+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Extremadura:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Una historia de lágrimas

Más de seis mil personas empujan al Cacereño en su duelo contra el Eibar recordando la entrada contra el Málaga, también en el torneo del ‘ko’. «Hay que quedarse con la ilusión que hemos levantando, hay que quedarse con el ambiente», dice Luis Puebla

 

Aficionados cruzan la pasarela entre el Príncipe Felipe y el polígono industrial Las Capellanías. - ANTONIO MARTÍN

Imagen de la tribuna del estadio, casi llena. - ANTONIO MARTÍN

«¡Qué mala suerte!». No había aficionado del Cacereño que no utilizara esta expresión mientras abandonaba el Príncipe Felipe. Más de seis mil espectadores, una entrada no vista desde hace más de siete años (contra el Málaga, también en Copa, como recordaba después Julio Cobos), empujaron desde la grada. El coliseo verde y sus aledaños fueron una riada de seguidores en los minutos previos al encuentro. No es la imagen habitual y de ahí quizás los lógicos fallos organizativos, ya que para acceder a la grada de tribuna había largísimas colas que los hinchas aguantaban con cierta dosis de enfado, pero con ganas de olvidarlo dentro con un gran espectáculo.

Pasión. Seguidores de la zona de preferencia.

A punto estuvieron de hacerlo. Sobre todo en el minuto 64 con el gol de Marcos Torres. Lo sucedido contra el Alcorcón sobreboló el Príncipe Felipe y la grada acabó de despertarse. Hasta entonces se había encendido a ráfagas, sobre todo con las explosivas internadas de Teto, que levantaba las manos y miraba a Preferencia pidiendo más, pero también con las faltas del rival y las decisiones del árbitro, bastante correcto y al que no se le puede reprochar nada.

Ilusión. Un niño se hace un selfie con Neto.

Con el tanto de Marcos Torres subieron los decibelios y las seis mil gargantas se metieron de lleno en el partido. Pero todo ese ruido se redujo a cero con el tanto de Pedro León, un golazo. Ya había sonado antes, pero desde ese momento ganó mayor protagonismo el «¡sí se puede!» que se canta cada vez que sobre el terreno de juego hay un David y un Goliat.

Y como al final casi se pudo, la gente reconoció el esfuerzo de los suyos. Los gritos de la gente se convirtieron en «¡Alberto Delgado, Alberto Delgado!» mientras el jugador abandona el terreno de juego cabizbajo, llorando. La gente le hizo volver al terreno de juego, también a todos sus compañeros mientras, a pie de campo, a Luis Puebla, director general del Cacereño, se le escapaba alguna lágrima. «Hay que quedarse con la ilusión que hemos levantando, hay que quedarse con el ambiente», decía al final el directivo señalando al río de aficionados que se disponía a volver a su casa.

El Cacereño ya piensa en la liga. El domingo recibe al Arroyo y, puede, que en la grada haya alguien nuevo que se ha enganchado al verde gracias a la Copa.

Jugadores y niños de la cantera del Cacereño.

El colegiado González González y sus asistentes.

Buscar tiempo en otra localidad