El alza en la utilización de estos potentes analgésicos

Extremadura supera el millón de recetas de fármacos opioides al año

Desde 2012 la prescripción de opiáceos ha aumentado un 64% en la comunidad autónoma

El tramadol, ya sea de forma aislada o conjunta con paracetamol o dexketoprofeno, supone un 60% 

Extremadura supera el millón de recetas de fármacos opioides al año

Extremadura supera el millón de recetas de fármacos opioides al año / FERRAN SENDRA

La prescripción de medicamentos opioides en Extremadura pasó por vez primera del millón de recetas en 2022. De media, casi una por extremeño, de acuerdo a la información facilitada por la Consejería de Salud y Servicios Sociales. Las recetas de analgésicos como el tramadol, el fentanilo o la codeína, entre otros, han aumentado un 64% en la última década, desde 2012, cuando su número quedó algo por encima de las seiscientas mil. En comparación a 2021, el alza fue de más del 8%.

Este grupo de fármacos incluye tanto sustancias que se extraen de la adormidera como moléculas sintéticas y semisintéticas que presentan unas propiedades análogas a aquellas. Su uso está consolidado para el tratamiento del dolor intenso en pacientes oncológicos y en cuidados paliativos o terminales. Es su utilización en el alivio del dolor crónico no oncológico la que resulta más controvertida dado que «la expectativa de eliminación total del dolor por parte de pacientes y profesionales propicia una escalada de uso de diferentes medicamentos a dosis cada vez más altas que pueden desembocar en daños para el paciente y riesgo de adicción sin conseguir el objetivo terapéutico deseado», se recoge en el plan que para la optimización de su uso presentó el Ministerio de Sanidad en 2021.

Para Alicia Alonso Cardaño, coordinadora del grupo de trabajo de manejo de opioides de la Sociedad Española del Dolor, el progresivo avance en el consumo de estos fármacos obedece fundamentalmente a que «cada vez llegan a nuestras consultas más pacientes con dolor» y que este se atiende más y mejor «que hace años». No considera, por tanto, que se está produciendo ni sobreprescripción ni un abuso generalizado de estos analgésicos. Cuando el médico los receta, esgrime, es porque «se ha llegado a un punto en el que no hay otras alternativas». Pacientes que, en muchos casos, sufren «dolores severos», motivados por «cirugías de espalda fallidas», osteoartritis, o traumatismos, por ejemplo, y «que no han respondido a otros tratamientos». Y en otros, aclara, que no pueden recurrir a fármacos distintos por las «alergias o riesgos de sangrado», que tienen para ellos.

«Son fármacos buenos si están bien utilizados, herramientas muy útiles para tratar el dolor de nuestros pacientes y mejorar su calidad de vida»

Alicia Alonso Cardaño

— Coordinadora del grupo de trabajo de manejo de opioides de la Sociedad Española del Dolor

A juicio de esta experta, que desarrolla su actividad en la Unidad de Dolor Crónico y en el Servicio de Anestesia del Complejo Asistencial Universitario de León, se está creando un cierto «alarmismo» en torno al uso terapéutico de los opioides que comienza a «preocupar» a la «comunidad médica». «Aquí no hay datos que avalen que tengamos un problema como el de EEUU», sostiene, donde su abuso se ha llegado a calificar como emergencia nacional de salud pública. En España los episodios de adicción son «anecdóticos» y «nada tiene que ver nuestra situación» con la suya, asevera. «Es cierto que hay que tener un control sobre estos medicamentos porque pueden tener un riesgo si se hace un mal uso de ellos», pero son fármacos que, «si están bien empleados, constituyen «herramientas muy útiles para tratar el dolor de nuestros pacientes y mejorar su calidad de vida», defiende. 

Juan Gérvas, médico rural jubilado y exprofesor de salud pública en la Universidad Johns Hopkins (EEUU), efectúa un análisis muy diferente de estos datos. Coincide en que «hasta hace pocos años» se producían «barbaridades como que la gente moría con dolores incontrolables por cáncer» pero, a su juicio, se ha producido una «sobrerreacción» que ha llevado a que se produzca un rechazo e «intolerancia» cada vez mayor hacia cualquier clase de dolor, que se presenta «como algo que hay que eliminar por completo», a pesar de tener a menudo «una función necesaria». Rechazo no solo respecto al dolor fisiológico que, recuerda, es «imprescindible» para la vida, también ante los de carácter psíquico o social.

