«El mes de octubre me cansa». Lo afirma Laura Martín (Talavera de la Reina / Badajoz, 1986) un par de días después de someterse a una nueva sesión de quimioterapia. Tras pasar por un cáncer de mama en 2017, esta joven se está tratando desde hace un año y medio contra la metástasis que ha desarrollado. «Estoy cansada de todo ese lenguaje bélico. Nos hace sentir mal porque parece que en algún punto nos rendimos», afirma. 

Coincide con ella Fiorella Liset (Lima / Almendralejo, 1985), a quien le detectaron un cáncer de mama en 2019: «Lo primero que oí cuando me dijeron que tenía cáncer era que esa guerra la iba a ganar. Y mira es que no somos luchadoras ni guerreras: tenemos un cáncer de mama», afirma. Martín y Liset hablan con este periódico para hacer un repaso crítico del llamado «mes rosa». 

Tócate

«Estoy muy cansada de todas las campañas que nos dicen que nos toquemos el pecho. Me da la sensación de que se pone el peso de la detección en nosotras. Es que cuando yo me noté algo en el pecho mi cáncer ya estaba desarrollado y en el estadio 3. Quizás deberían hacer más revisiones y antes, porque cada vez son más jóvenes las mujeres que sufren un cáncer», argumenta Martín. «A mí me salió un hoyuelo en mi teta que notó mi pareja. Fui a mi médico de cabecera y no estaba él sino una sustituta. Me chequeó y me dijo que no tenía nada. Esto fue en diciembre de 2018. Volví cuatro meses después y ahí ya estaba mi doctor que me mandó a hacer todas las pruebas», recuerda Liset.

Fiorella Liset enseña su teta izquierda, donde tuvo el tumor. CEDIDA

Y si el machaqueo de «tocarse» puede ser un arma de doble filo que haga sentir culpa a las pacientes, también lo hacen los mensajes continuos para que se mantengan enteras: «Nos meten muchísima presión social con que tenemos que ser fuertes y que no nos tenemos que venir abajo», denuncia Martín. 

La pacense señala también que se «frivoliza» con la estética que deja la enfermedad. «Cuando pierdes el pelo o la teta, más con los roles de género que tenemos impuestos las mujeres, no es algo baladí y la gente lo soluciona con un ‘no pasa nada’», lamenta. «Yo entiendo que la gente lo dice con buena intención pero hubiera preferido escuchar otras cosas tipo ‘te entiendo’ o ‘sé que estás mal’ y ya», tercia Liset. «Aparte que físicamente te ves mal, yo me miraba al espejo y no era yo. Por un lado las campañas dicen que se normalice pero por otro hay todo un mercado que te intenta vender cosas para que ocultes tu enfermedad», denuncia.

El negocio y la estética

«¿Por qué me tengo que poner una peluca y maquillarme para ocultar que estoy mal? ¿Cómo me voy a pintar si no tengo ni cejas? Yo estaba hecha polvo por dentro y cuando veo las fotografías en tiendas que venden estos productos me digo que no puede ser real», expone Liset.

«A mí me gustaría que se normalizara ser una mujer con un solo pecho. No es sencillo ser uniteta, vas al gimnasio y tienes miradas, no es fácil encontrar sujetadores, además de la inseguridad que te produce por ejemplo al encontrar pareja», narra Martín. 

Ella decidió no hacerse la reconstrucción mamaria, si bien remó a contracorriente por no hacerlo: «Reconstruirme suponía pasar por siete intervenciones durante un año y medio. Recibí mucha presión por parte del equipo médico, ellos dan por hecho que lo quieres hacer y si dices que no te intentan convencer. Es que no quiero pasar por ahí. A priori te lo pintan sencillo pero luego puede dar muchos problemas, que tu cuerpo lo rechace o que tú misma no estés satisfecha con el resultado», expone.  

Laura Martín.

Laura Martín. CEDIDA

Las dos pacientes también creen que muchas empresas e instituciones utilizan el mes de octubre para hacer un lavado de cara corporativo y llaman a los consumidores para que sean críticos a la hora de comprar ciertos productos. «Se está haciendo mucho negocio con el ‘por comprar este producto donamos X dinero’», dice Martín. 

