«Un torero sin concepto lo pierde todo»

Alejandro Talavante.

Alejandro Talavante. / L-EMV

Jaime Roch

Alejandro Talavante vive un final de temporada de infarto: hoy hará su tercer paseíllo en la plaza de toros de Valencia para lidiar cuatro toros de Domingo Hernández ante la baja de Morante por lesión: «Había que asumir la responsabilidad, lo sentía. Sobre todo, porque Morante es un torero insustituible», señala desde su casa de Olivenza, donde vive con su familia. A unos 20 minutos en coche, en la comarca de los Llanos de Olivenza, se encuentra su finca Los Arrifes de Arriba, en la que conserva su ganadería hecha con la base de Núñez del Cuvillo y Garcigrande y entrena diariamente cuando no tiene que torear:» «Tan metido en ritmo de temporada, generalmente, suelo tentar menos porque estoy hecho a las corridas de toros y al volumen del toro, pero siempre hay una becerra especial a lo largo de las temporadas que te hace sentir muy bien y te sitúa en un estado de ánimo muy bueno para afrontar las ferias». 

En su finca también ensancha su forma de torear, escudriña la evolución de su concepto del toreo: «Un torero sin concepto no es nada, lo pierde todo porque el público no se identifica con nada de él», adelanta. Su tauromaquia se ha ido nutriendo con los años, adivinada como en un pálpito misterioso y poético que refleja el velado espejo de su sentimiento. Y acompañada de las fuentes que él siempre admiró: Rafael de Paula, Paco Camino, José Tomás o Manolete. «Me veo el vídeo de aquella novillada de El Ventorrillo en Madrid y creo que sigo siendo el mismo». Se refiere al 2006, cuando su concepto impactó como un aguardiente en pleno San Isidro gracias a su temple y su quietud, bajo la fugitiva silueta del propio José Tomás. «Talavante resucita a José Tomás», titulaban las crónicas de entonces. 

Ahora, en el horizonte también tiene clavada la tarde del 12 de octubre en Las Ventas y los días siguientes en Zaragoza, donde hará el paseíllo el 13 y 14 sin solución de continuidad también para suplir al genio de la Puebla de Río: «Tenía claro que debía hacer el esfuerzo ante la lesión de Morante».

Talavante ya no es aquel muchacho raro que irrumpió en el toreo de la mano de Antonio Corbacho. El maestro, con los años, también ha adquirido un gran parecido físico a su admirado Juan Belmonte: el rostro cetrino, la pragmática mandíbula y sus pasos cortos y airados como si desprendiese una displicencia castiza.

Pregunta: Vuelve a Valencia y con cuatro toros.

Respuesta: Más que una apuesta, es una responsabilidad. Porque he sentido que era lo más oportuno en un momento en el que el toreo necesita que se dé ese paso adelante.

P: ¿En qué sentido?

R: De entrada, Morante es un torero insustituible. Así que asumí el peso del cartel porque la empresa necesitaba un torero que pudiese sostener la feria. Nunca me he anunciado en Valencia en esta fecha y me hace mucha ilusión. Me he visto en la misma situación que cuando tuve que lidiar seis toros en Mérida una vez que tenía un mano a mano con Morante y no pudo asistir por una cogida. Tal y como me he sentido en la plaza de Valencia este año, tenía sentido poder hacerlo.

P: Sobre todo, por su faena en la Feria de Fallas.

R: Sí, ha sido una de las faenas de la temporada y creo que, por la intensidad que sentí, es mi mejor faena en Valencia.

P: ¿Qué sintió?

R: Que pude torear al ralentí y proyectar una naturalidad que, con la fuerza y el celo que transmitía el toro, impactó muchísimo en el tendido. 

P: ¿En qué momento se encuentra de su carrera?

R: Creo que de lucha interior y exterior porque un torero debe de estar evolucionando constantemente para que la gente no se canse de tu concepto. 

P: ¿Cuál es su evolución?

Eso es muy difícil de explicar, creo que es más fácil apreciarlo en vídeo. Así que me veo el vídeo de aquella novillada de El Ventorrillo en Madrid y pienso que sigo siendo el mismo torero.

P: ¿Por qué?

R: Sobre todo, por mi concepto. Un torero sin concepto no es nada, lo pierde todo porque el público no se identifica con nada de él.

P: ¿Cuál es su concepto?

R: El de un torero de clase, aunque es difícil clasificarme a veces porque soy muy clásico y también me gusta improvisar. Lo que sí trato es de ponerle la misma pasión que los toreros que siempre he admirado.

P: ¿Cuáles son?

R: Los pasajes del toreo son tan ricos en historia que hay muchos, pero siempre he visto a Rafael de Paula, Paco Camino, José Tomás o Manolete, entre muchos más.

P: Hábleme de ellos.

R: A Camino le veo soluciones para cualquier toro, infinitos recursos; a José Tomás, una personalidad arrolladora; y Paula tiene ese toreo no pensado y me parece muy salvaje, como muy de fragua y muy puro. Aunque con el que más me he fijado para torear con la mano izquierda es con Manuel Benítez, El Cordobés. 

P: ¿Y Manolete?

R: Tiene un poco de todos los toreros de la historia del toreo y, por eso, creo que es uno de los más completos de la historia.

P: ¿Cómo ha digerido la retirada de El Juli?

Ha sido un rival durísimo para mí, pero ha sido una rivalidad sana porque me motivaba y me hacía evolucionar como torero. Me da pena su marcha no solo porque haya marcado una época, sino porque da la sensación de que es un torero inagotable y que todavía tiene mucho que decir.

P: ¿Su rivalidad con Roca Rey es sana?

R: Sí, como la que existe con todos los demás compañeros. Compartir cualquier cartel con él es un lujo porque siempre levanta una gran expectación.

P: ¿Qué la ha enseñado el toreo?

R: El toreo me ha hecho persona porque creo que es una escuela de vida. También me ha enseñado a disfrutar de la vida con intensidad porque un torero vive emociones muy fuertes por las veces que se enfrenta a su destino.