«Si el incremento prosigue, lo esperable es que tengamos un problema de salud pública en el que el exceso de uso termine provocando mortalidad ‘per se’»

Juan Gérvas

— Médico rural jubilado y exprofesor de salud pública en la Universidad Johns Hopkins (EEUU)

Sin dejar de lado «la responsabilidad» que la industria farmacéutica ha tenido, en especial en la «génesis» de esta escalada, cree que este cambio de actitud social ha propiciado que estos analgésicos se estén recetando «demasiado», y además, «inapropiadamente». Ve un «despropósito», entre otros, paliar el dolor de una artrosis con ellos. «Lo que debería utilizarse en esos dolores crónicos es el ejercicio físico, que a largo plazo produce muchísimos mejores efectos», esgrime.

En esta misma línea, menciona un estudio publicado a inicios del año pasado que abordó la indicación de opioides potentes para el dolor crónico no oncológico en atención primaria en Cataluña que concluía que se había producido un aumento sostenido en su prescripción, en dosis altas, y en pacientes principalmente de edad avanzada, predominantemente mujeres de bajos ingresos. Algo que apunta a que «estamos empleando un medicamento para tratar problemas sociales, lo cual resulta absurdo. La soledad, el abandono o la pobreza no pueden resolverse con medicación». Por contra, apostilla, «los opiáceos tienen una eficacia probada en los dolores agudos», pero es en ellos en los que «hay un infrauso». «Ahí es donde podrían tener un sentido como, por supuesto, en los oncológicos, no ya solo terminales, sino los de difícil control», zanja. 

«Actualmente la situación de España no es tan grave como la de Estados Unidos o Canadá. No obstante, es preocupante y se están tomando medidas»

Mara Sempere

— Coordinadora del grupo de utilización de fármacos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc)

Los últimos datos disponibles a nivel nacional, los de 2021, revelan como la DHD (dosis por mil habitantes y día) de estos principios activos se sitúa en 21.01. En 2010 era de 9.90. Un crecimiento que ha venido de la mano «sobre todo» de su uso en tratamientos «del dolor crónico no oncológico», puntualiza Mara Sempere, coordinadora del grupo de utilización de fármacos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc). Y es precisamente en esta clase de tratamientos donde estos analgésicos «no han demostrado un perfil beneficio-riesgo favorable a largo plazo», aclara. Por este motivo, «las guías actuales» aconsejan no recurrir a ellos en estas circunstancias «salvo en casos muy seleccionados». 

Sempere reconoce que si bien actualmente la situación española «no es tan grave» como la que se vive en Estados Unidos o Canadá, sí que es «preocupante». Algo que está llevando a tomar medidas tanto por parte del ministerio como de la Agencia Española del Medicamento y de las distintas consejerías de sanidad «para mejorar la prescripción de estos fármacos». También con vistas al «abordaje del dolor crónico no oncológico, que constituye por sí mismo un grave problema de salud pública», ya que afecta «a uno de cada seis españoles», remacha.

Las estadísticas de la Agencia Española del Medicamento revelan que alrededor de dos tercios de las DHD de opioides a nivel nacional corresponden a consumo de tramadol, ya sea de forma aislada o conjunta con otros principios activos. En Extremadura la proporción es muy similar. Cerca de 610.000 recetas en 2022 eran de este tipo. Fundamentalmente de tramadol con paracetamol (466.870). Se trata de un analgésico menos potente y con un riesgo de adicciones más reducido que otros. Aun así, Juan Gérvas incide en que este fármaco constituye «un problema en España desde hace muchos años, se emplea demasiado alegremente». A mediados de este año, la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD) tildaba de «epidemia» el consumo no médico de tramadol en el norte de África, África Occidental, Oriente Próximo y Oriente Medio y el suroeste asiático, países donde con frecuencia se utiliza como un estimulante para combatir el cansancio.

El 64% de los pacientes extremeños en tratamiento con fentanilo de liberación inmediata en 2020 no cumplían «la indicación autorizada»

En el mencionado informe, la otra «amenaza» que se citaba en relación con los opiáceos era la crisis del fentanilo en Norteamérica, un opioide que «es hasta 100 veces más potente que la morfina, y hasta 50 veces más que la heroína», recalca. De él se contabilizaron cerca de cien mil recetas el año pasado en Extremadura (un 60% más que en 2012), un número muy parecido al de 2020. Según el plan de optimización del ministerio, ese año el 64% de los pacientes extremeños en tratamiento con fentanilo de liberación inmediata no cumplían «la indicación autorizada». «Se está empleando ‘de facto’ irresponsablemente, por decirlo de forma suave, fuera de las indicaciones autorizadas», como pueden ser los dolores oncológicos, sostiene este facultativo.