«Los pasos que demos hoy serán las huellas del mañana». Es el lema de la asociación Creando Huellas, un colectivo madrileño sin ánimo de lucro que acaba de aterrizar en Extremadura para combatir los delitos de odio y promover las denuncias, que en la región apenas llegan al 25% de los casos reales.

El colectivo ha abierto una oficina de atención a las víctimas junto al Templo de Diana de Mérida, donde esperan llegar a una media de 75 personas al año. En 2020, último con estadísticas oficiales disponibles, apenas se formalizaron en Extremadura 22 denuncias por delitos de odio. 

«Además de la denuncia, también ofrecemos cobertura social, pues en muchas ocasiones las víctimas son personas migrantes que no tienen documentación legal o que están en riesgo de exclusión», explica el director de Creando Huellas, Nacho Calvo. El proyecto que van a desarrollar en Extremadura se llama Integradhoc y está financiado con 146.000 euros que aporta el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Ya les han derivado los dos primeros casos desde Cáceres. 

Los delitos de odio, explica Calvo, se cometen con el agravante de que se ejecutan porque la víctima tiene unas características concretas. Hay mucha tipificación, pero puede ser por enfermedad, discapacidad, vivir en la calle, raza, religión, orientación sexual... En la información que recogen el Ministerio del Interior, la Policía Nacional y la Guardia Civil, se estima que actualmente solo se están denunciando el 25% de los casos reales.

La gran mayoría de los de delitos de odio en Extremadura son contra el colectivo LGTBi e inmigrantes

El último Informe sobre la Evolución de Delitos de Odio en España que elabora el Ministerio del Interior, del año 2020, arroja una tasa de 2,2 delitos de odio por cada cien mil habitantes en Extremadura. Ese año se registraron 23 denuncias con 28 personas afectadas, un dato que Creando Huellas considera bajo, entre otras causas por la falta de recursos que hay actualmente a disposición de la población para que pueda denunciar. En concreto, se produjeron 15 agresiones en la provincia de Badajoz y ocho en la de Cáceres. 

La mayor parte, un total 10, estuvieron motivadas por la orientación sexual o de género de la víctima; hubo tres ataques xenófobos, otros tres por razón de género, dos por la condición religiosa del agredido y otro por discapacidad. En la región se registraron además sendas agresiones por ideología, edad y antigitanismo.

22 detenidos en el año 2020

Estos ataques se saldaron con 22 personas detenidas o investigadas, de ellas 20 por haber cometido delitos de odio por orientación sexual, uno por creencias religiosas y otro por ideología. De las 23 agresiones conocidas, se lograron esclarecer 16. 

Ahora el objetivo de Creando Huellas será mejorar estas cifras, y para ello cuentan con un programa de acompañamiento social que además de asesorar jurídicamente a la persona, ofrece ayuda psicológico y social para superar posibles traumas. «Hay gente que tras ser víctima de un delito de odio deja de salir; algunos tienen miedo de que la agresión se vuelva a repetir o les peguen por la calle, otros asumen que lo que les pasa es algo normal», explica Calvo. 

La idea es que la víctima acuda a esta oficina antes que a la propia policía. El abogado de Creando Huellas le dará asesoramiento acerca de las opciones que tiene si denuncia o no, o la posibilidad de recabar pruebas. Después recibirá acompañamiento psicológico y social.

En el primer caso, los profesionales le ayudarán a recobrarse del daño moral sufrido y en el segundo, se facilitará al acceso a los programas públicos de protección social en caso de ser necesario: ayudas a la vivienda, derivación a servicios sociales, acompañamiento a personas que se encuentren en proceso de regularización, etc. 

En el caso de que finalmente la víctima se decida a interponer una denuncia, la asociación Creando Huellas ofrece representación jurídica y acompañamiento si se celebra juicio.