Julia Rípodas (Murcia, 1973) es profesora de filosofía en el IES Castelar, Badajoz. Explica la importancia de que se considere «la coeducación como la columna vertebral, apostando por que todo el profesorado se forme de verdad y adquiera conciencia» para poder erradicar la violencia machista. 

¿A qué se puede deber el aumento de la violencia machista en adolescentes?

Lo primero es que vivimos en una sociedad que es machista y eso los adolescentes lo proyectan y amplifican. Luego está la influencia de los productos culturales que todos consumimos: películas, series, videojuegos, pornografía… Hay estudios que constatan un mayor acceso a la pornografía en edades más tempranas. Esto tiene un efecto en cómo un adolescente construye su propia percepción de la sexualidad y su relación con los demás. Reciben mensajes contradictorios, por un lado, el de que todos somo iguales y por otro ese bombardeo de imaginarios en los que las mujeres son inferiores, objeto de deseo… Hay una ‘doble-verdad’, como lo describe la filósofa Ana de Miguel, que produce todo esto. Otro factor importante, es la difusión de discursos de odio que reproducen las redes sociales y que se ha normalizado.

En las aulas actuales, ¿hay más conciencia de género?

Hay más conciencia de género, pero también confusión e incluso un poco de rechazo a un discurso más igualitario. El discurso está más visible y se le ha dado importancia y difundido por diferentes medios, por lo que un poco sí ha cambiado. Las leyes educativas legalmente instan a promoverlo. Otra cosa es que se den los recursos para hacerlo y la formación al profesorado. En la gente joven veo que sí tiene más conocimientos de ese tipo, pero también más confusión por mensajes contradictorios de un sitio y otro. Información hay, la cosa es cómo te aseguras de que la incorporen en su vida real. 

¿Está el profesorado más concienciado?

Hay muchos que sí, pero otros que no. También hay resistencia. El profesorado es un reflejo de la sociedad y no todo el mundo va a una. El Plan de Igualdad en teoría afecta a todo el profesorado, pero depende de la voluntad individual. Si alguien se resiste, no lo puede transmitir al alumnado.

¿De qué forma trabaja el profesorado que sí tiene esa conciencia?

Incluyendo el legado de las mujeres en los currículos de las materias. No es necesario que sean grandes mujeres. Por ejemplo, en historia se puede tener en cuenta cómo vivían en cada época, algo que se suele ignorar. El trato al alumnado o el lenguaje que utilizas en tu comunicación, buscar lecturas escritas por autoras y no solo por hombres… Hay que estar alerta siempre y no solo las actividades que se hace en días concretos. La educación afectivo-sexual bien planteada es importante, y que no quede solo en una charla porque solo con informar no basta.

¿Recuerda algún momento especialmente complicado?

He vivido casos extremos de alumnas en situación de violencia machista con sus novios. Como tutora, intervine con las familias. En general, me sentí respaldada o bien por la Oficina de Igualdad del correspondiente centro o por el departamento de orientación del centro.