Cientos de miles de paneles solares colocados sobre extensiones que abarcan la superficie equivalente a cientos y cientos de campos de fútbol situados unos a continuación de los otros. Los grandes parques solares, algunos de ellos con dimensiones tan espectaculares como las inversiones que los acompañan, se están haciendo cada vez más habituales en los paisajes de muchas regiones españolas, entre ellas, y especialmente, en la extremeña, una de las que mejores condiciones ofrecen para dar rentabilidad a esta tecnología renovable. Detrás de estos proyectos están grandes compañías y fondos de inversión que se han lanzado a la conquista de los beneficios económicos de esta energía.

En pleno proceso de cierre de las centrales térmicas de carbón y con un calendario ya fijado para hacer lo propio con las nucleares en no muchos años, combatir el cambio climático y garantizar a la vez el suministro eléctrico parece convertir en imprescindibles estas instalaciones, que evitan la emisión de cantidades ingentes de CO2 a la atmósfera. El empleo que se crea durante su construcción, y el maná que para las arcas de los ayuntamientos suponen las tasas e impuestos por las que tributan, incrementan igualmente el atractivo de estas instalaciones.

No obstante, se plantea la cuestión de si el número de proyectos y las dimensiones que alcanzan algunos no están siendo excesivos. Porque en ellos no es sol todo lo que reluce. También tienen impactos tanto en el paisaje como en la avifauna y en ocasiones pueden entrar en colisión con los usos agroganaderos. Por otro lado, la proliferación de estas iniciativas pone trabas a la entrada en el negocio de la generación eléctrica de los pequeños y medianos productores.

Extremadura es la comunidad autónoma líder en potencia fotovoltaica instalada, con 3.336,9 megavatios (MW) puestos en servicio ---casi una cuarta parte del total de España-- repartidos en 626 plantas. De ellos, 1.320,9 MW se conectaron a la red el año pasado, uno de cada dos que se instalaron en todo el país. Según los datos facilitados por la Consejería para la Transición Ecológica y Sostenibilidad, a día de hoy hay otros 28 proyectos en construcción, con 1.820 MW, y 157 en tramitación, con 5.127,2 MW (la práctica totalidad de ellos, con autorización administrativa o proyecto presentado).

Actualmente hay 28 proyectos en construcción, con 1.820 MW de potencia, y 157 en tramitación, con 5.127,2 MW (la práctica totalidad de ellos, con autorización administrativa o proyecto presentado).

«Entendemos que hay que hacer parques solares, pero es verdad que quizá la cantidad está siendo un poco excesiva y sobre todo las extensiones tan brutales que ocupan. Hay una especulación bestial», resume Pablo Ramos, coordinador de Ecologistas Extremadura. «Es un tema con muchas aristas -esgrime-. Queremos que haya proyectos, y sabemos que hay que apostar por la energía solar, porque la eólica para nosotros no tiene cabida en la región por su mayor impacto sobre las aves, pero el equilibrio siempre es difícil».

Aves esteparias

Las aves esteparias, subraya Ramos, están siendo «las grandes perjudicadas» de estas instalaciones. Especies «de gran atractivo para el turismo ornitológico», entre las que cita el sisón, la avutarda, el cernícalo primilla, la ganga, el aguilucho cenizo o la carraca, a menudo «vulnerables y con problemas de conservación». «Muchas de ellas están viendo los sitios donde se reproducen, sus zonas de cría, ocupados por parques solares porque la evaluación ambiental muchas veces no se hace muy bien. O quedándose sin las zonas de alimentación», arguye. «La bajada de población de estas aves la vamos a ver dentro de poco en determinadas zonas rurales», avanza.

