Opinión | textamentos

Terrores apocalípticos

La muerte, ese feo esqueleto con guadaña que no ve películas apocalípticas

La inteligencia artificial (IA) ha provocado cierto temor en algunas personas a quedarse sin trabajo. Los más catastrofistas, abonados al drama esperpéntico, ya andan componiendo imágenes distópicas sobre un futuro a medio plazo en el que las máquinas, tradicionalmente al servicio del hombre, se rebelan contra este y se apoderan del mundo. 

El miedo apocalíptico es inherente al ser humano: hemos crecido viendo películas de marcianos que atacan la Tierra, zombis imposibles de abatir, asteroides que nos llevan al exterminio odinosaurios que renacen de sus cenizas. 

Estos y muchos otros casos de ficción extrema tienen pocos visos de convertirse en realidad, pero los más apocalípticos siempre podrán defender sus temores recordando lo improbable que en un pasado cercano nos hubiera parecido el desplome de las Torres Gemelas de Nueva York debido a un atentado terrorista, o el confinamiento del planeta entero por culpa de un coronavirus.

En fin, las amenazas –reales o inventadas– que se ciernen sobre el hombre son numerosas, pero, como casi siempre, lo peor no son esas hipotéticas catástrofes que se van a cebar con nosotros, sino el daño que el miedo a ellas ya nos está provocando. Los psicólogos llevan tiempo analizando este problema psicológico, el de la ansiedad anticipatoria, un mecanismo nocivo que nos incita a sentir angustia por cosas que no han sucedido y que en la mayoría de los casos no sucederán. 

Además, ¿por qué menospreciar nuestra capacidad de respuesta ante las amenazas? Al fin y al cabo, si algo venimos demostrando desde los tiempos de las cavernas es nuestra capacidad de resistencia. 

Barrunto que no serán la Inteligencia Artificial, un asteroide o una nueva pandemia quienes acaben con nosotros, sino una insuficiencia renal, un infarto o un cáncer de pulmón. Así de prosaica es la muerte, ese feo esqueleto con guadaña que no ve películas apocalípticas.

*Escritor