«Si todos los ayuntamientos en lugar de iluminar de rosa los edificios donaran solo cinco euros a la investigación sería muchísimo», aporta Liset. «En lugar de tanta publicidad rosa, que donen todo el dinero para la investigación, que es lo que nos da calidad de vida, y también para ayudar a las pacientes», añade. 

Los apoyos

Las dificultades económicas por las que atraviesan es otro de los temas aún invisibilizados. Si bien la seguridad social costea todo el tratamiento contra la enfermedad, estas personas dejan de trabajar durante ese periodo. Y los ingresos, en algún punto, se acaban. «He tenido momentos en los que me he visto súper apurada, sin trabajo y sin una ayuda. Antes del cáncer trabajaba en la hostelería, pero ahora me da miedo que aparezcan linfomas que me inflamen el brazo. Las mujeres quedamos con muchas secuelas. Y una vez que pasas la enfermedad tienes que buscarte la vida y trabajar», detalla Liset. Ella ha preferido volver al mundo laboral porque conseguir la incapacidad supone todo un proceso burocrático «agotador». 

Fiorella Liset muestra su imagen de cuando se estaba sometiendo a la quimioterapia. CEDIDA

Lo confirma Martín, que sí la tiene: «Afortunadamente cumplía uno de los requisitos, que es haber cotizado cinco años, pero de milagro. ¿Qué hubiera pasado si mi cáncer aparece un par de años antes? Aparte de que nosotras cuando tenemos la enfermedad estamos en modo supervivencia, es después cuando te viene todo el shock. Y con toda esa hostia emocional búscate un trabajo y explícale a las empresas por qué has estado todo un periodo fuera del mundo laboral», dice.

Las dos también demandan un mayor apoyo psicológico tanto durante el cáncer como después. «Yo soy psicóloga y para tener una buena terapia tengo que pagármela de mi bolsillo», cuenta Martín. Confiesa que aún le cuesta tener contacto con la zona en donde antes tenía su pecho, por eso reclama un enfoque psicológico y un apoyo más amplio. «Es que parece que simplemente tienes que estar contenta por estar viva», lamenta.

Visibilizar una realidad cruda, y aceptarla tal y como es, es la vía que Martín y Liset proponen para apoyar de verdad a las pacientes. Porque el cáncer «no es para nada rosita». 

‘Llámalo cáncer’

Desde las asociaciones oncológicas, que tratan directamente con las pacientes, coinciden en que cada una enfrenta los mensajes del ‘mes rosa’ de manera diferente. «Va en la línea del paciente, según su personalidad, hay algunas que se sienten acompañadas y otras que preferirían no tener presente la enfermedad todo el tiempo», explica Marta Nadal, psicóloga de la Asociación Oncológica Extremeña. Similar análisis hace Lorena Alonso, también psicóloga pero de la Asociación Española Contra el Cáncer en Cáceres: «Cómo se afronta este mes de octubre depende de la persona, hay gente a la que le gusta verse identificada y otras que no tanto», dice.

Ambas profesionales ponen el foco en que lo importante es visibilizar el cáncer y seguir destinando recursos para su investigación, tanto en el de mama como en todas sus variantes: «Es cierto que se le da mucha publicidad al cáncer de mama y se debe visibilizar todos los tumores», expone Nadal. «Desde nuestra asociación lo que intentamos es visibilizar la enfermedad y dejar de hablar de ‘monstruo’, ‘bicho’ o ‘lentejita’. Es una enfermedad y eso nunca es una buena noticia y se llama cáncer. De hecho ese ha sido el lema de nuestra última campaña: ‘Llámalo cáncer’», concluye Alonso. 

Imagen compartida por Fiorella en su cuenta de Instagram @fiorellalbc

Imagen compartida por Fiorella en su cuenta de Instagram @fiorellalbc CEDIDA

Un comité para estudiar cada caso

Es un comité multidisciplinar formado por cirujanos, radioterapeutas, patólogos, oncólogos médicos, radiólogos, cirujanos plásticos y especialistas en cáncer hereditario el que decide sobre la conveniencia de realizar la reconstrucción mamaria. En el caso del Comité de Patología Mamaria y Tumores Ginecológicos del Hospital Universitario de Cáceres son 35 los profesionales que lo componen.

