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TECNOLOGÍA

Hijos del coltán

 

María Olga Santisteban
14/08/2018

Desconocía yo hasta hace bien poco qué era eso del coltán y lo indispensable que es en la fabricación de los móviles smartphones. Este preciado mineral tiene la mayoría de sus reservas en un país azotado por las guerras y las miserias, la República Democrática del Congo. La guerra del coltán (1998-2003) costó más de cuatro millones de vidas y hubo trabajadores explotados en su mayoría en yacimientos ilegales. Los expoliaban mafias o pequeños ejércitos y, con suerte, algunos cobraban un euro por 14 horas o más por un trabajo esclavo y cruel.

Las grandes multinacionales, al servicio de no se sabe muy bien de qué oscuros intereses, son también las grandes culpables de la explotación criminal que ocurre en estos países. Con su manera de actuar provocan un auténtico exterminio y recuerdan viejas prácticas coloniales.

En estos días en los que tanto se habla de inmigración (con rescates de cientos de personas en el mar y de gente que huye del horror que viven en sus respectivos países), acordémonos de cómo se consigue el coltán cada vez que consultemos nuestros terminales smartphones y la historia que tienen detrás para que gobiernos e instituciones competentes (y algún que otro político sobresaliente) den una salida y solución más que digna a los hijos del coltán.

Carta a mi hermana

Te echo de menos

Irene Garrido

Tarragona

Hola. Sí, soy yo, esa que te ha visto nacer, crecer, llorar, caer, reír... La misma que comparte apellidos y sangre contigo. Soy esa persona por la que probablemente te suenen los oídos de las tantas veces que mis labios pronuncian tu nombre. Aunque como de costumbre el más lastimado es el corazón, ese órgano que bombea nuestra sangre y anhela escuchar de nuevo el bum bum de los latidos del tuyo.

Te echo de menos, ¿te lo he dicho hoy ya? Extraño tu peculiar forma de reírte. Sé que este momento es un periodo temporal, que las agujas del reloj volverán a encontrarse como lo haremos tú y yo, y que simplemente necesitas un tiempo para poder reparar ese clic en tu cabeza que un día por mi culpa, por no ser un buen ejemplo, tú encendiste y de verdad que lo siento. Siento no haber sido una buena hermana, siento no haber sido capaz de sujetarte la mano ante el abismo y siento continuar siendo una mala influencia para ti. Pero te quiero, te amo, eres mi persona favorita y solo deseo que salgas de esta, que te levantes y vuelvas a ser la misma de antes, y sonrías por haber luchado y haber vencido. Simplemente, te escribo para recordarte que te quiero y te echo de menos.

globalización

Volar a ras de suelo

Pedro Serrano

León

Los mercaderes de la globalización nunca se rinden. Su habilidad y astucia no tiene límites. Ellos saben de nuestras ilusiones, debilidades y deseos y en ello se basan para tentarnos y luego sacarnos los cuartos.

En sus manos, no hay sueño que no se pueda cumplir. No importa que usted sea mujer u hombre, pobre o rico, hipotecado o solvente, soltero o casado, parado o empleado, emancipado o tutelado. Ellos siempre acudirán raudos a satisfacer sus anhelos al contado, a plazos, préstamo o hipoteca.

De los precios no hay que preocuparse. Ellos son flexibles y disponen de billetes para volar alto o a ras de suelo. Eso sí, Ryanair, por ejemplo, vuela tan bajo en condiciones laborales, seguridad y calidad de servicio que esta a punto de estrellarnos y estrellarse.

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