A casi una semana de un retorno que imaginó triunfal, el expresidente JJair Bolsonaro se tuvo que presentar en una unidad policial de Brasilia. No fue allí objeto de las aclamaciones que solía escuchar en las puertas de algunas comisarías. El excapitán del Ejército fue interrogado en el marco de una investigación de carácter escandaloso y que se relaciona con las joyas que había recibido de la familia real saudí en calidad de jefe de Estado y que trató de convertirlas en patrimonio personal. e intentó quedarse y por otros obsequios recibidos mientras fue presidente de Brasil (2019-2022).

Desde su asunción, el 1 día de 2019, Bolsonaro intentó mirarse en el espejo de Donald Trump. El juego de las simetrías lo ha llevado involuntariamente a declarar ante la policía pocas horas después de que lo hiciera el expresidente norteamericano ante un tribunal en Nueva York. El excapitán, desprovisto por primera vez en los últimos 33 años de inmunidad judicial, no esperaba quedar envuelto en una trama que también salpica a estrechos colaboradores. El interrogatorio duró tres horas, según informaron medios de prensa.

La historia de las joyas saudíes, regaladas entre 2019, y 2021 parece inspirarse en una mala comedia de enredos. El diario paulista 'Estado' le dio conocimiento público y desde entonces el escándalo no hizo más que crecer como espuma. Dos de las cajas fueron decomisadas por la Aduana cuando intentaron ser introducidas en Brasil por un hombre de confianza del mandatario. En principio, Bolsonaro negó toda implicación y dijo que era difamado. Después, reconoció lo que ya era evidente para las autoridades estatales que habían tomado cartas en el asunto.

 Las joyas restantes, entre ellas un reloj Rolex de oro blanco y diamantes, están valuadas en más de 100.000 euros y permanecieron en manos de Bolsonaro hasta el pasado martes. "La entrega reitera el compromiso de la defensa del presidente Bolsonaro de devolver todos los obsequios que solicita el Tribunal de Cuentas de la Unión, cumpliendo con la orientación del expresidente del país, quien siempre respetó la legislación vigente en la materia", dijo su exasesor Fabio Wajngarten.

Situación complicada

"Los hechos están en contra de Bolsonaro en esta historia. En el testimonio a la PF, no había más remedio que confirmarlos, bajo una apariencia favorable. El expresidente dijo que las joyas estaban registradas de forma regular en su colección y, en una excusa poco convincente, dijo que el gobierno sólo trató de recuperar las joyas incautadas para evitar un desaire diplomático con Arabia Saudita", señaló Bruno Boghossian, columnista del diario 'Folha'. "Sin forma de negar el intento de quedarse con los diamantes, Bolsonaro apuesta por un curioso camino: admitir todo, pero afirmar que no hubo delito. La idea es utilizar vacíos legales para decir que no pasa nada por llevarse a casa un regalo millonario. La maniobra no debería prosperar. El delito de malversación se aplica a un funcionario público que se apropia de cualquier bien".

En rigor, el caso de las joyas es apenas la punta del iceberg judicial que podría esperarle a Bolsonaro. Además de los ataques que realizó contra el sistema electoral, la justicia debe determinar cuál ha sido su papel en el intento de golpe de Estado del pasado 8 de enero. También ha sido involucrado en el caso de la masiva muerte de niños yanomami por desnutrición durante el Gobierno de ultraderecha.

Pocas horas antes de traspasar formalmente el poder a Lula, Bolsonaro tomó una decisión tan inédita como desconcertante: abandonó el país y se instaló en Orlando, Florida, para beneplácito de los conservadores brasileños que han convertido a esa ciudad en su propio paraíso. Desde allí, el excapitán hizo encendidas defensas de su gestión a través de las redes sociales. La compulsión a la escritura virtual se ha mantenido desde su aterrizaje. El intento de reorganizar detrás suyo a toda la ultraderecha no es por el momento tan rápido como habían imaginado algunos analistas.

Un país dividido

Bolsonaro sigue siendo objeto de una fuerte polarización en Brasil. De acuerdo con una reciente encuesta de la consultora Datafolha, un 51% de los habitantes de ese país quisiera que fuera condenado por su intento de desacreditar los comicios en los que se impuso Luiz Inacio Lula da Silva, y que sea inhabilitado por ocho años para ejercer cargos electivos. Otro 45% de los brasileños cree que debería ser absuelto por el TSE (Tribunal Superior Electoral).

El frente judicial demora uno de los grandes anhelos del bolsonarismo: la proyección internacional. De acuerdo con la revista 'Piaui', tanto el exmandatario como sus hijos están muy interesados en participar activamente junto con Vox y los portugueses de Chega de una "internacional de ultraderecha" que ejerza su influencia en América Latina