Desde este comité explican que la reconstrucción mamaria puede ser bien inmediata, en la misma cirugía en la que se extrae el tumor, o bien diferida, tras la cirugía y el correspondiente tratamiento. La elección de una u otra opción es «compleja» pues depende de cada caso pero subrayan que la paciente «está perfectamente informada» sobre sus opciones. El doctor Pablo Cordero, oncólogo y miembro de este comité, explica que en muchos casos hay mujeres que declinan la operación de reconstrucción porque «priorizan otras tareas». «La mujer, además de trabajar, tiene otras connotaciones, como madre, cuidadora… Y anteponen eso a la intervención», explica. «También es relevante mencionar que muchas veces se trata del primer choque: después de haber pasado el tratamiento la reconstrucción se ve como un follón. Hay que darles tiempo y la mayoría finalmente la hacen. Para la paciente normalmente tiene un impacto positivo a nivel psicológico», añade.

Este médico defiende las campañas que se hacen en este mes como forma de crear «un tejido social» que promueva la prevención y la investigación.

#MenosRosaYMásInvestigación

Patricia Luján promueve con varias mujeres diagnosticadas con cáncer una campaña en redes. Ellas muestran la cara más cruda y real de todo el proceso.

Algunas de las imágenes que Patricia Luján muestra en su perfil realizadas con otras activistas. CEDIDA

Recoger las voces de las mujeres que han pasado la enfermedad. Este es el objetivo de Patricia Luján, autora de ¡Pechos fuera! Un manifiesto por la libertad de las tetas, mamas, senos, domingas, mamellas, lolas, perolas… Que, inspirada en uno de los capítulos de su libro, titulado ‘La teta no es de color rosa’, promueve una campaña en redes con el apoyo de varias mujeres que han pasado la enfermedad y también hacen activismo. Cansadas de la visión «dulcificada» que se da de la enfermedad, ellas muestran la cara más cruda y real de todo el proceso. «Me puse en contacto con estas mujeres para explicar la enfermedad sin tabúes y con palabras reales», cuenta Luján.

Responsable de campañas publicitarias como ‘Bienvenido a la República Independiente de tu casa’ de Ikea o las ‘nubes’ de Vueling, Luján conoce los entresijos del mercado y con su campaña denuncia el ‘pinkwashing’, un término que en español se traduciría como ‘lavado de imagen rosa’. «Si bien es cierto que poco a poco van cambiando los mensajes, las empresas siguen utilizando estas campañas para ganar pasta. La pregunta es: ¿No se podría destinar todo ese dinero invertido en publicidad para la investigación?», denuncia. Esta autora llama a los consumidores a «hacerse preguntas» sobre cómo utilizan esas empresas el dinero: «Es la misma filosofía de la campaña #ThinkBeforeYouPink (‘Piensa antes del rosa’ en español) que lanzó la Breast Cancer Action (Acción contra el Cáncer de Mama) en Estados Unidos para que nos hagamos algunas preguntas antes de comprar un producto con el lazo rosa y exijamos responsabilidad social», expone.

La campaña, que en redes se difunde bajo las cuentas @pechosfueramagazine y @schooloffeminism, también evidencia lo contraproducente que pueden ser ciertos mensajes que se dan sobre el cáncer: «Infantilizan a las pacientes, que están muy jodidas, y dulcifican una enfermedad que es muy cruel», denuncia Luján. Además, se invisibiliza a las mujeres que sufren un cáncer metastásico: «Dicen los datos que el 80% de las mujeres en España se curan pero, ¿qué pasa con el otro 20%? Es un tabú del que nadie quiere hablar», afirma. 

En las diferentes imágenes también se habla de otras problemáticas como los gastos que las pacientes tienen: «Las mujeres afectadas tienen que asumir un mínimo estimado de 150 euros al mes de gastos derivados de la enfermedad», apunta.

Por todo esto Luján insiste en que es muy importante poner el foco en las pacientes, empatizar con ellas y escucharlas, además de concentrar los esfuerzos en la investigación. «Con la pandemia del coronavirus hemos conseguido una vacuna en un tiempo récord, ¿por qué no podríamos creer que se puede hacer algo que cure definitivamente el cáncer?», sentencia.