«Entendemos que hay que hacer parques solares, pero es verdad que quizá la cantidad está siendo un poco excesiva y sobre todo las extensiones tan brutales que ocupan. Hay una especulación bestial»

Pablo Ramos - Coordinador de Ecologistas Extremadura

«Aunque a nosotros se nos mandan, no tenemos capacidad para alegar a todos los parques ni por asomo, es una avalancha. Hay semanas que llegan uno o dos cada día», destaca el coordinador de Ecologistas Extremadura, quien se muestra partidario también de que haya un mayor control a la hora de permitir que se pongan varios proyectos, en teoría diferentes, «pegados uno detrás de otro». «Para no tener que hacer la evaluación ambiental del ministerio, que es un poquito más exigente y costosa, se recurre a la de la comunidad autónoma» que solo puede valorar los de menos de 50 MW de potencia, explica. «Hay muchos casos en los que están varios de 49 MW uno al lado del otro y entonces al final creas un megaparque partido en cinco o seis, que tiene un impacto acumulativo y que conlleva la construcción de tendidos eléctricos que son un grave perjuicio para las aves», sostiene.

La planta fotovoltaica Núñez de Balboa (Usagre), cuando estaba aún en construcción.

En contraposición a este modelo, incide en el autoconsumo como «la mejor alternativa económica y socialmente hablando para los extremeños», ya sean particulares, «pequeñas empresas o centros educativos. Tiene un impacto mucho menor porque no conlleva transporte de energía ni hay que quitar ningún árbol». 

En abril del año pasado Iberdrola puso en marcha en Usagre (Badajoz) la mayor planta fotovoltaica de Europa, con 500 MW de potencia instalada y que se extiende por mil hectáreas. Supera a la que poco menos de un año antes se inauguró en Mula (Murcia), con 494 MW, pero tanto una como otra se verán sobrepasadas por otra planta que actualmente se construye sobre 1.300 hectáreas de los municipios cacereños de Torrecillas de la Tiesa y Aldeacentenera y que se prevé poner en operación el ejercicio próximo. El proyecto, denominado Francisco Pizarro, tendrá una potencia instalada de 590 MW.

España cuenta con cuatro de los cinco parques solares más grandes del continente, ya estén en construcción o funcionando. «Hay que poner en marcha un plan de descarbonización y cerrar todas las centrales que no sean renovables, y eso habrá que compensarlo con un mix verde, pero no hace falta que pensemos solo en grandes centrales», subraya Carlos Bravo, consultor ambiental. Considera que, entre otras cuestiones, hay que apostar «al máximo por la generación distribuida», en la misma línea de lo que ya hizo Alemania hace años, a pesar de ser un país que tiene «menos de la mitad de nuestra intensidad solar». 

Pero sobre todo, Bravo hace hincapié en la necesidad de ganar en eficiencia. «No hay que sustituir toda la potencia que se quite con renovables, porque ahora mismo despilfarramos una enorme cantidad de energía, utilizamos tecnologías muy ineficientes».

El sistema energético español ha estado históricamente «sobredimensionado», argumenta este experto, que recuerda el ‘boom’ de las centrales de ciclo combinado «que han sido un lastre enorme para el sistema eléctrico. La mayoría de ellas no han estado funcionando y ha habido que pagar por tenerlas hibernadas». En paralelo, advierte, ahora «la transición energética hay que hacerla, pero eficientemente. Si se supedita todo a los intereses de las grandes compañías, vamos a tener otra vez grandes problemas».

«Hay que ser muy eficientes en el consumo de nuestra energía para, primero, prescindir rápidamente de los combustibles fósiles, pero también para tratar de poner el menor número de plantas renovables que sea posible»

Carlos Bravo - Consultor ambiental. Portavoz de Transport & Environment

Portavoz de Transport & Environment, una oenegé cuyo objetivo es promover un modelo de transporte sostenible y eficiente, para ilustrar la dirección en la que considera que debe irse pone el ejemplo del transporte por carretera, que supone el 26,8% de todas las emisiones de efecto invernadero en España. «Está muy claro que tenemos que ir al uso de vehículos eléctricos, incluidos camiones y furgonetas, porque este motor tiene un 80% de eficiencia energética, el doble que el de combustión», cuenta. Otras alternativas a los combustibles fósiles, sostiene, aunque limpias también, no son igual de eficientes. «Si queremos mover los vehículos con hidrogeno verde, aunque está completamente libre de emisiones, gastas dos o tres veces más de energía para producirlo, y si lo combinas para hacer electrocombustibles, entonces gastas entre seis y siete veces más». «Hay que tomarse esto muy en serio, ser muy eficientes en el consumo de nuestra energía y de nuestros recursos para, primero, prescindir rápidamente de los combustibles fósiles, pero también para tratar de poner el menor número de plantas renovables que sea posible», remacha.

