El Periódico Extremadura

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EL SECTOR DEl JUEGO EN LA COMUNIDAD AUTÓNOMA

El parque de máquinas tragaperras se reduce casi un 10% en Extremadura en tres años

Desde finales de 2019 se ha pasado de superar los 5.200 dispositivos a moverse en torno a los 4.700. La pandemia, el juego ‘on line’ y los salones de apuestas han influido en esta tendencia a la baja

El parque de máquinas tragaperras se reduce en la región casi un 10% en tres años IÑAKI ABELLA

Una de cada diez máquinas tipo B que estaban operativas en Extremadura a finales de 2019 han dejado de estar activas. Estas terminales, más conocidas como tragaperras, están instaladas fundamentalmente en establecimientos hosteleros como bares, restaurantes y cafeterías y, en menor número, en salones recreativos y bingos. En los últimos tres años han pasado de superar las 5.200 a moverse en torno a las 4.700, de acuerdo a las cifras facilitadas por la Consejería de Hacienda y Administración Pública extremeña.

Son varias las causas que están detrás de este retroceso. Una de ellas es la pandemia y el efecto que tuvo en el sector del juego. Es entre últimos de 2019 y los del 2020 cuando se aprecia la mayor caída en el parque extremeño. «La covid-19 y las consiguientes restricciones de horarios, acceso a los locales, aforos, distancias entre personas y prioridad a las terrazas» alteraron «los sectores del juego vinculados a las máquinas B», de forma que buena parte del consumo en hostelería se desplazó a las terrazas «alejando a los clientes» de estas máquinas, se recoge en el ‘Anuario del juego 2020’, elaborado por la patronal del sector Cejuego. En este primer año de coronavirus, la cifra de máquinas tipo B bajó en la comunidad autónoma de 5.209 a 4.871, una tendencia que se prolongó en 2021, ejercicio que acabó con 4.712 registradas, y solo en 2022, ya con la actividad hostelera en condiciones muy cercanas a la normalidad, ha habido un ligero repunte.

Esta no es en cualquier caso la única razón que explica esta evolución a la baja. La aparición del juego ‘on line’ y la proliferación de los salones y casas de apuestas han supuesto una auténtica reconversión del sector del juego que ha tenido un claro impacto en las máquinas recreativas. En especial en aquellas situadas en los locales hosteleros, que albergan un 85% de las terminales tipo B, según los datos de Cejuego.  

«La gente que juega ha dejado de hacerlo en los bares, sobre todo los jóvenes, que se están yendo a las apuestas deportivas», esgrime Antonio Martínez, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Extremadura. «La mayoría» de nuevos establecimientos que abren sus puertas lo hacen ya sin incorporar estas máquinas, que sobreviven fundamentalmente en «bares de barrio o de pueblo». Además, remacha Martínez, entre el menor volumen de negocio y los impuestos, «que han ido subiendo una barbaridad», «no salen los números, el margen es mínimo».

En los últimos cuatro años, estas máquinas (junto a las de tipo C, que no llegan a cuarenta en la región) han supuesto una recaudación de más de 70 millones de euros para las arcas públicas extremeñas.

En la comunidad autónoma el porcentaje de devolución de premios que ha de programarse para los dispositivos tipo B no puede ser inferior al 70% del valor de las apuestas realizadas (al 80% en el caso de las B2, basadas en el juego del bingo). El importe restante es lo que se denomina GGR, que en Extremadura fue el año pasado de 60,77 millones de euros (teniendo en cuenta solo hostelería), un 27,4% menos que los 83,72 millones de 2017. En 2020, cuando el covid obligó a más restricciones, el GGR cayó hasta 37,56 millones. 

«La gente que juega ha dejado de hacerlo en los bares, sobre todo los jóvenes, que se están yendo a las apuestas deportivas»

Antonio Martínez - Presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Extremadura

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«El juego se ha desplazado a los salones y a las casas de apuestas. Solo hay que darse una vuelta por Mérida», señala en esta misma línea Paulino Álvarez, presidente de la Asociación de Bares, Cafeterías y Restaurantes de Mérida (Abacare). Lejos quedan ya los tiempos, añade, en los que entre la tragaperras y la máquina del tabaco «prácticamente te pagaban el alquiler». «En mi caso particular hace unos años tenía tres y ya no tengo ninguna», apostilla.

Por un lado, puntualiza, el movimiento de estas máquinas ha dejado de ser el continuo que había antes de quien «llegaba, se tomaba el café, echaba unas monedas y se marchaba». «Ahora el juego está peor visto», razona, lo que hace que incluso a menudo las terminales se hayan ido «’escondiendo’ más» en los locales. Luego, agrega, «los impuestos hay que pagarlos sí o sí, facture o no facture la máquina». Así que al final pierden casi toda «la rentabilidad» que podían darle antes al hostelero pero que a cambio sigue estando expuesto a un «riesgo ante posibles robos».

También cambio en las adicciones

También en las asociaciones que atienden a las personas que han desarrollado adicciones al juego han notado este cambio de tendencia. Antonio Regalado, presidente de la Asociación Extremeña de Jugadores de Azar en Rehabilitación (Aexjer), apunta que si hace una década casi la totalidad de quienes atendían con este tipo de conductas patológicas eran adictos a las tragaperras, ahora estos se mueven «en torno a un tercio». Son sobre todo «gente mayor», aunque «de vez en cuanto» aún continúa llegando «alguno de veintitantos». «Las casas de apuestas sobre todo y el juego ‘on line’ están desplazando a los jugadores de máquinas», detalla. Eso sí, aunque «queda alguno que echa la típica moneda que le sobra, ahora el jugador que ves en una máquina tragaperras es porque juega ‘de verdad’», concluye. 

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