tras el que decidió seguir, pues era por la banda derecha desde donde estaban llegando todas las ofensivas.

El Sevilla se queda con 10 y el PSV no perdona

No conoce un partido tranquilo el Sevilla. El equipo holandés apretaba y Ocampos, en respuesta, cometía un error que le costaba la segunda amarilla, por una entrada desafortunada a Vertessen. Pedía perdón a la grada, sabiendo que era un fallo que podía costar muy caro al equipo hispalense. Y así fue, pues unos minutos después llegaba un golazo de Saibar, rematando casi de espaldas a portería un centro latera. Lo iba a pasar mal el Sevilla. Resistir era el plan.

Estaba muy nervioso y totalmente desconectado el equipo de Diego Alonso, que intentaba revertir la situación con la entrada de NianzouJordán y Rafa Mir. Dmitrovic tuvo que parar una y otra vez los lanzamientos incesantes de un PSV volcado en el área sevillista. Y al igual que la primera parte le dio al Sevilla su premio, la segunda se la dio al PSV con un gol de Vertessen en el minuto 82 y uno de Pepi en el descuento. Desolación total en la grada del Sánchez Pizjuán, que se había visto dentro.

Necesitaba el Sevilla enderezar su angustioso rumbo para seguir vivo en la Champions y llegar a la última jornada con el pase en su mano. Pero otra vez, otra expulsión, que ya son costumbre en la capital hispalense decidieron el rumbo del partido. Ahora sí, Diego Alonso va pensándose lo de hacer las maletas.