Magdalena no ha sabido nada de su hijo en meses, desde que se fue de su pueblo para cruzar la frontera de los Estados Unidos. Las autoridades quieren que firme su certificado de muerte, pero el encuentro con unos padres que perdieron a su hijo hace que se dé cuenta de que no puede seguir viviendo sin saber cuál ha sido su suerte. Comienza así su particular odisea a través de México, pasando por zonas repletas de violencia y desolación, persiguiendo cualquier mínima pista pese a haber sido advertida de no preguntar públicamente por estas cuestiones. Por el camino conoce a Miguel, un chico que ha sido deportado recientemente y que, a través de su viaje, asegura haber descubierto un país totalmente cambiado.