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INFORME SOBRE exclusión y desarrollo social de cáritas

La vivienda desbanca al paro como principal factor de exclusión social

Cerca de la mitad de la población no pasa por dificultades para sobrevivir. Dos millones de españoles viven hoy con la inseguridad de perder su casa

 

Dos mujeres en riesgo de exclusión social en un piso de acogida. - CARLOS MONTAÑÉS

EFE
13/06/2019

La vivienda ha desbancado al desempleo como principal factor de exclusión social por primera vez en la última década, y ya son dos millones de ciudadanos, el 4% de la población, los que viven con la incertidumbre y el temor a quedarse sin casa. Es una de las conclusiones del octavo Informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social en España presentado ayer por esta fundación vinculada a Cáritas, según el cual 8,5 millones de personas, el 18,4% de la población, se encuentran en exclusión, lo que supone 1,2 millones más que en 2007. El 80% son españoles y el 20%, inmigrantes. Para 4,1 millones, esa exclusión es severa; dentro de ellos se encuentran los «expulsados» de la sociedad, que hoy son 1,8 millones de ciudadanos, el triple que los 600.000 que lo estaban antes de la crisis.

La vivienda ha vuelto a convertirse en el principal desencadenante; ya lo fue antes de la crisis, cuando el desempleo le arrebató el puesto, pero ahora ha regresado «con cifras mucho más altas». Así, el alquiler se ha encarecido un 30% en dos años, el 11% de la población se queda bajo el umbral de la pobreza una vez ha sufragado los gastos derivados de la casa y el 4%, dos millones de personas que viven en 800.000 hogares, lo hacen con la incertidumbre de quedarse sin un techo.

GASTOS DEL HOGAR / La causa es la concatenación de varias, desde los precios del alquiler a los elevados gastos de mantenimiento del hogar o el número de personas que lo habitan, argumentó el coordinador de la investigación, Guillermo Fernández. Y la consecuencia es que, al igual que el empleo es una «realidad sesgada» entre activos y parados, la vivienda polariza ahora a quienes tienen una en propiedad y los que viven de alquiler.

Respecto al empleo, éste ha pasado de ser un derecho a ser un privilegio, aunque no exime del riesgo de caer en la pobreza; así, el 14% de los trabajadores está en exclusión social. Y el 37% de los excluidos en el empleo, además, lo están también en la vivienda. Sin embargo, según explicó el secretario técnico de Foessa, Raúl Flores, la tasa de exclusión se sitúa ya muy cerca del 16%, que era la que había antes del estallido de la crisis -durante la cual se superó incluso el 25%-.

Pero ello no significa que «hayamos vuelto a la casilla de salida porque las condiciones de vida son peores» que hace 10 años. «Se han producido heridas que no se han curado», lamentó. «Es la sociedad estancada, para los que el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir ni siquiera a la primera planta», añadió Fernández.

Hay un dato positivo, y es que «la sociedad integrada» que representa a un colectivo que «no vive excesivos problemas» ni tiene dificultades para sobrevivir sí que se ha recuperado y supone el 48,4% de la población, 23 millones de personas. Aunque esta sociedad se divide en otras dos: la de las oportunidades, que engloba a dos tercios de los ciudadanos acomodados y que ya muestran «cierta fatiga de la solidaridad», y la insegura, formada por seis millones de españoles que «se mueven en el filo de la navaja» y que intuyen que «serán los primeros en caer» de desatarse otra crisis económica.

Las mujeres son las principales afectadas por la exclusión: necesitan trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que un hombre -dos si son inmigrantes- y se ven más obligadas a tener que reducir los gastos de suministro de la casa cuando son ellas las que sustentan el hogar. Son las familias con niños y los jóvenes los que están más expuestos a ella; de esta forma, el 33 % de las familias numerosas y el 28% de las monoparentales están en exclusión y uno de cada cinco hogares con niños también. Pese a todo, la sociedad española sigue apoyando el Estado de bienestar como mecanismo de protección social.