La banda británica Deep Purple, que este año cumple 55 primaveras, demostró anoche en Mérida que su sonido es historia en el mundo de la música al desplegar con una energía difícil de entender su particular "sanctasanctórum" del hard rock. Quienes pensaban -como algunos asistentes apuntaban antes de entrar al concierto- que la amplia edad de sus integrantes, a excepción del recién llegado el guitarrista Simon McBride (43 años), hacía juego con el escenario del teatro romano de Mérida se llevaron un chasco agradable, muy agradable.

Ante cerca de 3.000 personas y en un entorno histórico, Deep Purple ofreció un concierto, en el marco del Stone&Music Festival, cargado de energía instrumental, en el que el zurdo Ian Paice (74 años), al frente de la batería desde que se formó la banda en 1968, ofreció un "máster". No fue el único, ni mucho menos. El cantante Ian Gillan (77 años) sigue elevando al cielo su inconfundible y eterna voz, aunque con cicatrices; al bajista Roger Glover se le queda pequeño el mástil de su bajo; Don Airey (74 años) mantiene el icónico romance con los teclados y la incorporación del guitarrista Simon McBride -Steve Morse dejó el grupo hace escasas semanas por cuestiones familiares- fue todo un acierto.

Ian Gillan ya lo había aseverado esta semana en una entrevista a Efe. "Deep Purple sigue siendo Deep Purple" por mucho que pasen los años, 55 desde su inicio, y haya cambios entre sus filas, y así lo demostraron en este concierto. Con "Highway Star", canción incluida en su disco "Machine Head" (1972) y una de las más conocidas por incluir solos de guitarra y teclado, el grupo desplegada su sonido más clásico.

Sin salir de este disco, la banda interpretó "Pictures of Home", un tema muy elegido por el grupo para el lucimiento de Paice y Glover. Sin gritar, como recoge la canción "No Need to Shout", de su penúltimo trabajo "Whoosh!", Gillan interpretó este tema con una sensibilidad innata. En este sendero musical, la banda se detuvo en este disco (2020) al interpretar "Nothing at All", ha viajado a 2017 con "Uncommon Man", incluido en "Infinite", y regaló al público "Lazy", una larga conversación de teclado y guitarra que tiene sus orígenes en 1972 y que uno desea que no termine nunca.

"When a Blind Man Cries", todo una delicia; "Anya" y un solo de teclado con aires flamencos -benditas las manos de Donald Airey- dieron paso a otro de los temas que marcaron los años intermedios del grupo, "Perfect Strangers". Con un público entregado, que prefiere una cuarta pubertad a la tercera edad, llegó el turno de "Smoke on the Water", una canción que cumple medio siglo de vida y que, curiosamente, estuvo a punto de no ser incluida en el álbum "Machine Head".

"El éxito de la canción no lo esperaba. Fue una añadido -al disco- no contemplado", afirmaba su cantante hace unos días. Escucharla en directo, ver al público moviendo la cabeza a la vez que tararea al unísono su introducción es una experiencia única, un viaje por la historia de la música a través de un tema sagrado. Con "Hush", un tema de su primer disco en estudio, y "Black Night", del mítico trabajo "Deep Purple in Rock", dos canciones que caminan entre la psicodelia y el rock progresivo, el grupo cerró el concierto. "¿De dónde sacan la energía estos señores?", se preguntaba uno de los asistente cuando encaraba la puerta de salida. La repuesta, a lo mejor, está en el propio rock.