Los delitos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación se han disparado durante la pandemia. En el 2020 crecieron un 52%, hasta alcanzar los 4.632 ciberdelitos, y suponen ya el 18,4% del total de los delitos cometidos en Extremadura. 

El incremento de estos hechos delictivos ha sido imparable en los últimos años. De hecho, en el 2015 se registraron poco más de un millar que supusieron apenas el 4% del total de los delitos, según los datos ofrecidos ayer por la Delegación del Gobierno en Extremadura y extraídos del VIII Informe sobre Cibercriminalidad, publicado por el Ministerio del Interior. «Los datos contabilizados desde 2015 confirman que la ciberdelincuencia es un fenómeno en crecimiento y que aumenta progresivamente su peso proporcional dentro del conjunto de la criminalidad», señala la delegación. 

Del total de ciberdelitos conocidos en Extremadura, el 84,4% (3.917) fueron fraudes informáticos (estafas). En 2015 hubo 602. A mucha distancia le siguieron las amenazas y coacciones cometidas a través de Internet (303 casos), que representan un 6,53%, y la falsificación informática que representa el 4,44% con 206 casos detectados en Extremadura. Además, en ese año se contabilizaron 104 casos de acceso e interceptación ilícita, 43 contra el honor, 34 de interferencia en los datos y en el sistema, 26 delitos sexuales y cinco contra la propiedad industrial/intelectual.

La cuarta región con menos casos

Pese al incremento registrado de este tipo de delitos en Extremadura, la comunidad es la cuarta con menos casos detectados, precedida por Navarra, Cantabria y la Rioja, según destaca la Delegación del Gobierno en la región.

En España, las fuerzas y cuerpos de seguridad registraron durante 2020 un total de 287.963 ciberdelitos, un 31,9% más que en 2019, con lo que el alza sostenida que se detectaba en este tipo de criminalidad se ha disparado por la pandemia de covid-19, en especial por fraudes y estafas en Internet. Del total de ciberdelitos denunciados, el 89,6% (257.907) fueron fraudes informáticos, a mucha distancia de las amenazas y coacciones cometidas a través de Internet (14.066 casos), que representan un 4,9%.

El informe expone que, según el Centro Criptológico Nacional, la cibercriminalidad estuvo «íntimamente» relacionada con la pandemia, con diferentes modalidades (robo de información; campañas de 'ransomware'; acción de influencia, propaganda o desinformación promovidas por estados; delincuencia económica, entre otros).

A corto plazo, se espera que sigan creciendo los ataques a redes domésticas y equipos personales como consecuencia del teletrabajo y que se incrementen «los ataques a farmacéuticas, laboratorios de investigación dedicados a la covid-19 o víctimas relacionadas con el sector».

Asimismo, el informe de Interior constata que desde 2016 la ciberdelincuencia es un «fenómeno en crecimiento» que aumenta «progresivamente» su peso proporcional dentro del conjunto de la criminalidad. Una muestra de ello es que desde 2016 a 2000 se ha pasado de 92.000 hechos conocidos a casi 288.000. Dicho de otro modo, los ciberdelitos han pasado de ser el 4,6% del total al 16,3% en tan solo cuatro años.

El perfil del ciberdelincuente es el de un hombre (73,3%), de entre 26 y 40 años y de nacionalidad española. Estas personas están presuntamente implicadas en la comisión de fraudes informáticos, amenazas y coacciones y delitos sexuales. Desde el punto de vista geográfico, la distribución de la ciberdelincuencia sitúa a Cataluña, Madrid, Andalucía y Comunidad Valenciana entre las comunidades que concentran más infracciones penales.