¿Y los pequeños productores?

Desde Anpier, una asociación que defiende los intereses de los pequeños y medianos productores de energía solar fotovoltaica, también se advierte de las consecuencias del «desorden» en la instalación de estas macroplantas. «Hay que ser realistas: hacer la transición energética con pequeños parques no es suficiente. Los grandes son necesarios, pero lo que hay que hacer es modular cuántos hacen falta y qué ubicaciones son las óptimas», alega Rafael Barrera, director de esta asociación, quien echa en falta «una tutela por parte de las diferentes administraciones» en este proceso.

Esta ausencia de control, agrega, se está traduciendo en una barrera para la entrada en el mercado de los pequeños productores. «La capacidad de las redes no es infinita, y cuando hemos visto la evacuación que queda, nos damos cuenta de que apenas hay ya. Y eso es un límite para el desarrollo de iniciativas de pymes y para los autoconsumos», lamenta. Además, aduce, «estamos viendo que mientras que la instalación de la potencia renovable va muy por encima de las previsiones, la electrificación no tiene el dinamismo que debería, como es el caso de la incorporación del vehículo eléctrica, por lo que podríamos tener una sobrecapacidad de generación».

Esta asociación alega varios motivos más para recelar de este modelo de grandes instalaciones, que contrapone a la «revolución fotovoltaica» que se sigue en otros países europeos, distribuida en pequeñas y medianas potencias. Uno de ellos es que sus beneficios, que es cierto que son más cuantiosos al aprovechar las economías de escala, acaban nutriendo en buena medida a grandes fondos de inversión fuera de las fronteras españolas, lejos de los territorios en los que se originan. 

De la misma forma, se asegura, las macroinstalaciones acaban encareciendo el suministro eléctrico. La razón argumentada es que los parques fotovoltaicos pequeños, de menos de 5 MW (10 hectáreas de superficie) no necesitan tensiones muy elevadas ni un gran transporte, ya que la energía producida se consume en cercanía y fluye por la red de distribución, con lo que se prescinde de infraestructuras y se minimizan las pérdidas. Eso evita tener que transformar enormes volúmenes de MWh en alta tensión y transportarlos a elevadas distancias, donde otra vez se devuelven a tensiones menores.

«Esto era una gran oportunidad para este país de socializar el negocio de la generación. Y ya se ha perdido gran parte de esa oportunidad, pero todavía queda margen. Estamos a tiempo de que por lo menos ese margen que resta se ponga en manos del ciudadano»

Rafael Barrera - Director de Anpier

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Desde este colectivo se pide la reserva de, al menos, un 20% de potencia en cada nudo para instalaciones pequeñas. «Con la madurez de la tecnología fotovoltaica y las condiciones de España, sabíamos que después de la moratoria renovable de 2012 iba a haber un ‘boom’. Y que esto era una gran oportunidad para este país de socializar el negocio de la generación. Y ya se ha perdido gran parte de esa oportunidad, pero todavía queda margen. Estamos a tiempo de que por lo menos ese margen que resta se ponga en manos del ciudadano», remacha.

En algunas zonas del país también se ha criticado la proliferación de estas centrales por expulsar del territorio rural a los agricultores y ganaderos o por encarecer el uso de sus tierras al presionar al alza los precios, algo que desde la organización Asaja se ha denunciado en provincias como León y Toledo. En la región, Juan Metidieri, presidente de APAG Extremadura Asaja, asegura que de momento ni una cosa ni otra. «El 90% de los parques solares que se están haciendo es en tierras marginales», por lo que están teniendo «buena acogida» en sus respectivas ubicaciones. Como excepción, cita únicamente la colocación de paneles en Tierra de Barros, que supondrá arrancar «muchos olivos y viñas».  «Lo que hay que evitar es que se instalen en zonas donde la tierra ya genera mucha riqueza y mano de obra», asevera.